La memoria y los nuevos lenguajes arrasaron en Santiago a Mil

 

 

 

 

los_naufragos_de_la_loca_esperanzaCasi medio millón de persona disfrutaron de un festival donde el Théatre du Soleil fue lo mejor, y donde obras como "TECNICA MIXTA. Sin título", de la compañía peruana Yuyachkani, y "El año en que nací", coproducción de Santiago a Mil,  dieron en el clavo con lo que necesita nuestra sociedad.

 

 

Una variada programación que se extendió más allá del teatro a las artes visuales, intervenciones, música y cine, marcó la XIX versión del Festival Internacional Santiago a Mil, que se llevó a cabo entre el 3 y el 22 de enero.

Durante el encuentro se presentaron 67 obras, que dieron 302 funciones en salas y 91 en las calles de 16 comunas de Santiago y en las regiones de Tarapacá, Antofagasta, Coquimbo y Valparaíso. Además, el lunes 23 comenzó la extensión a la Región del Biobío, y siete comunas de Santiago también fueron sede del festival: La Granja, Lo Prado, Melipilla, San Joaquín, Santiago, Peñalolén y Puente Alto.

Fueron 480.500 personas las beneficiadas esta edición:370 mil corresponde a público de calle, 67 mil a espectadores en sala, y 40.500 a las actividades paralelas, como música, cine y exposiciones. Asimismo, tres mil personas participaron de los eventos especiales.

Lo mejor, qué duda cabe, fue “Los Náufragos de la Loca Esperanza”, del Théâtre du Soleil. Maravillosa obra de cuatro horas de duración, que legitima el placer de narrar y el trabajo en equipo. El otro punto alto es “El año en que nací”, obra dirigida por la argentina Lola Arias, donde once chilenos de distintas edades cuentan lo que es ser hijos de la dictadura. Emotiva, sanadora y un documento, que volverá a la cartelera en mayo (en el GAM).

KissCry_Credito_Maarten_Vanden_Abeele_2medium_teatro_elalmadelastermitas_normalLas obras belgas “El Alma de las Termitas”, teatro concierto de gran resonancia estética, y “Kiss& Cry”, mágica alianza de la tecnología con la danza y el cine, pusieron la vara alta en el campo de nuevos lenguajes escénicos. En esta área, Sobre la Cuerda Floja, de la compañía chilena Teatro Milagros, mostró muñecos perfectos combinados con stop motion, protagonistas de una obra que emocionó al más duro.

No se quedó atrás el grupo Yuyachkani, de Perú, que con “SINTITULO. Técnica Mixta”, convirtió la sala Agustín Siré en una especie de museo de la memoria peruana. Los actores/performers intervenieron el espacio con sus cuerpos, como testimonios de las víctima de la violencia que no pueden expresarse.

En teatro convencional se destacan las argentinas “Estado de Ira”, desacralizadora mirada a “Hedda Gabler”, y “Los Hijos se han Dormido”, reescritura de Daniel Veronese para “La Gaviota”, de Chéjov. La danza estuvo muy bien representada por el Cullberg Ballet de Suecia y sus dos obras, de muy diferente registro, y por Quiet, de Israel.

¿El lado débil? La selección nacional. Faltaron obras de gran nivel como “Orgía”, “La Violación de Lucrecia” e “Interior”, y se mostraron otras bastante débiles.