Contenido, Intensidad y Fuerza en "Paisajes para no Colorear"

Una obra que transcurre a través de distintos materiales teatrales y donde la distancia de la representación convive con la cercanía del testimonio. Una obra intensa y fluctuante en estados, como se supone es la adolescencia, etapa que viven sus protagonistas. “Paisajes para no Colorear” se titula, y es una producción GAM dirigida por Marco Layera (director de la exitosa compañía La- Resentida), cuya dramaturgia surge del testimonio de 100 jovencitas chilenas que participaron en talleres comunales. En escena hay 9 chicas de entre 13 y 17 años, elegidas por audición, encargadas de ponerse en la piel de todas sus congéneres para

hablar de sexo, violencia de todo tipo, machismo, búsqueda de identidad, aborto, bullying, relaciones familiares, etc. Ellas se llaman por sus nombres y lo dan todo. Son, sin pudores, en cada texto, lo que atrapa desde el principio al público y hace difícil desentrañar si lo que están actuando le pasó a otras o a ellas mismas. El principio es enganchador. Al ritmo del reggaeton, una de la chicas -de 13 años y declarada agénero- caracteriza al grupo.
“De las 9, todas vemos el celular antes de acostarnos; de las 9, una usa anticonceptivos y una abortó con misotrol; de las 9 una vio a su padre escupirle a su madre…” Inmediatamente se caracteriza una generación muy diferente a la de sus madres, no solo por el uso de la tecnología sino también por una conciencia de su sexualidad, que las lleva a pedir aborto y respeto por sus cuerpos sin un asomo de duda. En términos de estructura, la obra echa mano a diversos recursos y formas que, contrario a lo que podría pensarse, conviven armoniosamente y potencian el conjunto. Desde el monólogo en primera persona de Paula, sobre el bullying sufrido en su colegio, mediatizado gracias a la filmación in situ de su rostro que se proyecta en el fondo del escenario; hasta el desgarrador testimonio de la adolescente que pide que la acepten como es -lesbiana-, sola frente a un micrófono. También hay bailes y más filmaciones, como cuando se esconden en la casita de muñecas rosada que ocupa parte de escenario y cantan a Mon Laferte con toda el alma, mientras se embadurnan con crema chantilly. La casita, parte del diseño de Pablo de la Fuente, es tan útil como metafórica, ya que solo no denota la despedida de la niñez -lectura más obvia- sino que también se convierte en ese espacio que las chicas necesitan para ser ellas mismas, lejos de los adultos y la sociedad castigadora.
En un momento, y de acuerdo a la hibridez en la forma, las actrices hacen subir a un hombre a escena para que Dani represente lo que querría decirle a su padre. Ella vio a su progenitor escupirle a su madre y necesita realizar una catarsis. En el borde entre la realidad y la ficción, todos asistimos a ese íntimo momento.
También hay agudas citas políticas. A Lavín, cuestionado por entregarle guaguas de plástico a las adolescentes de su comuna para prevenir el embarazo (Ignacia parte la obra con una de ellas, Greta, en brazos); a Lucía Hiriart, en el momento en que todas visten abrigos de pieles representando a mujeres que avalan la dictadura y repudian el aborto; a la muerte de Lisette Villa en el Sename. Las dos primeras parecen extemporáneas a las protagonistas (¿les importa Lavín a unas chicas entre 13 y 17 años? ¿qué saben de Hiriart?). Pero luego de preguntar y preguntar en GAM, queda claro que todo el material proviene de las 100 adolescentes ya mencionadas, y que sorprendió al mismo Marco Layera, cuyas obras con La-Resentida son más que agudas.
También impresiona el uso de Sofía, la muñeca inflable que tiene el tamaño de una niña de 12, crudo símbolo de la explotación, opresión y violencia que sufren las adolescentesen nuestra sociedad. Desde el bullying, hasta el acoso y la muerte. Solo el final, con las jóvenes actrices diciendo en palabras lo que han expresado actuando, a mi parecer está demás. Es un remate que hace obvio el material que tan sensiblemente se ha expuesto.
Pero ese detalle no empaña el tremendo trabajo escénico que es “Paisajes para no Colorear”. Una puesta en escena tan ágil y fresca, como emotiva y profunda, que no hace concesiones en materia teatral y permite que sus protagonistas hablen por todas las niñas y adolescentes de Chile. Sus voces nos gritan que el mundo ha cambiado y que ellas merecen ser escuchadas y respetadas; que no son un proyecto de personas, sino personas con todas sus letras. Esta obra no es un juego, ni un mero ejercicio, sino un serio y contundente trabajo teatral.

 

 

Coordenadas

GAM
Hasta el 19 de agosto
Jueves a sábado – 20 horas
Domingo 19:00
Entrada $8.000 Gral., $4.000 3ed. y Est.