El Ictus se Arriesga y sale bien Parado

Conocer la trastienda de la emblemática compañía Ictus a través de la obra “Esto (no) es un Testamento”, inscrita en el llamado biodrama o docu teatro, es un aporte a la memoria de los chilenos. Después de todo, en sus más de 60 años de funcionamiento, el Ictus le ha tomado el pulso a la sociedad de este país. La pieza es dirigida por Italo Gallardo y Pilar Ronderos, de la compañía La Laura Palmer, conocida por ser exponente de alto nivel del trabajo testimonial escénico, con obras como “Nosotros, Juan Cristóbal al llegar a Zapadores”, “Hija de Tigre” y, la entrañable, “Los que Vinieron Antes”.

En escena están María Elena Duvauchelle y José Secal, integrantes antiguos de Ictus, más Paula Sharim, quien se incorporó en los 90 y ahora es el motor en reemplazo de su padre, Nissim. Éste interviene cada vez que se le consulta algo, vía Skype y haciendo gala de su particular sentido del humor. Nicole Senerman, compañera de elenco de Gallardo en “El Año en que Nací”, de Lola Arias, maneja la cámara en mano y los artilugios escenográficos.
Con pericia estructural se mezcla la biografía de los actores con la historia de la compañía y la historia de Chile.  Y, aunque los recursos usados están bastante vistos en otras producciones del género (proyecciones de fotos, uso de cámara en mano) es inevitable cautivarse con las confidencias de Duvauchelle y Secall. Ella revela que fue reemplazada de “Tres Noches de un Sábado”, pese a mostrar una licencia por neumonía, luego de machistas comentarios de sus compañeros. También habla del exilio con su marido de entonces, Julio Jung, a Venezuela, donde su hermano Héctor fue asesinado.
Por su parte, Secall narra su partida a la Unión Soviética, su trabajo en radio Moscú y sus penas de amor en ese país. Hidalgamente reconoce haber estado internado en una institución psiquiátrica por depresión.
Aunque hay episodios importantes del devenir del Ictus en la obra, como la función en que Roberto Parada supo que su hijo José Manuel había sido degollado, se echa de menos más historia de la compañía. Saber alguna intimidad de la creación colectiva o del paso de Jorge Díaz, Jaime Celedón, Mónica Echeverría y Delfina Guzmán, entre otros. Pero la opción tomada apunta a profundizar ciertos aspectos en vez de enumerar sin adentrarse en ellos.
Considerando lo anterior, y de todas maneras, habría sido interesante que Paula Sharim mostrara qué ha significado hacerse cargo del Ictus hoy, que contara si ha debido renovar formas de hacer o pensar el teatro. ¿Dónde se ubica actualmente? ¿hacia dónde va?
Otro punto a tomar en cuenta es que al ser actores los que están arriba del escenario se debilita la magia del testimonio. No es lo mismo la confidencia entregada por una persona común y corriente, como sucede en “Los que Vinieron Antes” con los abuelos de Gallardo, que la performance testimonial de un profesional de la interpretación. Aunque los neófitos adquieran cierto manejo de recursos a lo largo de las funciones, nunca podrán compararse con actores profesionales.
Más allá de estas consideraciones, “Esto (no) es un Testamento”, se sigue con interés y es un aporte a la memoria colectiva. Además, no es menor que el Ictus se arriesgue al ponerse en manos de directores jóvenes como Gallado y Ronderos, y que sume otro desafío al salir de su sala de teatro. Muy bien por la longeva compañía y por los intérpretes de la obra, que dejaron su lugar de comodidad para instalarse en otro espacio.

 

 

Coordenadas
GAM
Hasta el 29 Jul 2017
Jueves a sábado 21 horas
$6.000 Gral, $3.000 Est. y 3ed.