La fiesta inconclusa o el ocaso de la devastadora guerra

 

 

fabula1_“La fábula del niño y los animales que se mueren” es la versión libre de la tragedia griega “Las Troyanas”, de Eurípides, re-escrita por el poeta y dramaturgo ganador del Altazor 2011 Pablo Paredes (“Las Analfabetas”), puesta en escena por la compañía de teatro La Nacional dirigida por Isidora Stevenson (“HP-Hans Pozo” ), retomando la senda trágica contemporánea de su ópera prima “Little Medea” (2005).

La sala Patricio Bunster del Centro Cultural Matucana 100, parece una desolada playa después de la fiesta, la iluminación asemeja un nostálgico atardecer que pone en relieve la textura del desorden y destrucción que reina en el lugar. Un niño de aproximadamente 10 años (Vicente Salomón) sale de su escondite, disfrazado de animal, para golpear la piñata con forma de caballo en una sugerente secuencia de introducción al ocaso de la devastadora guerra entre griegos y troyanos, reconocida por el espectacular engaño de un caballo de regalo en cuyo interior habían “griegos disfrazados de vísceras”. En este escenario, las mujeres viudas pertenecientes a la nobleza de Troya esperan su destino de ser sorteadas como esclavas entre los griegos, siendo arrancadas de su patria dejando inconcluso el proyecto de país.

El diseño integral está a cargo de Juan Andrés Rivera y Felipe Olivares, más conocidos como Los Contadores Auditores y creadores de exitosas obras como “Los dinosaurios desaparecidos” y ”La tía Carola”, entre numerosos trabajos de diseño para otros colectivos. Revisitan y profundizan su estética vinculada a los años ´80, y esta vez la propuesta podría estar emparentada implícitamente con la película “Dónde viven los monstruos”, de Spike Jonze, por ejemplo en el disfraz del niño, la corona, la arena de playa o los suaves colores desteñidos, sin embargo, más allá de la mera cita estética se apoderan de esa nostalgia de la imagen y construyen cierta visualidad que nos remite a un pasado mejor, develando esa fiesta inconclusa en esta ciudad post conflicto. Los vestuarios juegan a los arquetipos clásicos presentes en las tragedias griegas, posiblemente reinterpretándolos desde la actualidad como tribus urbanas, tendencias o ideologías inacabadas que refuerzan su personalidad (hippie, anime, étnica, punk, oficinista), vestuarios deteriorados que además recuerdan que son las sobrevivientes de una cruenta guerra.

En toda tragedia griega hay un coro. El coro de cautivas presente en Las Troyanas es adaptado a un solo personaje, un hombre (Juan Pablo Fuentes). Su cuerpo toma formas de escultura griega, como un Apolo o un vencedor de juegos olímpicos, principales motivos en el desarrollo de la escultura en Grecia. El coro representa la voz del pueblo, directo, opinante, pero sin influencia, un coro semidesnudo, frágil, sumiso, en minoría constante. En su hablar se confunde reiteradamente el cuerpo como país, como patria, y estamos frente a cuerpos sufrientes que se lamentan ante la derrota, de sus proyectos, ideales, libertad y el fracaso ante la vida. En las palabras de Pablo Paredes la tragedia griega se vuelve un poema actual, contemporáneo, potentes imágenes verbales, metáforas y simbolismos interpretados con excelentes actuaciones, remecen la historia en un vaivén temporal que nos recuerda las guerras cotidianas, los proyectos inconclusos y el sufrimiento por las derrotas históricas. Igual que en la tragedia de Eurípides, deja a sus personajes varados en la costa a la espera de su incierto destino, pero no es una obra sobre víctimas y victimarios, sino que plantea a todos como vencidos. Vemos al victorioso Melenao (Iván Parra) desgastado, cansado, indeciso y perdido en el espacio, sus emociones revoloteadas lo hacen convertirse también en un derrotado, al igual que el contrariado personaje de Omar Morán, que debe informar y ejecutar las peores encomiendas.

Estamos en la tragedia post guerra y en este escenario las mujeres se vuelven protagonistas, mujeres de carácter, mujeres líderes, mujeres madres de otras mujeres, mujeres sobrevivientes en un mundo de hombres, en un mundo donde ya no están sus hombres, mujeres arrancadas de su cotidianidad para ser esclavizadas. Hécuba ( magnífica interpretación de Paly García) es la derrocada reina de Troya, en cada gesto e inflexión emocional vemos la fuerza de una mujer que no quiere claudicar, sin embargo, como ya no queda más por hacer, se mueve al borde del patetismo, la locura y la frustración. Cabe destacar también el personaje de Andrómaca (Manuela Oyarzún) como nuera de Hécuba, esposa del difunto Héctor y madre del niño condenado a muerte por temor a su futura venganza. Se presenta como una inmigrante, su naturaleza apátrida la hace fuerte, al ser sobreviviente de otras guerras enfrenta esta nueva situación con mayor entereza y frialdad, por tanto con mayor capacidad de adaptación.

En “La Fábula del Niño y los Animales que se Mueren” la fortaleza está en la atmósfera, composición construida con delicadas actuaciones, una sugerente adaptación poética del argumento trágico y un estimulante diseño de la visualidad. A momentos la obra se hace un poco extensa, quizás como una anacrónica tragedia griega o quizás porque expresa el trágico dolor de la pérdida y todo lo que tarda un cuerpo en asimilar la derrota. Y cuando digo cuerpo, al igual que en la obra, puede fácilmente confundirse con patria.

fabula3_COORDENADAS

Del 15 de Marzo al 15 de Abril 2012

Jueves a sábado 21:00 hrs / domingo 20:30 hrs

Centro Cultural Matucana 100 / av. Matucana n°100, Estación Central.

Entrada General $4.000 / Est. y 3era. Edad $2.500 / Jueves Popular $2.000