FESTIVAL “ESCENA DOMÉSTICA” EN MEDIO DEL MOVIMIENTO SOCIAL

Escena domestica“Todo apartamento, está compuesto de una cantidad variable, pero limitada, de piezas; y cada pieza tiene una función particular”, esta cita de Georges Perec,  es parte de un texto que hace muchos años atrás me adjuntó como archivo un amigo arquitecto, teniendo una discusión sobre las leyes de los espacios por el chat de msn, cuando aún esa plataforma de ventanas de conversación era un ahorro sustancial en los minutos del celular. Este fin de semana que pasó, recordé este texto después de ir a ver o más bien, de compartir las tres “piezas” del Festival Escena doméstica – invierno, Festival que se realiza desde enero de este año, donde tuve la oportunidad de participar en su versión anterior otoñal con “Felipe Luck, I love u”. La característica particular de “escena doméstica” es convocar y curar tres creaciones para compartirlas con una audiencia en un espacio “real”: casa, departamento del propio artista o el propio festival gestiona uno para su presentación. La “escena” tiene varias etapas: inscripción por mail, punto de encuentro, caminata de todos los asistentes hasta el lugar donde se presentará la acción/pieza/obra/performance, como quieran llamarlo, y “vivir” la experiencia propuesta cada día por el artista. En su primera versión participó: Claudio Santana con “Performing nothing” -ésta es mi canción favorita”, Pepa Ubera con “I want to see how you see”, y Txalo Toloza con “Todos los grandes tienen problemas de piel”.

En la versión anterior de otoño, tuvo muy buenos comentarios de los asistentes el trabajo de Pablo Tapia (bailarín y coreógrafo) que realizó una creación de nombre “Familia” en la que participó su familia real, también se realizó una presentación titulada “Obra” en Valparaíso, de la artista visual Mariana Cáceres. Esta invernal versión tuvo la participación de la destacada artista nacional Vicky Larraín con “Solo para Romina”, el joven actor Emilio Edwards, quien dirigió a Isidora Zegers que escribió y actuó su propio texto: “Voy a bailar una canción que hicieron John y Paul cuando eran amigos”, y la novel bailarina y creadora María Betania González, con “Suvenir”.

Es importante contextualizar esta actividad. Aún la tecnología no nos presenta su I Time machine, para lograr viajar en el tiempo y presenciar las acciones dadaístas del Cabaret Voltaire, o las acciones del director de teatro Kantor en lavanderías y “lugares reales” o las invitaciones –materiales  por correo postal que enviaba Kaprow para sus happenings, pero sin necesidad de tener esta tecnología para viajar en el tiempo y vivir esas experiencias, hay quienes las han detallado y analizado (que incluyen fotografías, por cierto); historiadores y teóricos del mundo como Rose Lee Goldberg, José Sánchez, Peggy Phelan y muchos otros. También se han realizado mundialmente, y en Chile, experiencias que van por el camino de la intervención del espacio real (un sin fin de ellas), que utilizan sistemas y estrategias de creación que incluyen a un público activo y participativo, donde los límites y nociones de obra, autor, realidad, ficción, intimidad, exhibicionismo, público-privado, deconstrucción de la deconstrucción de la noción de unidad, principio-fin, que al parecer, deberían ya pertenecer a las competencias culturales de nuestra sociedad capitalina, pero según algunos, aún no se masifican o incluso, se resisten a hacerlo y se miran con recelo por parte de espectadores temerosos o por un medio institucional que persigue aún la revalorización del texto - narrativo – fábula, la figura del “artista - autor” y la noción de obra “redonda-completa”, o seguimos escuchando sólo básicos comentarios como “me gustó” o “me pasaron cosas”, sin más profundidad.

escena domésticaEs entonces que se genera una contradicción tremenda: ¿el arte puede seguir desarrollando sus ideas para que pueda generarse mas competencias culturales, por ende un público que consuma/adhiera/persiga proyectos más “experimentales” (exclusivos, especiales, recién salidos del laboratorio) o es que los propios artistas tendrán que generar sólo lo visto, aceptado y que claramente tiene un consumidor cultural detectado: teatro comercial, infantil, espectáculos, circo, show? Me hago este tipo de preguntas, porque creo valioso que un festival como éste, Escena Domestica, no quiera ser un Santiago a Mil, y si lo vemos desde una mirada “consumista” y por ende “industrial-económica”, tendríamos que pensar que los organizadores están equivocados en su objetivo: ¿Cómo no querer masificar (miles de espectadores) y hacer de esto un “negocio” cultural?. Bueno, creo que justamente éste es el enclave donde se sitúan estas creaciones y este tipo de iniciativas. Podríamos incluso pensar: “un carabinero es más valioso que un ciudadano común”, dice el actual ministro de Hacienda, entonces, siguiendo esta línea ¿La Pequeña Gigante sería más valiosa que un performance realizado en una casa? Si creemos que son comparables, estamos absolutamente equivocados, ya que no tienen los mismos objetivos y son ambos, igualmente valiosos.

Una experiencia realizada en un departamento persigue objetivos relacionados con lo íntimo, con lo cotidiano, con un espacio y tiempo particular, con una audiencia voyerista e incómoda de estar un espacio privado y de propiedad particular…ese sillón es del propio artista, tiene una biografía y una materialidad vinculada directamente al que invita a la acción. No es una escenografía, no es sólo una locación, el espacio real de la acción se transforma en cuerpo, parte de la acción, los espectadores-audiencia se travisten por un tiempo determinado de habitantes (hábitat), el lugar pende de un hilo entre una violación a la privacidad y un espacio a la imaginación.

Según estos parámetros particulares, una de estas experiencias no sólo es “ira ver algo”, no permite sólo ponerse en el rol distante de un espectador, incluso nuestras propias acciones cotidianas pertenecen al accionar de la temporalidad, no es impersonal como un espacio lleno de miles de personas gritando por un cantante, no es un cine repleto de sonidos de cabritas, gritos o risas, no son dos mil personas corriendo tras una muñeca, son 20 a 30 personas en un espacio reducido, donde existen “encuentros” cómodos o incómodos, personales o distantes, entre la misma audiencia, no es el metro a la hora Peak determinado por el cierre de una puerta tras un pitido, son 40 minutos o una hora de acciones manipuladas, creadas, organizadas por un artista para que suceda o no suceda algo, incluso más allá de las planificadas Inesperadas, aburridas, asombrosas, absolutamente íntimas, expuestas, voyeristas, curiosas, morbosas, emocionantes, son las respuestas del público que va a Escena Doméstica.

Existen diferencias entre los mismas “piezas” compartidas este fin de semana.  Larraín ya ha realizado en muchas ocasiones acciones en sus propias casa y departamentos, he tenido la oportunidad de asistir a algunas, pero esta vez vemos una evolución en su trabajo, al parecer la misma índole del festival o su propio desarrollo como artista, ha mutado. Asistí a un diálogo, a una reflexión sobre qué hacer, cómo y por qué. Un intento complejo y personal de la artista en su propio departamento donde los asistentes fueron parte activa durante todo la experiencia. El segundo de…generó un teatro dentro de un departamento, un monólogo flotando en medio de una alfombra de cuero de vaca y botas vaqueras, apelando a ciertos convencionalismos del propio teatro: la identificación biográfica del “espectador”, fue mucho más interesante a mi parecer, subir los pisos sin luz o ver el río Mapocho desde el balcón, cosas que quizás no se incluyeron de manera consciente. El tercero, de Betania, se preocupó de perder al espectador en acciones simultáneas, objetos y mensajes escritos en diferentes habitaciones, pasillos oscuros, en una desarticulación que no permitía quedarse tranquilo en ningún lugar de la casa, acciones que no planteaban un recorrido, un caos a modo de puzzle mental de la propia creadora, que hacía eco a los happenings convocados hace unos años por la artista Isabel Torres en su departamento.

El valor de este tipo de prácticas, insisto, no está puesto en la “obra”, sino en la experiencia compartida con el público, y qué mas interesante que re-valorar la vivencia real (no virtual) de encontrarse con un desconocido en un espacio privado, intentando reconocer y observar algo, y a la vez observarnos a nosotros mismos en el acto. Es por esto que escena doméstica, a mi parecer, no es un festival de obras, es una acumulación de experiencias para los espectadores y artistas, es un festival de audiencias.

Mas información en: http://escenadomestica.wordpress.com/