Vuelve Íntimo Monólogo que pone Carne al Desamor

Santiago Loza, destacado dramaturgo de Códoba, Argentina, tiene una inusual maestría para hurgar en el universo femenino. Así lo demostró en sus monólogos “Todo Verde”, “La Mujer Puerca”, “Nada del Amor me Produce envidia”, por nombrar algunas de sus obras. En Chile trabajó con acierto la intimidad vital de las trabajadoras de los café con piernas en la obra “Un Minuto Feliz”, dirigida por Aliocha de la Sotta. Sin embargo, en “El Mar de Noche", que luego de estar en Santiago a Mil vuelve a la Sala Finis Terrae, se detiene en los sentimientos masculinos de pérdida amorosa con la misma maestría con que ha revelado lo

femenino, generando un bello y caudaloso texto, excelentemente actuado por Luis Machín y bien dirigido por Guillermo Cacace. Mientras el público entra a la sala puede ver a un hombre solo sentado en un sillón, en medio del escenario. En calzoncillos, con chaqueta y camisa, no tiene más que una copa de vino blanco a sus pies.
En un tono íntimo, desdramatizado, como si lo hiciera para sí mismo, este hombre comienza a hablar. Lo hace hacia otro que no está, pero al que necesita dirigir sus palabras. El texto parte de lo cotidiano (una crema perdida) hasta lo más existencial: no puede vivir sin aquel que lo ha abandonado.
De a poco sus palabras permiten saber que el enamorado ausente en un joven bello, que se ha hecho hombre y ha terminado por cansarse de su amante maduro. Sabemos también, porque lo dice, que el hombre está en un hotel cerca de la playa, un balneario donde su angustia es extraña.
El escenario despojado (solo el sillón y una alfombra, más un zapato y un sombrero dejados al descuido) donde Cacace instala al protagonista permite la absoluta concentración del público en Machín. Éste habla en tono íntimo, sin subir la voz, paseándose por lo cotidiano y profundo del desamor que siente. Lo único que irrumpe en su narración en algunos momentos es música, que parece entrar al escenario como si se colara por las ventanas de  la pieza.
Las referencias a “Muerte en Venecia”, de Thomas Mann, y a “De Profundis”, de Oscar Wilde, obras que inspiraron a Loza, son claras: el hombre maduro, el joven angélico, la imposibilidad del amor, la decrepitud, el fin del sueño.
En la anécdota, un hombre maduro se encuentra solo en la habitación del hotel de algún balneario sin importancia. Devastado por el reciente abandono de su joven amado comienza a hablar frente a un otro inexistente, en lo que podría ser la última discusión con su amante perdido, la conversación que nunca tuvieron o el discurso final de una persona que lentamente muere de amor.  
En la obra, Santiago Loza se deja inspirar por "De Profundis", de Oscar Wilde y "Muerte en Venecia", de Thomas Mann, para llevar a escena el dolor de un hombre que acaba de ser abandonado por un joven amante. El reconocido actor argentino Luis Machín es quien encarna al sufriente, mientras la dirección de Guillermo Cacace lo conduce magistralmente por las penas más profundas del desgarro, ese que ni siquiera deja  espacio para golpes, gritos o reclamos, construyendo un desolador retrato de la masculinidad expuesta al desamor.

 

 
COORDENADAS
Finis Terrae
27 de junio a 1 de julio.
Miércoles a sábado, 21 horas
Domingo 19 horas
$15.000 Gral. $13.000 Adulto mayor, estudiantes, Tarjeta Vecino Providencia y Comunidad Finis Terrae.