Cinco Espíritus más Vivos que Nunca

Luzmira, Floridema, Orfelia, Zelmira y Bertina son cinco hermanas fallecidas y atadas a este mundo por un deseo no cumplido. Felices habitan una casa abandonada en Talagante, hasta que aparece un huaso que se enamora de la menor de ellas. Así va la historia que Alejandro Sieveking escribió a fines de los años 50, y que volvió con todo su encanto al Teatro Antonio Varas.

El primero en darse cuenta de la magia de la obra fue Víctor Jara, quien se la pidió a Sieveking para rendir con ella su examen de egreso como director en 1961. Un año después, el mismo Víctor la dirigió para el Ituch.

Ahora, transcurridos cincuenta y un años, le tocó la tarea de director a Nelson Brodt, quien ha demostrado asertividad en la

dirección de obras con temáticas chilenas (“Pide tres Deseos”,“7 Golpes de Arena”) quien escogió a reconocidas actrices como Mónica Carrasco, Carmen Disa Gutiérrez, Yany Núñez y Jacqueline Boudon para las ánimas más viejas.

Lo que más impresiona es la frescura del texto y la ingenuidad de la trama, que avalan el que sea considerada una piza cumbre del costumbrismo chileno. El humor es blanco y amable, revisa una chilenidad esencial, que no se relaciona con la chicha y menos con el uso de palabrotas.

En la versión de Brodt destaca Mónica Carrasco como Luzmira, la más habladora de las hermanas. La actriz trabaja el tono campesino con impresionante naturalidad, sin caer en exageraciones de ningún tipo. También hace un gran aporte en ese sentido Carmen Disa Gutiérrez, pese a que sus intervenciones son menores. Las otras hermanas entregan decidores detalles, como la picardía de Jacqueline Boudon en su cueca con el joven visitante y los guitarreos de Yani Núñez.

Los jóvenes, el enamorado Eulogio y Bertina, dan con la nota de inocencia necesaria para hablar de promesas de amor eterno, aunque Paloma Toral, Bertina, presenta ciertas inconsistencias. La escenografía de Guillermo Gangas, que recrea un retablo con tintes naif, cumple con generar una atmósfera de ensueño.

Hay un solo punto que rompe la magia: la aparición del clown Oscar Zimmermann travestido como la vieja Vicenta, en una caracterización gruesa que desentona con el total y rompe el equilibrio planteado por el dramaturgo. Claramente no era necesario incluir este elemento extraño al espíritu de la obra.

 

COORDENADAS

  • Teatro Antonio Varas

  • Jueves, viernes y sábado 20 horas.

  • $6000 y $3000