"Todos mienten y se van": Pinceladas de observación aguda

“Todos mienten y se van”, la segunda parte de una trilogía escrita por el dramaturgo chileno Alejandro Sieveking, pone en escena una mirada irónica y descreída de la sociedad contemporánea a través de un friso impresionista, que muestra diversas realidades que conviven en la urbe a través de pinceladas, asomos, que permiten que el espectador se quede con una sensación final. Los protagonistas son nuevamente una pareja de adultos mayores, Gregoria (antes Bélgica Castro, en este montaje Ana Reeves) y Guillermo (Sieveking). Ella es una excéntrica actriz de más de 70 años, conocida y aún reconocida, y él un escritor de 65 años (edad

imposible de ser representada por el octogenario autor) que ha alcanzado cierta notoriedad con la publicación de una biografía.
Ambos se instalan en un café, el mismo de la primera obra (“Todo pasajero debe descender”), luego de cruzar la Alameda en medio de una marcha. Guillermo acaba de sufrir un golpe en la cabeza y se ve desorientado. Gregoria, siempre habladora y exultante, despliega su irónica verborrea. A su alrededor se despliegan diversos personajes que se detienen, momentáneamente en el local: una pareja gay que busca a un prostituto para hacer un trío, otra formada por centennials que se instalan en una mesa solo a ver su celular -frente a un vaso de agua-,el prostituto y su manager-mujer…También se cuela la relación entre la cuarentona dueña del café y el joven mozo y, por supuesto, la sociedad, representada en la manifestación que se refleja en el edificio.
Alejandro Goic, quien también estuvo a cargo de dirección en la obra anterior, consigue realismo, verosimilitud y ritmo en este ir y venir de impresiones humanas. Porque eso es lo que muestra esta puesta en escena. Instantes en a vida de un grupo de santiaguinos comunes y corrientes que comparten un espacio por algunos instantes. No hay personajes profundamente desarrollados ni textos decisivos, sino una mirada al estilo Raymond Carver -escritor admirado por Sieveking- sobre vidas pequeñas en situaciones cotidianas.
En este cuadro se desata un pequeño conflicto, la aparición de una amiga virtual de Guillermo, Anette (Andrea Martínez), que pretende ser una réplica rejuvenecida de Gregoria.
El conjunto se mueve orgánicamente. Cada integrante del elenco aporta su cuota: el entusiasmo conquistador de la dueña del café (Carolina Paulsen), la naturalidad insolente del prostituto (Giordano Rossi), la osada vacilación de la pareja gay (Juan Pablo Miranda y Ernesto Meléndez), la frescura del mozo (Francisco Reyes-Cristi), la duda de la pareja del prostituto (Paulina Moyano), en fin. Solo Anette sobra, su presencia es demasiado forzada -viste como la vieja actriz- y los temas que propone podría haberlos planteado de manera más verosímil, a tono con el entorno.
Ana Reeves se luce como Gregoria, jugando con su gran presencia escénica y dominio de los matices. Luce tan extravagante como desolada, tan viperina como humana, tan cerca como lejos de Guillermo.
Los visuales y la iluminación, a la manera del pintor Edward Hopper, están a cargo del asertivo Cristián Reyes, y la arquitectónica escenografía, que sirve telón, está firmada por Sebastián Irarrázaval. Estos aspectos son de suma importancia en el impacto del cuadro impresionista que se entrega al público.
Chispas de humor, irónico y triste, dan cuenta del paso del tiempo, la vejez y la mediocridad del día a día. La rutina, la vida que sigue su marcha sin grandes sucesos, la realidad común y corriente.
“Todos mienten y se van” es una obra ligera, sin pretensiones sociológicas ni filosóficas, que ofrece una irónica mirada a los tiempos que corren. No hay que esperar profundas tesis ni conflictos, y menos desenlaces. No se trata de eso, sino de capturar, como con una polaroid, el desencantado mundo que nos rodea. Puede gustar o no, pero no es justo pedirle algo distinto a su esencia.

 


Coordenadas
Hasta el 17 de agosto
Teatro UC (Jorge Washington 26, Plaza Ñuñoa)
Miércoles a sábado / 20 h
Sala 1: Ana González. (Acceso para silla de ruedas)
Duración: 90 min.