VIH, amor y condena social

Amor, VIH y muerte, se cruzan constantemente en “Narciso Fracturado”, última entrega de la trilogía Identidad y Memoria Homosexual en Chile, que se completa con “Heterofobia” (2015) y “Sangre como la mía” (2011). Esta vez se trata de un complejo ejercicio de dramaturgia donde participan cuatro autores (Jorge Marchant Lazcano, Pablo Dubbo, Bosco Cayo y Juan Claudio Burgos) y que recorre, de manera fragmentada y no lineal, la relación amorosa de dos hombres, interpretados por Nono Hidalgo y Freddy Araya. Ellos, además, dan vida a otros personajes que circulan en su historia.

Los protagonistas se conocieron estudiando teatro y en medio de su relación hay una obra que no pudieron estrenar y que se inspira en el caso real de un profesor de patinaje, de apellido Colipi, que se suicidó en 2009 lanzándose desde su departamento en calle Monjitas. El detonante fue saber que estaba infectado de VIH. Ellos también se contagian, pero sus opciones son radicalmente distintas: uno se medica y vive sin síntomas, y el otro abandona la triterapia y decide encaminarse hacia la muerte.
El recorrido vital de ambos hombres es contado por una dramaturgia compleja, que va y viene en el tiempo, mostrando diferentes momentos de sus vidas y de su inserción social como homosexuales. Desde el adolescente que se descubre masturbándose frente a un cuadro que representa a San Sebastián, hasta el adulto que sufre vergüenza de ponerse en una fila en un hospital para obtener la triterapia.
La obra, de casi dos horas de duración, hace evidente que aún en el siglo XXI vivir la homosexualidad está lejos de ser sencillo, más aún cuando se suma el VIH. La discriminación, el estigma social, la culpa de la religión y la imposición de lo heteronormativo hacen que el andar de un gay portador o enfermo de Sida sea mejor en el secreto.
El centro de la puesta en escena, dirigida por Jimmy Daccarett, son los protagonistas, que están prácticamente solos en un escenario despejado. En el fondo a veces hay proyecciones, y una mesa y dos sillas sirven para recrear diversos ambientes. Los intérpretes, Freddy Araya y Nono Hidalgo, deben hacerlo todo: crear atmósferas, cambiar de escenario, de edad e incluso de país, y representar a otros personajes que rondan la trama. Y ambos salen airosos, entregando personajes sensibles y humanos, y diciendo el verborreico texto con verdad. Consiguen fluir transitando del dolor al amor y del drama a la comedia negra, utilizando diversos estados corporales.
Un gran pero de “Narciso fracturado” es el tratamiento del material vital que pone en escena. Todo es importante, todo es intenso, lo que impide los necesarios matices en la narración. No hay tránsitos ni respiros.
A eso se suma el dato de que los personajes son actores y se refieren constantemente a ese círculo (teatro, obras, directores, ensayos), lo que vuelve la obra demasiado autorreferente a ratos y distante de los no-actores.
Por sobre una dramaturgia verborreica e incluso confusa, destacan la dirección de Daccarett y la performance de Araya e Hidalgo. Ellos permiten que el espectador quiera saber más y se empeñe en armar el puzzle planteado en escena. 

 

Coordenadas
GAM
Hasta el 20 de julio
miércoles a sábado, 21 h
$ 6.000 Gral., $ 3.000 Est. y adultos mayores.