Stgo a Mil: La Visualidad de Wilson Dialoga con Beckett

Se trata de un Samuel Beckett diferente. Ni minimalista, ni austero y menos realista, como suele montarse al autor irlandés. La versión de “The Last Krapp’s Tape”, que dirige, protagoniza y diseña el norteamericano Robert Wilson, se enmarca en un escenario grandilocuente, fiel al estilo que ha trabajado buscando la experiencia visceral del espectador más que la comprensión racional. Así, su lectura de esta obra utiliza la fuerza de las imágenes para acercarse al viejo Krapp, que enfrentado a una grabación de tres décadas atrás sufre por la futilidad de la vida, la memoria y el desconocimiento de su ser joven. La pieza,

estrenada en 1958, fue escrita para el actorPatrick Magee, quien impresionó al dramaturgo con su voz agrietada. El protagonista es un hombre de 69 años, que en cada cumpleaños graba una cinta. Esta vez escoge la caja número tres, cinta número cinco, y se encuentra con una grabación antigua donde puede escuchar a su yo de 39 años narrando un encuentro romántico del pasado.
John Hurt, y otros importantes actores del siglo XX y XXI, han representado a Krapp como un viejo decrépito, en clave realista e instalado en medio de un espacio polvoriento.  Wilson puso el acento en una imagen impoluta e irreal, recurso que ha profundizado en su investigación teatral. El escenario que diseña es una especia de bodega o sótano profundo y alto, blanco y negro, con una estantería iluminada y ventanas pequeñas. Él viste también de blanco y negro, con el rostro y el cabello empolvado. La única mancha de color son sus calcetines rojos.
Durante largos minutos el espectador escucha, y ve, la lluvia que corre por las paredes. Hay rayos y truenos, que iluminan la habitación y aportan tensión al espacio monocromo. 
Wilson-Krapp se mueve lento y de pronto hace gestos que se congelan con la luz. Crispa las manos, levanta los brazos, abre la boca. También da unos pasitos cómicos, torpes, y se come un plátano con una parsimonia de ritual. Como un bufón o payaso decrépito, a la manera de Buster Keaton. 
Después de una especie de suspensión en el tiempo, este ser caricaturesco camina a su escritorio y comienza a revisar sus cuadernos y cintas grabados en cada cumpleaños. Se decide por la caja número tres, cinta número cinco, encontrando una grabación de hace treinta años narrando experiencias sensibles ya olvidadas.
El ambiente irreal y fantasmagórico se rompe cuando los espectadores escuchan la voz del joven Krapp. Algo sucede en ese momento. Una especie de suspiro colectivo relacionado con la recuperación del pasado y la memoria que se activa.
Krapp se burla de su yo joven, dialoga con su voz antigua con chillidos y gemidos. Retrocede y adelanta la cinta. Las palabras escritas por Beckett hacen sentido profundo pese a lo frío de propuesta de Wilson.
No puede decirse que “The Last Krapp’s Tape” de Robert Wilson emociona. No. La propuesta de Wilson impresiona, impacta, deja huellas en niveles distintos a la razón. Envuelve al público con la melancolía del payaso envejecido y dialoga con el hermoso texto de Beckett.

 

 
Coordenadas
Teatro Municipal
13 de enero, 20:30 hras
Entradas desde $9000 a $42.000