Stgo a Mil: La intimidad que hace Historia

Seis mujeres cuarentonas, algunas comenzando la década y otras en el borde de los 50. Todas alemanas, solo que la mitad nacieron y crecieron en Alemania del Este y el resto en Alemania del Oeste. O, mejor dicho, en la República Democrática Alemana (RDA) y la República Federal Alemana (RFA), respectivamente. Con el Muro de Berlín separando sus contextos vitales: comunistas pioneras, versus chicas conectadas con Occidente; militantes autosuficientes desde niñas, versus chicas protegidas por sus madres; adolescentes que veían el diablo en el capitalismo, versus las que lo vestían con pañoleta roja.

En “Schubladen” (cajones) tres de las integrantes de grupo teatral She She Pop, criadas en la RFA, se reúnen en escena con tres actrices que se formaron en el Oste para enfrentar sus mundos íntimos y, a través de ellos, la historia. Se trata de una pieza que se enmarca en el teatro postdramático y documental, cuyo sentido se organiza desde el ensamblaje de las distintas vivencias, como piezas de un puzle. Tal como lo hemos vimos en el trabajo de la argentina Lola Arias y de la compañía chilena Lalaurapalmer, la realidad se utiliza como material de ficción y los límites entre una y otra se desdibujan.
En escena, las protagonistas se organizan en pares, una de la RDA con otra de la RFA, en sencillas mesas. De fondo un telón donde se proyectan imágenes impersonales, de salones de reuniones, escuelas y comedores. Muchas mesas con sillas desfilan durante la obra.
Las actrices (Annett Gröschner, Johanna Freiburg, Alexandra Lachmann, Berit Stumpf, Peggy Mädler, Ilia Papatheodorou) se mueven generacionalmente entre Peggy, nacida en 1976, e Ilia, en 1969. Todas visten ropa ochentera, combinado piezas usadas a uno y al otro lado del muro. Brillos y calzas con faldas de jeans, por ejemplo. Los duetos conversan de distintos tópicos: qué series de tv veían, qué libros leían en la escuela, cómo enfrentaron el sexo y el amor y, por supuesto, qué estaban haciendo cuando cayó el muro.
Hay testimonios reveladores, como el de Alexandra, que señala que desde niña aprendió a autocensurarse. “Sabía que debía camuflarme cuando salía de la casa”, comenta. Y otros curiosos, como cuando las nacidas en la RDA, que toman vodka, señalan que las mujeres de la RFA solo toman espumante. Éstas, a su vez, afirman que las de la RDA crecieron tan solas que solo sabían de los adultos cuando esos les mandaban diplomas, por correo.
Los textos son divertidos, infidentes y cotidianos. Reveladores siempre, de cómo el contexto político influyó en las personas que son, finamente, las intérpretes. La puesta no recurre a proyecciones de fotos ni de otros documentos, sino simplemente se opta por la descripción, junto con el recurso de grabar -y proyectar- el rostro de las actrices en el telón de fondo. A través de diálogos, recuerdos, canciones (entonadas por ellas o de grabaciones) pasitos de baile y mucho humor, se va dibujando lo que significó el Muro de Berlín para ambas Alemanias. “Schubladen” va conquistando al público de a poco. Es como un libro coral, que se aprecia más en la medida que el lector conoce mejor a los personajes. En este caso sucede igual; mientras más las escuchamos, más interesa saber algo más.El único pero es la extensión. Las dos horas se hacen sentir, pese a lo cautivadora que resulta la historia reciente. Tal vez los subtítulos sean los culpables.

Coordenadas
Teatro Municipal de Las Condes
5 de enero, 20 horas
$7000 a $15.000
Foto BKrieg