Los Häpe, Teatro y Antropología

Una inusual experiencia teatral de corte antropológico acaba de ser estrenada en la Sala 2 del Teatro Sidarte, se trata de “Häpe, un Pueblo Perdido”, con dirección del también actor Max Pertier. La idea medular de este proyecto es que dos hombres y dos mujeres -de un claro aspecto entre amish, menonitas y cuáqueros- miembros de una supuesta etnia denominada Häpe, originaria del sur de Chile, con raíces en Europa, tenga por primera vez un encuentro con habitantes de Santiago.
Los häpe -que no hablan español- son depositarios de un estilo de vida rural, muy ingenuo, candoroso y puro, diametralmente opuesto

a la vida de los santiaguinos, hijos de una metrópolis violenta y veloz. En este “choque” de formas de vida, la contraparte es, obviamente, los espectadores, quienes asumen una participación co-protagónica tan relevante que hacen que esta experiencia resulte una original ceremonia étnica-teatral-, acá no existe argumento, crisis, desenlace ni nada semejante, todo aquello conocido como lo teatralmente formal. “Häpe, un Pueblo Perdido” es, entonces, una experiencia vivencial, teatralmente unívoca, donde todo gira en torno a un solo objetivo: conocer cómo son y vive esta extraña etnia. Por eso es que los cuatro häpe invitan al público a ser partícipe de ritos, juegos, danzas, cantos, y ceremonias como la preparación del pan, excepcional momento de la obra donde varios “chilenos” se convierten en ayudantes de la panadera häpe. 

Lo potente y único, como evento situado en un espacio teatral (no existe nada semejante hoy en nuestra nutrida cartelera), es que esta experiencia nos pone, de alguna manera, en contacto vivencial con nuestros antepasados. Nos muestran algunas de las raíces de nuestra composición como condición humana, al fin de cuentas, en alguna dimensión civilizatoria, nuestros antepasados han sido migrantes (recordemos que migrar es moverse, desplazarse, salir de un país y llegar a otro). 

Los actores-häpe expresan magistralmente en escena un sistema u orden de vida casi extinto, sin embargo, hondamente fecundo en su relación con la naturaleza, tal como éramos en alguna medida antes de ser la civilización tecnológica y globalizada que somos hoy. Lo interesante de esta experiencia teatral es que ocurre en momentos en que, no solo en Chile, sino en muchas partes del mundo, se vive una ola migratoria de grandes proporciones, quizás tanto o más grande que las de fines del siglo 19 o comienzos de 20. Se aprende más sobre la condición humana -parece ser el leit motiv de los Häpe Theatre- al integrar las costumbres de los que llegan con las nuestras (pensamiento muy útil hoy en Chile, que estamos recibiendo migrantes de varios colores, culturas y estilos de vida), ese encuentro étnico-cultural enriquece ya que abre las ventanas del entendimiento mutuo. Ejemplo de ello es que en el estreno un häpe quedó “prendado” de una espectadora, es decir, ahí hubo potencialmente ese sentido de integración que es la base de la composición étnica de muchas naciones de la región.
Los espectadores que crean que esta es una pieza ajustada a la norma, donde el espectador no tienen por qué subir a escena (a bailar, cantar, danzar y preparar pan), saldrán decepcionados. Ese es justamente el gran riesgo de esta experiencia, que procura o necesita un espectador ya no solo “observante”, sino partícipe activo en el juego de conocer la cosmovisión häpe. Se trata de vivir lúdica y tribalmente una experiencia honda y conmovedora (casi epifánica) al interior de esta pseudo cultura, sin duda inspirada en etnias que han poblado nuestro continente.
Debemos destacar el extraordinario trabajo actoral realizado por Peguisú Peguisú (Catalina Castellano), Nicolás del Río, Daniel Isler y Javiera Santander. Estos cuatro artistas no solo crearon personajes antropológicamente únicos, sino que inventaron un bagaje de gestos, miradas y guiños de una rica expresividad emocional, a eso se le suman conductas y actitudes cargadas de sorpresas y comicidad, buen ejemplo de ello es cuando una pareja häpe comienzan a balar, imitando corderos y becerros.
Toda esta rica dimensión caractereológica, que señala claramente la filosofía “häpe”, fue fruto de este equipo actoral que demostró no sólo un notable histrionismo, sino también gran capacidad de improvisación.
Un aspecto visual que da gran verosimilitud a esta experiencia es el vestuario, los instrumentos musicales y otros accesorios de gran valía étnica-teatral, diseñados por el mismo grupo.
Párrafo aparte es la inteligente dirección de Marcelo Max Pertier, quien gestó, tal un verdadero taumaturgo, nada menos que una cultura. Es decir, hábitos, lengua, religión, nutrición, juegos, música, canto y hasta afectividad, todo eso lo desplegó en un poco más de una hora. Él y su equipo trabajaron arduamente desde enero en esta singular epopeya étnica-teatral, que sorprende por su portentosa humanidad. El resultado es una experiencia mágica e inolvidable.

 

 

Coordenadas
Teatro Sidarte (Ernesto Pinto Lagarrigue 131)
Temporada hasta el sábado 14 de octubre
Jueves a sábado a las 21 horas
$5.000 general | $3.500 estudiantes y 3° edad, jueves populares $3.000
https://www.facebook.com/hapeunpuebloperdido/
instagram: @los_hape