Stgo a Mil: Una Propuesta que no Llega a Puerto

“La Desobediencia de Marte”, obra del mexicano Juan Villorro y estrenada la última semana del Festival Santiago a Mil, tiene tantas fortalezas como debilidades. Muy atractivo es el enfrentamiento entre Tycho Brahe y Johannes Kepler, nombres fundamentales de la astronomía. Se los ve ebrios, una noche del año 1600, discutiendo sobre sus formas de pensamiento, su metodología investigativa y los descubrimientos de ambos. Los protagonistas, Francisco Reyes y Néstor Cantillana, trabajan con acierto las personalidades de cada investigador y sus diálogos resultan cada vez más interesantes. El escenario despojado y el fondo

con proyecciones en color relativas a la astronomía son una buena ambientación, con uno que otro guiño de comicidad.
Cuando el público está sumergido en el duelo verbal de Kepler y Tycho, que es un enfrentamiento generacional, además, se produce un sorpresivo quiebre: se para la acción, se sabe que estábamos presenciando un ensayo y los actores se revelan como tales para comenzar a hablar de cómo deben interpretar sus personajes.
Pero eso no es todo, al cabo de un rato se cruza la vida personal de los actores que, además, podrían ser padre e hijo. En este punto, la obra decae ostensiblemente. Y no se trata de la versión chilena, dirigida por Álvaro Viguera, sino del texto de Villorro, que mezcla tantos temas que finalmente empieza a no funcionar y a resultar agotador.
Sin embargo, para los teatreros chilenos es muy significativa la elección de los actores, ya que partes de su biografía se cruzan con la obra. Cantillana, más joven, más rebelde, con un Hamlet en la piel y criado con padre ausente, versus Reyes, actor de otra generación y de larga data en teleseries, que ha hecho comerciales de productos para el resfriado. Un cruce que hace que sus parlamentos se escuchen con más carne aún.
Pese a lo anterior, a la buena dirección de Viguera y el buen desempeño actoral,  “La Desobediencia de Marte” se pierde en sus mil y una vueltas temáticas.