Teatro Japonés de Vanguardia: Sorprendente Dispositivo Escénico

“Puntos, líneas y el cubo. El mundo y los otros en el cubo que brilla”, concebida y dirigida por el joven creador japonés Takahiro Fujita, es un gran acierto en la programación internacional del GAM. No sólo porque nos acerca lo que está haciendo la nueva generación teatral en Japón, sino también porque permite que el público chileno vea un teatro contemporáneo de vanguardia, de excelente factura y mejores resultados.

Más allá de las calificaciones, aunque podría inscribirse en el llamado teatro posdramático, la puesta en escena ofrece una visión existencialista y poética de la diversidad de puntos de vista sobre un suceso ocurrido hace más de diez años y protagonizado por adolescentes de un pueblo pequeño. La

obra también da cuenta del devenir presente esos chicos, a través de vertiginoso saltos espacio- temporales.

Su narración, fragmentada y simultánea, parte con un texto metafórico que demostrará su sentido a medida que transcurre la obra. Luego de ese inicio, se sumerge en los acontecimientos cotidianos acaecidos a los personajes luego de que fuera encontrada muerta en un río una niña de tres años. Una chica, Aya, decide abandonar la escuela e irse a acampar al bosque sin importarle la cercanía de la graduación. Sus compañeras y compañeros la van a ver y, curiosos e intrigados por su decisión.

El escenario es una especie de instalación por donde se pasean los personajes. Hay micrófonos, la carpa de Aya, bancos y diversos objetos pequeños que son mostrados por una cámara en una pantalla. Las acciones son múltiples y simultáneas. No hay una historia lineal, sino diversas situaciones pasadas contada a través de las visiones de cada uno de los personajes. Cada uno de ellos aporta un punto de vista, un lado, de lo vivido hace una década. Los momentos de cada uno se repiten insistentemente. En muchas de las reiteraciones, que generan un estado particular en el espectador, hay un pequeño detalle que la hace distinta a la otra.

La dirección de Fujita crea un complejo mundo, tanto desde el punto de vista del dispositivo que instala en el escenario como también pensando en el trasfondo vivencial que ofrece. Al final el espectador consigue irse con una historia, no lineal pero concreta, y también logra percibir el delicado paso de la adolescencia a la juventud que tanto duele a los personajes. Pese a lo no convencional de la puesta, la emoción está presente y se traspasa a la platea.

Además, en “Puntos, líneas y el cubo. El mundo y los otros en el cubo que brilla” puede encontrarse una conexión con el pensamiento japonés contemporáneo, presente en escritores como Murakami o Banana Yoshimoto.