Una Obra que Desarma y Sorprende

Una obra que parece fácil, pero que de ninguna manera lo es. Se trata de “Todas esas Cosas Maravillosas”, del británico Duncan MacMillan, que está en cartelera en el Mori Bellavista hasta el 18 de noviembre y ejemplifica que un trabajo escénico teatral puede atrapar al espectador con inteligencia y sin una gota de pretensión. Estructurado como un unipersonal que rompe con la cuarta pared para apelar e interactuar con los asistentes, se instala en el escenario de igual forma que “Pulmones”, también de MacMillan y que el año pasado se estrenó en la misma sala: apelando al despojo absoluto y dejando el peso del dramatismo

exclusivamente en el protagonista. Los temas escogidos son dos que suelen esquivarse en las conversaciones cotidianas, la depresión y el suicidio. Pero la manera de tratarlos nada tiene de oscuro ni trágico, el autor los recoge con la naturalidad que sólo puede tener un niño de 7 años cuya madre intenta suicidarse por primera vez. El protagonista, en la versión chilena excelentemente interpretado por Álvaro Escobar, recuerda cómo comenzó a elaborar una lista de las cosas maravillosas por las que vale la pena vivir, para estimular a su mamá a no autoeliminarse.  La enumeración, que cuando era pequeño comenzaba con helado, creció a lo largo de los años sofisticándose sustancialmente hasta llegar al millón.
Inteligentemente, MacMillan logra quiebres de ritmo con la ayuda del público, que colabora a que se desarrolle la acción con pequeñas intervenciones que no banalizan lo que sucede (como suele ocurrir casi siempre que un asistente sube al escenario). Pero es la dupla intérprete-director, Álvaro Escobar-Alejandro Castillo, la que sortea con talento las complejidades del montaje. El actor consigue modular con soltura el relato, que para ser efectivo debe distanciarse de la emotividad fácil y al mismo tiempo conectarse con la emoción, y el director ecualiza la historia a través del uso de las transiciones, la música, el tiempo y el registro del intérprete.
Por supuesto, Escobar reúne las condiciones necesarias: no sólo es buen actor, sino que también es carismático, por lo que anima al público sin dejar nunca de lado a su personaje, al que dota de un profundo realismo y una desarmadora sinceridad.
Es así como nadie puede mantenerse al margen del viaje propuesto, ya que, sin clichés ni efectismos, el autor y el equipo chileno van desnudándose y desnudando a los espectadores al mismo tiempo, con un espíritu lúdico y refrescante.
No hay discursos moralizantes ni nada parecido, pero el resultado es un cambio de mirada en los presentes. El mensaje es claro: no busques la felicidad en las cosas que pueden comprarse ni en lo que no está a tu alcance, sino que simplemente mira a tu alrededor y disfruta. Por eso, es casi inevitable que después de ver la obra empecemos nuestra propia lista. 

 

 

 

Coordenadas
Mori Bellavista
viernes y sábado 20:30 hrs
Valores: viernes $10.000 y sábado $12.000 general