"Naturaleza Muerta": Poder, locura y deseo

En el episodio en que un joven se lanzó a la jaula de los leones del Zoológico Metropolitano de Santiago, el 21 de mayo de 2016, se inspiró la obra de teatro "Naturaleza Muerta o la Controversia de Daniel" del Colectivo Mákina Dos, que estuvo en cartelera hasta el 1 de abril en el Teatro Siglo XX Yolanda Hurtado. Este colectivo, creado en 2015, lo componen Amalá Saint-Pierre y Francisco Paco López y cuenta con 3 proyectos ya realizados: “Hombre con pie sobre una espalda de niño,” de Juan Claudio Burgos; “(W)” Performance sobre el conflicto del agua”, y una reciente publicación del libro “Bru o el exilio de la memoria”, que

 

concentra investigación y biodrama a partir de la vida y obra de la artista Roser Bru, abuela de Saint-Pierre. El texto de "Naturaleza Muerta o la controversia de Daniel" fue seleccionado en el ciclo de dramaturgia La Rebelión de las Voces, como extensión del festival Santiago Off en 2016, y la obra obtuvo financiamiento de FONDART Regional 2017 para su puesta en escena.
“Naturaleza Muerta o la Controversia de Daniel” es una obra que responde al estilo Teatro de la Crueldad, de Artaud, creada desde el rigor y trabajo físico para llegar a una conexión emocional y psicológica con el personaje. También en el texto está muy presente lo metafórico, cercano a lo onírico, y la poesía que se fusiona con esta noticia de un joven llamado Franco, que tiene evidentes delirios mesiánicos y personalidad múltiple, que traspasa todas las barreras de seguridad para introducirse en la jaula de los leones del Zoológico. Su fanatismo religioso lo lleva a creerse el profeta Daniel. En el pasaje bíblico, Daniel se salva por su fe y Dios lo protege, en el Zoológico, en cambio, se tuvo que optar por resguardar la vida humana matando a los animales. De este momento, que los noticiarios mencionan que duró 2 minutos, Amalá Saint-Pierre, dramaturga y directora, realiza una obra que durante una hora hábilmente tensiona los hechos y busca introducirse en la psiquis de este joven, sin prejuicios ni críticas al valor de la vida humana o animal.
En el texto se hace alusión a la fecha elegida, 21 de mayo de 2016, como un símbolo bíblico. El joven siempre está pensando en lo que la prensa y la gente dirán sobre él. La pieza comienza con un monólogo de López interpretando al joven Franco en una rampla curva al costado del escenario, urdiendo su entrada a la jaula. Su personaje logra transmitir la mezcla de personalidades, la fisicalidad ansiosa y el delirio de la contradicción. Sobre esta estructura que escala, su texto entra en un constante delirio, dice que no tiene memoria, que solo tiene piedras en su cabeza y éstas son vacías, pero pesan, que están llenas de sabiduría, enmarcándolas en su mente como discurso de poder, pues las piedras que se insertan en una corona tienen peso en la cabeza de un rey. El discurso se torna político cuando habla sobre el encierro, el destierro en el que el león como rey ya está muerto, denigrado. El hombre entra en el territorio del león y aborda la lucha del poder, el enfrentamiento del hombre versus la naturaleza, de Dios versus Dios.
La obra se centra en la lucha de dos machos: el hombre encarnado por Francisco Paco López, y el león interpretado por Ricardo Zavala, quien hace a la vez de Dios y alter-ego del hombre, pues este león está humanizado, usa polera y pantalón gris, y come un gran pedazo de carne con tenedor y cuchillo sobre una gran piedra, semejante a un pódium. El hombre enaltece al león como el líder, el rey de la naturaleza, el Dios, pero físicamente es un ser que no tiene la energía y presencia del león en la selva, su cuerpo se expresa acabado, sin brillo ni energía vital, con vestuario gris que podría manifestar el color del cemento de Santiago y su encierro.
En el personaje de López, su actuación es exacerbada intencionalmente para provocar desagrado al espectador. Se muestra a una persona marginal, una escoria de la sociedad por su grado de locura y devoción excesiva, que solo encuentra razón de existir en la religión, donde su delirio le hace sentido. Esto se acentúa en su vestuario, cercano a un mendigo.
El diálogo entre el león y el hombre se va tornando homo erótico cuando el joven quiere acercarse al animal, mencionando que el miedo le excita y que todo lo prohibido causa placer. Este individuo se encuentra ante un mundo nuevo y no le importa la mirada de afuera de los espectadores, sino todo lo contrario, se desnuda porque quiere dejar de ser hombre y transformarse en ese animal, al que huele y cuyos olores le remueven sus sentidos. Luego, cuando logra llamar su atención, desea entregar su cuerpo a este ser que ha idealizado en su mente; un macho alfa, chascón, fornido, el más bello de la naturaleza, el más fuerte, imponente, su ser Todopoderoso Dios. Nombra a Eros y Tánatos como deidades que lideran este orgasmo que culmina con la muerte.
En este sentido, la obra libremente se desprende del hecho noticioso y se despliega hacia otros universos relacionándolo con el poder, violencia, locura, delirio, erotismo y desborde, en un texto que no busca ser lineal. Por el contrario, las palabras se entretejen de forma repetitiva intencionalmente para manifestar la demencia del personaje, quien tiene flashazos de memoria en que va dilucidando y razonando el por qué está ahí, creyéndose profeta de Dios, inclusive recuerda su infancia y a su madre cuando es atacado.
El espacio sonoro durante toda la obra es tenue, compuesto de leves percusiones y sonidos, casi imperceptible para que en escena predomine la actuación. La escenografía es abstracta, tomando 3 elementos esenciales de la historia, el afuera, el adentro y el arriba, específicamente la rampla gris curva, el pódium de piedras y una proyección de cielo. En cuanto a la rampla y el pódium color cemento, representan se la urbe, no hay naturaleza, todo está muerto como el nombre de la obra. La rampla es el afuera, una escalinata para subir, podría ser el cerro San Cristóbal o la escalera a Dios. El pódium nos habla de donde se posiciona un líder. Las proyecciones de cielo ayudan a hablar sobre Dios porque representa el arriba, es un cielo que primero es despejado, se va nublando, coloreando rojizo y luego oscureciendo, en conjunto con la iluminación.
La puesta en escena destaca por la importancia que se da al recurso de exacerbación del gesto y del lenguaje, logrando consolidar la atención del público con escenas violentas y chocantes.  Todo se acota en la actuación y en el cuerpo, lo que permite dejar entrever las obsesiones eróticas y el salvajismo. La obra permea en todo momento al espectador, no lo deja indiferente.