"Tribus": Buenas Actuaciones, Simbolismo no resuelto

Una familia formada por cuatro personas -padres, un hijo y una hija- que hablan mucho, y una quinta que no puede escuchar. Los primeros discuten todo el día, en tono ácido e intelectualoide. El sordo es el único que practica la amabilidad con el resto, el único que presta atención a los demás. Pero que, y eso queda claro en la primera escena, está irremediable solo en medio de la incontinencia verbal de su familia. Como lo criaron leyendo los labios y lejos del lenguaje de señas, suelen olvidar que no pueden hablar tan rápido, que no pueden darle la espalda y que no pueden hacer ruidos que interfieran con el audífono que lleva. La obra es “Tribus”, de la británica Nina Reine, en cartelera en el Teatro U.C.

bajo la dirección de Manuela Oyarzún y traducción de Rodrigo Olavarría.
A primera lectura parece que el texto, de la británica Nina Reine, hablara del lenguaje, su uso y abuso, de cómo se crea y destruye con él. Pero hay más, también está la revisión de los códigos compartidos que nos hacen pertenecer o no algún grupo o lugar. Y entre esos, así como las costumbres y las creencias, también está el lenguaje. Entonces, uno de los temas más importantes es pertenecer a una tribu de pares, y no solo eso, sino también el tránsito por diversas tribus de acuerdo con la evolución de las personas.
La familia protagonista es claramente una tribu bastante cerrada: padre profesor universitario (Mateo Iribarren), madre escritora (Tamara Acosta), una hija, Ruth, que busca su camino en el canto (Andrea García Huidobro) y un hijo, Daniel, que escribe una tesis sobre el lenguaje (Nicolás Zárate). Los dos últimos regresaron a sus casas luego de probar la independencia. En medio de ellos está Willy (Pablo Manzi), sordo criado leyendo los labios, amable y contenedor. Un remanso para el núcleo familiar, que se relaciona con sarcasmos, acidez y demostraciones de brillantez, formando un sistema cerrado donde quedan fuera los “menos” inteligentes.
Por supuesto, aunque los demás lo aman, Willy queda un poco fuera de la dinámica de esta tribu. Los demás hablan fuerte, usan las palabras como espadas y a veces olvidan que Willy debe ver sus labios. La fisura se produce cuando Willy conoce a una chica, Sylvia (Ignacia Baeza), que está quedando sorda y lo introduce en el lenguaje de señas y en otra tribu, la de los no oyentes. Hay que decir que la novia de Daniel, Vanessa, no resistió el filtro familiar.
Si bien saca provecho del talento de sus actores e imprime un ritmo adecuado a la acción, la dirección de Manuela Oyarzún opta por mezclar realismo con simbolismo, que no funciona del todo bien. Las actuaciones son realistas, pero ocurren en un espacio (diseñado por Belén Abarza) que apela a simbolismos no resueltos, por ejemplo, el gris en todos los utensilios que usa esta familia (copas, vasos, radio, etc.), y en el vestuario de Willy y Sylvia.
Además, el escenario está dividido en dos: al lado derecho los espectadores pueden ver el living de la familia y el lado izquierdo, donde interactúa la pareja sorda, está vacío salvo por un piano vertical. Separar el mundo oyente del no oyente es una buena idea, pero el espacio dedicado al silencio tiene poca fuerza en relación con el otro, situación que se relaciona con que suceden menos escenas ahí, estando vacío la mayor parte del tiempo.
Lo que sí está muy bien son las interpretaciones. Iribarren luce el humor negro y la acidez del padre, sin dejarse llevar (lo que no debe ser difícil); Tamara Acosta compone una madre muy relajada y artista, discursiva pero menos ácida; Andrea García Huidobro caracteriza muy bien a Ruth, una mujer confundida y de baja autoestima; Ignacia Baeza consigue expresar la desazón y la angustia de la joven que pierde la audición. Pero son Nicolás Zárate, como un enfermo Daniel, y Pablo Manzi, capaz de adoptar un tono corporal adecuado al no oír, los que entregan los momentos más intensos y emotivos.
Una obra que vale la pena ver, por la enorme -y compleja- reflexión que busca detonar en el público.

 

 fotografía Juan Domingo Marinello y Eugenia Paz

 

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Teatro U.C
Hasta el 9 de junio
Jueves, viernes y sábado 20:00 horas