Dos Visiones de "Historia de Amor"

Claramente, la última entrega de Teatro Cinema, "Historia de Amor", no deja indiferente ni al espectador lego ni al iniciado en las artes escénicas. Su gran complejidad técnica, la oscuridad del tema tratado y cómo se desarrolla, sumados a la experimentación con las convenciones y los límites del teatro, hacen de ésta una obra provocadora. Hay quien la rechazará por la tecnología que pone en escena, otros la admirarán por lo mismo. En todo caso, guste o no, nadie quedará indiferente ni puede negar el enorme trabajo del enorme equipo que la sustenta. Hay un intento por conciliar diversas disciplinas, por unir sudor y pantalla, por hacer teatro con elementos cinematográficos. A continuación dos

puntos de vista diferentes, que centran su análisis en diversos aspectos de "Historia de Amor". Ojalá usted la vea y aporte el suyo propio.

 


La Perturbadora y Asombrosa Obra de Teatro Cinema
Por Marietta Santi

Un hombre y una mujer atrapados en una relación enferma, donde el amor se reduce a golpes, ataques sexuales y violencia psicológica. Así son los protagonistas de “Historia de Amor”, última entrega de Teatro Cinema basada en la novela homónima del francés Régos Jauffret.
Seguramente esta obra hecha de manera realista no habría sido soportable. Es la tecnología de punta, que la compañía combina muy bien con los actores, la que permite distanciarse del horror que se muestra. Esta vez no se trata de cine, sino de cómic. En escena hay una mezcla de imágenes en  2 y 3D en blanco y negro, que crean el fondo para las escenas que Bernardita Montero como Sofía, y Julián Marras, como un desquiciado profesor de inglés, interpretan.
Lo primero que abisma es la precisión. Los seres humanos están perfectamente insertos en una ciudad dibujada a trazos certeros, sin exceso de detalles. Maravilla ver cómo el protagonista se sube a un auto dibujado, donde asoma su cabeza en la ventanilla, o se apoya en una pared de ladrillos hechos a lápiz. Así, el acoso y las violaciones que este psicópata infringe a su aterrada víctima son suavizadas, mediatizadas,  por el cómic.
De todas formas, el resultado es oscuro. El viaje de Teatro Cinema es desgarrador y permite reflexionar sobre lo enfermos que podemos estar los seres humanos.  También habla de la soledad, ya que nadie ayuda a Sofía a zafarse de su prisión. Nadie la contiene, no hay redes de apoyo que sugieran terapias o le hagan ver que está presa de una relación enferma.   
A nivel teatral, no hay duda del excelente desempeño de Bernardita Montero y Julián Marras. Este último, además, lleva el peso de la narración a nivel de texto, siempre en  primera persona. Su performance es intensa y agotadora, ya que deben coordinar sus cuerpos con la técnica junto con interpretar a sus personajes. No es posible pararse simplemente en el escenario, hay que actuar, poniendo en jaque una fisicalidad mayor, un estado corporal que hable por sí solo.
El cuestionamiento surge porque “Historia de Amor” rompe con casi todas las convenciones teatrales. Una visión purista no la llamaría teatro por la gran presencia tecnológica, sin embargo está clarísima la importancia del elemento actoral. Sin Julián y Bernardita no se puede contar la historia, ellos no son reemplazables. Al contrario, son indispensables.
Surgen preguntas, claro está. ¿Hasta dónde puede usarse la tecnología en el teatro? ¿Cuándo el artilugio es un lastre para contar una historia? Si el teatro es un arte escénica donde cada función es única ¿sucede lo mismo con tanta tecnología presente?
La reflexión es inherente a “Historia de Amor”. Verla, disfrutar y luego poner a funcionar el pensamiento analítico es una sola cosa. Lo que, claramente, nunca está demás.

“Historia de Amor” o el Desgarrador Triunfo del Cine
por Willy Haltenhoff

En todo combate entre el audiovisual y el teatro, salvo excepciones, sale perdiendo el teatro. Se trata de la honda contra el tanque. Si los efectos especiales venidos del mundo del cine no están al servicio de una historia, como sucede en esta pieza, una de las fuerzas supera a la otra con creces, la subyuga, la desdibuja. Lo que emerge del escenario-pantalla del último estreno del grupo Teatro Cinema, es tan apabullante que lo restante -en este caso una unívoca e inercial historia de amor corporizada por dos actores-, no alcanza nunca a tomar el ritmo de los inagotables efectos con que la maquinaria audiovisual ametralla la percepción de los espectadores…de teatro.
Algo así sucede con  “Historia de Amor”, de Regís Jauffret, pieza que cierra la trilogía compuesta por “Sin Sangre” y “El Hombre que Daba de Beber a las Mariposas” del colectivo Teatro Cinema. Con el ya desaparecido Grupo la Troppa, Juan Carlos Zagall y Laura Pizarro (hoy inmersos en un vastísimo equipo multidisciplinario) cultivaron un estilo que mixtura técnicas del cine y del cómic con el teatro, con resultados asombrosos. Se trata de espectáculos facturados con tal calidad, que los pone a la vanguardia en este tipo de experiencias.  En “Historia de Amor”, lo primero que salta a la vista es la pesada carga que le adjudicaron al actor protagonista –son sólo dos personajes en escena- Julián Marras, quien se vuelve un relator omnisciente que va desgranando su enfermiza pasión por una mujer durante las dos horas que dura la obra. De a poco este extenso monólogo se vuelve un agobiante discurso que, irremediablemente, se vuelve una camisa de fuerza para el propio actor quien, al ser tan pesada la carga que sobrelleva (narra su historia, la de ella, los pliegues del conflicto y demás pormenores) hay tramos donde naufraga, habla muy rápido, se atropella, enuncia los textos de manera mecánica, con desaliento.
A ratos Marras exhibe la extrañeza de una soledad actoral superlativa, perturbadora, ya que es casi imposible estar dos horas “hundido” en una extraña película llena de trucos y efectos especiales sin perder fuerzas, sin desfallecer o perder el sentido teatral del relato como eje dramático. Actuar dentro de un serie de fotogramas no debe ser para nada estimulante, por ello Julián Marras se transforma, al correr de la obra, en un ente fílmico, seudoteatral y sobrexigido, una parte más del pesado engranaje cinéfilo que despliega “Historia de Amor”.
A ello se suma que el personaje femenino, rol que interpreta Bernardita Montero, posee una débil presencia actoral, una apariencia más bien fantasmal, etérea, es tan liviana su corporeidad teatral (casi no habla) que da la impresión de ser sólo una extensión mental del protagonista, un hilo más de la espesa fantasía patológica que moviliza al personaje que interpreta Marras. Tal elección nos parece un gran error de diseño dramatúrgico, a la vista de los resultados, pues ahonda más el desequilibro entre la ya deteriorada debilidad teatral que presenta el montaje, provocando que los recursos audiovisuales  cobren una portentosa prevalencia.
“Historia de Amor”  resulta ser un curioso ejercicio de cinematografía teatral con un actor que se “cuela” cada vez que puede en medio de fondos y composiciones digitales, filmaciones y animaciones 2D y 3D, efectos visuales y sonoros venidos del cómic, además de una atinada banda de sonido.
Da la impresión que los proyectos de Teatro Cinema se van tornando cada vez más saturados de ambiciones tecnológicas. Su norte es sumar todo lo que el cine moderno pone a su disposición, esa suma implica, tácitamente, resta de lo teatral, menoscabo de lo actoral, ya no hay escenas sino mucha película, ya no actores, sino fragmentos de actores, ya no espacio ni silencios, ni sombras ni luces, sino mucho cine, del bueno…pero agobiante. 
Rescatamos muchos instantes donde prima una soberbia eficacia tecnológica, especialmente los momentos cuando se juega con distintos planos de profundidad, o cuando sinuosas perspectivas dan al relato un ritmo y velocidad inquietante, o cuando la sucesión de cuadros imita a un cómic dando a la historia un sentido de relato de revista. Todo aquello deja alelado a los espectadores, por tanto, “Historia de Amor”, como tal se vuelve imprescindible de ver ya que es una experiencia inédita, única en nuestro medio y en el mundo.

Ficha
"Historia de Amor", de  Regís Jauffret
Dirección: Zagal. Funciones: hasta el 11 de agosto. Miércoles a domingo 20:00 hrs.
Elenco: Julián Marras y Bernardita Montero. Dramaturgia: adaptación de la novela homónima de Régis Jauffret
Adaptación: Juan Carlos Zagal y Montserrat Quezada. Dirección de Arte: Laura Pizarro y Vittorio Meschi..
Diseño Integral: Vittorio Meschi, Cristián Mayorga, Luis Alcaide.
Música Original: Juan Carlos Zagal.
Dirección Multimedia: Montserrat Quezada.
Diseño de Iluminación: Luis Alcaide.
Diseño Banda de Sonido: Matías Del Pozo.
Story Board: Vittorio Meschi, Abel Elizondo.
Asistencia de Dirección: Montserrat Quezada.
Asistente de Diseño integral: José Manuel Aguirre.
Diseño y programación Multimedia: Mirko Petrovich.
Dibujo y Modelado 3D: Vittorio Meschi, Max Rosenthal.
Animación y Post Producción: Ilana Raglianti, Sebastián Pinto.
Operador de Iluminación: Luis Alcaide.
Operador de Video: Montserrat Quezada, Lucio González.
Sonidista: Matías Del Pozo.
Realización escenográfica: Juan Pablo Cuevas, Ariel Medrano, Claudio Videma (Teatro UC).
Encargado de Proyectos: Dauno Totoro.
Producción General: Guillermo Gallardo.
Gestión Internacional: Loreto Araya.
Coproducción: Teatro Cinema, Fundación Teatro a Mil, Teatro UC. Productor Delegado en Francia: Scène Nationale de Sète. Mediapartner: Litoral Press. Auspicio: Fondart Excelencia 2013 y Institut Français de Santiago. Con el apoyo: Festival Internacional de Edimburgo.
Restricciones: Recomendada para mayores de 16 años. Escenas de carácter violento, se sugiere responsabilidad compartida.


Coordenadas

Teatro U.C (Jorge Washington 25)
hasta el 11 de agosto
miércoles a domingo a las 20:00 horas
$8.000 general; $5.000 tercera edad, estudiantes y convenios; $4.000 miércoles populares.