“La Sonata de los Espectros” Mentiras e Hipocresías: los espectros interiores

 

SONATA_DE_LOS_ESPECTROSUna segunda temporada de funciones de la obra “La Sonata de los Espectros”, de August Strindberg, está presentando la compañía Teatro del Terror en el Multi-espacio Ladrón de Bicicletas. Drama escrito por el autor sueco en el año 1907, es una de las últimas obras denominadas “piezas de cámara” escritas por el dramaturgo. La obra, conocida también como “La Cena de los Espectros”, cuenta la historia de un joven estudiante que luego de haber participado del rescate de personas en un incendio se encuentra al día siguiente con el viejo Jacobo Hummel, empresario que en el pasado había tenido problemas con su familia, supuestamente por préstamos de dinero. Hummel, pretendiendo compensar este supuesto daño que le habían causado, persuade al estudiante para que le haga un favor: conocer a una familia con títulos de nobleza en una ópera y visitarla al día siguiente, en la celebración de la cena de los espectros. Todo esto bajo la promesa que después lo convertirá en un hombre rico y famoso, por su heroísmo en el incendio. Sin embargo, lo que el viejo tramaba era un plan para desenmascarar a esta familia, compuesta entre otros por su ex amante, convertida ahora en una momia, y su hija enferma aún no reconocida, a quien devolvería la felicidad a través del estudiante, quien aún conserva los valores de la pureza y honestidad, extraños dentro de ese mundo de engaños y traiciones.

Si bien la obra respeta en líneas generales la estructura del texto en tres actos, el director Javier Ibarra realiza una adaptación del original, intentando darle un puente con una realidad más cercana, cambiando las referencias de Hamburgo, en el texto original, por Bolivia. La obra de Strindberg transcurre en un universo entre lo real y lo ficticio. Entre el mundo de los vivos y los muertos. Esta característica, muy propia de las artes ocultas por las que se interesó el autor a finales de su carrera literaria, se ajusta a la búsqueda que ha tenido la compañía del Terror a lo largo de sus creaciones. La dirección intenta conciliar este espacio fantasmal con lo propio de su estilo, y fortalecer las características operísticas de la Sonata, agregando musicalmente la fuerza de la ópera para realizar los cambios de actos.

A partir de un sugerente y atractivo comienzo que une efectos de humo, luz, y música, se abre una apuesta escénica más bien sencilla, sin decorados ni escenografía, sólo una banca de plaza que da pie a una primera escena; luego, a través de cambios lumínicos se deja ver un segundo espacio cubierto por una tela negra detrás del primer plano, que se va ocupando en distintos momentos durante el transcurso de la obra. Los propios actores ubican distintos muebles que dan pie al segundo acto, sacándolos luego, para dar paso al tercero.

Dentro del texto de Strindberg se destaca una característica dramatúrgica que tiene relación con un traspaso abrupto, sin transición, entre lo real y lo sobrenatural, que genera un desequilibrio entre textos de un carácter más bien cotidiano y familiar a esferas muy diferentes, relacionadas con mundos imaginarios, más allá de la vida, que incluso le otorgan un cierto grado de poetización.

Este desequilibrio textual es una dificultad con la que tiene que lidiar el montaje y termina siendo un escollo para su realización desde varios ámbitos (actoral-escénico- estético), los que no se alcanzan a desarrollar y a resolver durante el transcurso de la obra. La dificultad radica principalmente en el trabajo con un imposible (el mundo imaginario: momias, muertos, apariciones) que debe hacerse verosímil, y cuyo tratamiento pasa por las capacidades técnicas que puedan generar dicha ilusión y la manera de abordar el problema de su representación.

En este sentido, a nivel actoral los personajes creados se pierden en ese intermedio, y no son capaces de vivir las situaciones que ocurren en el presente porque los elementos que componen su realidad escénica no son verosímiles. Esto conduce a veces que le otorguen más importancia a que comprendamos como espectadores la intrincada anécdota de engaños y trampas, que a vivir la situación como personajes, provocando que se exterioricen las emociones, realizando un desempeño formal en los márgenes de la actuación. El dispositivo espacial y lumínico tampoco coopera a situarnos en este universo extraño, de atmósferas familiares e inquietantes, y que a la vez nos sorprenden por su exacerbada invención. La intervención en este ámbito se limita sólo a iluminar las escenas que van sucediendo y posicionarlas con objetos de poco valor significante. Esto resulta en que estéticamente se note un cierto descuido que no logra darle unidad al lenguaje, en donde se unen el texto, las actuaciones, la luz y el vestuario, aunque esto, reitero, es posible atribuirlo al texto que presenta este universo en entredicho un tanto indescifrable.

Un elemento que no se puede descartar es la aparición del absurdo en la obra, que en el texto resulta también algo indefinido y no se sabe si es buscado o no, pero que dentro de la puesta en escena transita en las fronteras grotescas del género de terror. Un absurdo que se hace presente en la construcción de los personajes bajo la forma de tipos: El amanerado, el alemán falso en el personaje del coronel, una cocinera gorda con cuchillos, el Don Juan, etc. Estos elementos humorísticos refrescan de algún modo esta historia que amenaza con el suspenso y con un mundo desconcertante.

Los temas de esta Sonata, como gustaba llamarle a sus últimas obras Strindberg en honor a la admiración que sentía por Beethoven, nos hablan del desengaño en un mundo de mentiras e hipocresías, y la búsqueda del amor sincero representado por la relación entre el estudiante y el personaje de la joven. El estudiante, como manifiesta en uno de sus textos al final de la obra, no puede ver la belleza en la fealdad, o la bondad en la maldad, realizando una crítica severa sobre el relativismo en la formación individual y social de las personas, atribuyendo esto a que el mundo en que vivimos nos es más que una condena a vivir entre el cinismo, el sufrimiento y la muerte, en donde los más astutos y ladinos son triunfantes en una sociedad que simpatiza con ellos.

También es interesante rescatar, en este mismo ámbito, la referencia que hace Hummel en la escena del desenmascaramiento sobre el uso del lenguaje, el que nos permite ocultarnos bajo el disfraz de la palabra, impidiendo que surja el silencio como un medio para descifrarnos, provocándonos miedo a escucharlo. A pesar de la referencia expresa presente en el texto con respecto a los silencios, en esta realización este punto no está del todo elaborado.

El valor atribuido a la bondad y la maldad no es extraño pensarlo dentro del trabajo que realiza el autor sueco, puesto que al final de su vida así como se acercó al ocultismo, conduciéndolo a creer en la existencia del infierno, también se acercó al catolicismo, en donde la salvación, la liberación y la redención de los hombres provendrá del reino de los cielos. No es de extrañar que su obra se vuelva antojadiza, y que siempre su creación estuvo muy ligada a su biografía atormentada y sufriente.

En términos generales, resulta ambigua la posición de la dirección frente a las dificultades representativas que la obra presenta. Aunque logra mantener el ritmo y la claridad de la narración, además de levantar un imaginario particular vinculado al acercamiento hacia el género de terror mayormente trabajado dentro del cine, los diversos estilos actorales en la que deposita todo el sustento escénico, sumado a la falta de recursos espaciales y la sincronía vinculada al texto, no se alcanza a percibir la unidad en el lenguaje escénico que muchas veces piensa como obvio las convenciones teatrales cuando en la práctica no lo son (como señalar alguna cosa o mencionar a alguien que supone estar en escena pero que en realidad no está ahí).

Podemos señalar, por último, que “La Sonata de los Espectros” es un trabajo diferente a lo que Javier Ibarra como director viene experimentando en sus últimas creaciones (“Saverio el Cruel”, “Clara”, “Sólo una Noche más”, entre otras). En esta ocasión se atreve a montar un texto con complejidades no tan sólo semánticas sino también representativas, además de contar con un elenco numeroso que destaca por el compromiso físico e interpretativo. Más allá de las apreciaciones sobre este trabajo en particular, la investigación en el lenguaje del terror despierta siempre interés y debe ser motivo de nuevas indagaciones y profundizaciones que dicha compañía debe tomar como reto.

SONATA_DE_LOS_ESPECTROS_1Coordenadas

“La Sonata de los Espectros”

Dirección y Adaptación: Javier Ibarra Letelier

Elenco: Camila Osorio, Javiera Osorio, Soledad Cruz, Macarena Béjares, María Luisa Vergara, José Luis Aguilera, Gastón Salgado, Ignacio de Vries, Carlos Aedo, Luis Alonso y Alejandro León

Diseño de Iluminación: Daniela Fresard Montero

Diseño de Escenografía: Daniela Fresard Montero

Diseño de Vestuario: Los Contadores Auditores

Música Original: Juan Carlos Valenzuela

Diseño Gráfico: Los Contadores Auditores

Producción: Carolina Díaz Díaz de Valdés

Técnico en sonido: Catalina Fernández

Ladrón de Bicicletas/Dardignac 0163 (Barrio Bellavista)

Funciones: De Jueves a Sábado del 22 de marzo al 28 de abril

21:30

$ 6.000 general y $ 3.000 estudiantes

Duración: 80 minutos aproximadamente