La crudeza de "La vida que te di"

Por la plataforma virtual del Centro Cultural Gabriela Mistral se trasmitirá hasta el 3 de abril la obra “La vida que te di”, protagonizada por la actriz Amparo Noguera, con dirección de Cristian Plana y escrita por Carolina Rojas. Un texto inspirado en el testimonio de una madre (Eliana Pérez) cuyo hijo (Daniel) fue muerto en un centro de SENAME.
La misma Eliana, en un gesto simbólico como parte de un “juego”, autoriza a la actriz a interpretarla en el montaje, que además incorpora un extracto de la obra homónima del dramaturgo y Premio Nobel de Literatura, Luigi Pirandello. Así se inicia esta obra,

una creación cruda, fuerte, dramática y desgarradora que remece las emociones y provoca al espectador.
Las sensaciones de terror, miedo y hasta repulsión, son algunas de las que comienzan a aparecer luego del prólogo o presentación de la obra. Una máscara de la madre que representa muerte, desolación y agresión, nos trae sensaciones de inexplicable miedo pues, en largos casi 8 minutos, la máscara se muestra en primer plano colgada desde un armazón sin otra acción más que un texto en off con el relato de lo sucedido en voz de la madre.
Amparo usa luego esta máscara para apoderarse del cuerpo de una mujer dolida, perdida, triste: muerta en vida. Un texto sobrecogedor, con la actriz a ciegas en un momento, traspasa al público ese sentir doloroso de una madre por tratar de entender la muerte de su hijo, en un monólogo lleno de preguntas sin respuestas, de auto consuelos sin fundamento, de tristezas sin resolver.
Logro ver 3 momentos de esta desolada mujer en la obra: cuestionadora, tratando de responder todas las preguntas que llegan a su mente al darse cuenta de que su hijo no volverá, pero por otra parte gritando poder abrazarlo otra vez. Desolada, sin entender la ausencia de su hijo durante el resto de su vida, en una habitación con sus cosas intactas que la hacen recordarlo a cada instante, quedando al descubierto un roce de locura. Un tercer momento, desgarrada, reviviendo el último momento de su hijo además de abrazarlo y despedirlo, sin embargo, eso solo sucede solo en su mente porque no fue posible para ella acompañarlo en su agonía.
El momento que como espectador me remueve por dentro y por fuera, es cuando la actriz se despoja de sus ropas y toma el cuerpo de Daniel minutos antes de morir -lo entiendo como la imagen que la madre crea en su mente de aquel momento-. Allí relata con gran detalle aquel asesinato y logra hacernos imaginar paso a paso, y con escozor, cómo fue muerto su hijo. Emocionante situación hasta el final, cuando su cuerpo desnudo es rociado de un líquido rojo emulando sangre.
Con falta de iluminación y a ratos pixelada, me resulta de vital importancia que estas producciones teatro-audiovisuales tengan una preocupación por la calidad de la imagen pues, por ejemplo, no es lo mismo iluminar un teatro que una cámara de vídeo pues eso afecta la clara visibilidad.
Siempre es muy notable la actuación de Amparo Noguera, quien crea un personaje dramático cuya emocionalidad queda manifiesto en su corporalidad y despojo.

 

Coordenadas
Viernes 2 y sábado 3 de abril
Plataforma virtual de GAM