“Crave”, Ira e Impotencia en Escena

crave_1Cuando un actor tomó a un espectador del cuello y comenzó a zamarrearlo, algo cambió para siempre en el teatro británico de vanguardia. Nacía el estilo teatral llamado In Yer face T (algo así como "descarado y agresivo sin poder evitarlo”). La violencia explícita, el lenguaje soez, el sexo en escena y un componente marginal en los textos, sacudió los códigos del adusto teatro británico de los ´90. Las raíces de esta propuesta están, en gran medida, en Antonin Artaud (1986-1948), padre del llamado teatro de la crueldad. En esa corriente se inscribe la inglesa Sarah Kane.

De Kane -irascible y contestataria autora que, apremiada por sus fantasmas, se suicidó a los 28 años, el 20 de febrero de 1999-, acaba de ser estrenada “Crave”, en la Sala Taller 13, del complejo teatral de la Universidad Finis Terrae. El montaje está a cargo del colectivo La Frenética María Lolita, que dirige Felipe Rivera.

Crave es un texto que limita con los estratos más exigentes y arduos de la dramaturgia contemporánea, aquellos donde la palabra desnuda, violenta y furibunda, “ataca” sin piedad al espectador. El montaje, en tanto, es una propuesta muy experimental, desnuda de matices y ornamentos. Carece de concesiones y su eje lo dan sólo los notables textos que latían en la cabeza fogosa y violenta de este espíritu trastornado y rebelde que fue Kane.

En “Crave” se atreve a expresar sentimientos, emociones, latencias, locuras, divagaciones y visiones del amor y del odio. A través de un lenguaje soez y descarnado los actores disparan sus textos directo a la mente del espectador. Kane no escribe para principiantes (espectador con derechos) sino para un espectador paciente que –como ella- no vea, o no busque en el teatro divertimento, algo gracioso, o alguna frazada para apaciguar el frío existencial que conlleva una vida siempre al límite.

A revés, “Crave” provoca y duele porque carece de piedad, ataca durante una hora, sin descanso. A la autora le gusta ver en escena el brillo saturnino que acarrea la existencia del ser humano.

En un aula de trabajo los actores –dos mujeres, dos hombres- se sientan durante toda la obra en cubículos de colores, de distintos niveles, rodeando las 40 personas que caben en la sala sentadas en bancos sin respaldo. Cada actor lanza sus textos, o los escupe, ya sea contestando o atropellándose entre ellos, son palabras que salen maceradas con el fuego de esa ira salvaje que la autora usó como segunda piel. La vida en pareja, el engaño, los miedos, la soledad, la debilidad de la naturaleza humana que impide amar, son algunos de los tópicos que manan de “Crave”.

Claro que la melodía visceral de los textos de Kane es tan agobiante que uno acaba rendido, tanta balacera aturde temprano al espectador, estar atrapado entre cuatro torretas de fusileros que disparan sin cesar, verbos duros y filosos, cansa, mengua la resistencia general de los sentidos, especialmente la capacidad de observación.

Lo estático y plano del montaje contribuye a esta baja en la atención. Faltaron matices, faltó acompañar con más imaginación y arrojo la música cruel de los textos de Kane. Felipe Rivera –el director- quedó embelesado con el mundo de la autora y apostó por no apartarse ni un ápice de la fría consistencia de esta dramaturgia, ígnea y gélida al mismo tiempo.

En una ocasión un crítico dijo que Kane “traduce lo intraducible de su enfermedad en palabras”. Excelente observación. Se lee “traduce”, justamente lo que no quiso hacer el director (solamente “leyó” a Kane), ya que fue escaso su empeño en dotar de más carne teatral a esta densa obra, primó mucha cordura para con la autora. Toda exploración de parte de nuestra naturaleza psicológica (“lo intraducible” según apunta este texto) es el paso de un lenguaje a otro, en el caso de la autora, ella “tradujo” sus locuras a un texto dramático. De un montaje se espera lo mismo.

Lo mejor de “Crave”, (además de la potente y sutil música de Gepe) son los actores. Carolina Cox, Francisco González, Daniel Riveros y Javiera Valenzuela, conformaron un cuarteto altamente disciplinado, actores dóciles, muy conectados entre sí. Ellos tuvieron el coraje de no seguir a Kane, sino de enfrentarla, dándole cabida en ese salto a sus propias “traducciones”. Es por esa razón que logran esa altanera disposición actoral durante la obra. Además, poseen un excelente dominio vocal, con matices y buen volumen logran encender en el espectador la flama “Kane” que tanto duele pero que es tan necesaria.

 

Ficha Técnica:

“Crave”, de Sara Crave

Compañía La Frenética María Lolita

Temporada del 18 de agosto al 9 de Septiembre.

Funciones viernes, sábados a las 21:00 hrs y domingo 19:30

Dirección y puesta en escena de Felipe Rivera

Actúan Carolina Cox, Francisco González, Daniel Riveros, Javiera Valenzuela

Música Original de Gepe

Diseño escenografía: Luis Balmaceda

Diseño Vestuario: Felipe Rivera

Iluminación: Luis Balmaceda, Felipe Rivera

Producción: La Frenética María Lolita

 

crave_2Coordenadas

Teatro Universidad Finis Terrae, Sala Taller 13

Capacidad sala: 40 personas

Valor: $5000 General / $3000 Estudiantes y 3era Edad.

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