"Greta": Buen texto y una puesta que no cierra

“Greta” es la segunda entrega del programa Ciencias + Artes + Audiencias, interesante -e inédita- iniciativa creada por el periodista y crítico de artes escénicas Javier Ibacache. A partir de una premisa de investigación, Ibacache convoca a un/a dramaturg/o, un/a director/a y al equipo de realización. En 2017 el punto de partida fue la inteligencia artificial, que se concretó en la obra “Réplica” el año pasado, y ahora lo es el mundo de las ballenas. Dos espacios diferentes, pero igualmente misteriosos para el público común. ¿Cuánto sabe el/la ciudadano/a corriente de esos ámbitos? Pues bien, aunque no persiga textos ni puestas en

escena didácticas, este programa busca la divulgación de materias importantes pero lejanas, a través de una puesta en escena teatral que sirve como vehículo mediador. Lo anterior es siempre destacable, sea cual sea el resultado escénico, y por eso hay focos culturales tan importantes como el Teatro del Lago, la Corporación Cultural de Quilicura y Puerto de Ideas involucrados en la coproducción. 

Esta segunda producción cuenta con la dramaturgia de Ximena Carrera (“Medusa”, “Lucía”), quien desarrolló una acuciosa investigación junto a Ibacache, por casi un año, que consideró entrevistas a especialistas en el tema, lecturas de libros (de ficción y no ficción) y acopio de información de prensa. De ese trabajo surgió un texto que pone en paralelo a las ballenas, en relación a la maternidad, con los 4 personajes femeninos que mueven la acción.
Se trata de un texto sugerente, con varias capas, que consigue llevar al escenario tanto la vida desconocida de las ballenas como los lazos que unen a una madre, Greta (Coca Guazzini), con sus hijas Azul (Katherine Salosny), Yubarta (Carmina Riego) y Delfina (Daniel Lhorente), todas con nombres de cetáceos. La matriarca fue bautizada en homenaje a Grete Montsny, antropóloga que estuvo a cargo del Museo Nacional de Historia Natural entre 1964 y 1982 y cuyo nombre lleva el esqueleto de ballena del museo.
Escena a escena se va entrelazando la información científica con la mitológica en torno a las ballenas, además de revelar la intimidad de las mujeres. Las hijas mayores acuden a la casa materna, ubicada en el sur de Chile, para conmemorar la desaparición del padre, oceanógrafo, hace ya dos décadas. Pero una ballena varada desata el conflicto.
Entre las hijas y la madre – exantropóloga- hay tensión y conflictos no resueltos, ya que esta última no ha sido una “buena” madre, en contraposición a la maternidad a toda prueba que ejercen los cetáceos. En un ambiente de tensión creciente, presidido por la figura de la ballena varada, los personajes se revelan, al mismo tiempo que abren una ventana al mundo de las ballenas. Las hijas mayores son personas frustradas e incompletas, pero la menor parece escapar a ese destino.
Estructuralmente hay momentos grupales y monólogos, entre los que destaca la emotiva conversación de un cachalote y su enorme madre, interpretado por Carmina Riego. Los textos en solitario abren la puerta al interior de las protagonistas, y los diálogos ponen en evidencia las heridas aún abiertas.
Imágenes de cetáceos que se proyectan en el fondo del escenario, y una sonoridad que usa como base el canto de ballenas del sur y extremo sur de Chile (obra de Miguel Miranda), completan la atmósfera y le dan el toque surreal o mágico preciso.
El problema de “Greta” es su concreción escénica. Hay algo en el ensamblaje de texto, recursos escénicos y actuaciones que no llega a puerto, pese a las buenas actrices y el sugerente material. No se trata del tono de la puesta (ejemplos de buen realismo simbólico hay muchos) sino de la combinación de sus elementos, quedando a medio camino la “verdad” (entendida como el logro de un todo orgánico y armónico). Falta un punto de vista sólido de dirección, que cruce toda la propuesta.
A eso se suma un vestuario que, además de no favorecer a las intérpretes, resulta extraño: Daniela Lhorente lleva un vestido que hace pensar en una camisa de fuerza, la bata de la madre es demasiado nueva y suntuosa para ser ropa de casa, y los atuendos de Riego y Salosny entorpecen la concreción de los personajes.
En todo caso, se cumple el objetivo de acercar la ciencia a través de las artes escénicas: el espectador sale sabiendo más de las ballenas, gracias a que el texto informa sin caer en la didáctica ni en la trivia. Además, despierta la curiosidad para seguir investigando.