Un "Jardín de los Cerezos" que le Hace Justicia a Chéjov

Muchas son las  aberraciones escénicas que el teatro contemporáneo comete en nombre de Anton Chéjov. Pero Héctor Noguera y “El Jardín de Cerezos”, como llama a su puesta de la máxima obra del autor ruso, hace justicia a la profundidad y  solidez del texto. En cartelera en el Teatro Camino, son varias las razones por las que hay que verla.
Noguera no quiso cercenar la pieza ni sintetizar personajes, por eso hay 13 en escena, que cuentan con el apoyo de seis figurantes. Es así como el público conocer el derrumbe de la aristocrática familia que está a punto de perder su jardín de cerezos a través de sus propias palabras

 

 y también en la boca de sus criados y amigos que visitan la mansión. Esto permite que el mundo, a veces patético y otras risible, que Chéjov quiere develar, se comprenda desde variados puntos de vista.
Con todos los personajes a su disposición, la mano de Noguera es austera y limpia para guiar el conflicto existencial de los protagonistas. Trabaja un realismo psicológico que permite que los textos surjan verdaderos, y respeta la naturaleza de los personajes al punto de hacerlos aparecer como seres humanos en el escenario.
Es así como hay excelentes interpretaciones, partiendo por Amparo Noguera como Liuba, la aristócrata que derrocha su fortuna en París y madre de una hija adolescente y de otra adoptada que oficia como ama de llaves. La actriz consigue el tono justo para retratar a esta mujer nerviosa, triste y alejada de la realidad, desplegando el talento interpretativo que le conocemos.
También destacan Taira Court como su rigurosa hija adoptiva, quien sabe componer a una mujer que se ha hecho cargo de que funcione la casa pese a la falta de conciencia de su madre y tía. Austera y poco dada a la risa, sufre por el amor de Lopajin, bruto campesino que ha amasado una fortuna y que se encarna perfectamente en Marcelo Alonso.
Cristián Campos sorprende lejos de todos los roles que le vemos en tv. Interpreta al hermano flojo y hablador de Liuba, a quien nadie toma en serio y que nunca ha trabajado.  En tanto, Ricardo Fernández  (el torpe contador) y Juan Pablo Miranda (profesor y estudiante eterno) entregan sólidos personajes en un registro distinto al que manejan habitualmente.  Carolina Arredondo luce encantadora como la joven sirvienta. Sólo Rodrigo Pérez escapa del realismo para entregar al viejo siervo que no quiso ser libre y que aún se preocupa de sus amos, en una  creación de personaje que se convierte en el punto de fuga del realismo de la puesta. Por momento resulta disonante a en relación al resto de los personajes.
Otros atractivos son el delicado vestuario de Pablo Núñez, ambientado en 1912, y el mundo sonoro propuesto por Diego Noguera. Sus evocaciones auditivas logran evidenciar el derrumbe que se esconde tras la aparente ligereza de los personajes.

Coordenadas
Teatro Camino (C Ecológica de Peñalolén)
Viernes a Sábados 21hrs / dom. 19.30hrs
$7000 y $3000