“La madre del cordero”: Al rescate del encanto popular

Tímidamente, el montaje “La Madre del Cordero”, en cartelera hasta el 2 de noviembre en el teatro Sidarte, ha logrado un público en medio de la sobreabundante cartelera teatral santiaguina. La puesta en escena, de la Compañía de Teatro y Música La Oruga, la misma de “Marchitos” (2006) y “Grasa” (2007),  obras distinguidas en las versiones sexta y séptima del Festival de  Nuevos Directores Teatrales, es capaz de seducir a un espectador transversal gracias a su encanto popular y al dinámico mecanismo escénico de que hace gala.
 
La Madre del Cordero

Inspirado en los poemas- canciones del reconocido Tito Fernández,  Carlos Huaico Gárate (autor y director) crea una especie de musical chileno, que rescata con sencillez y encanto la realidad del hombre y la mujer de campo, desde sus precariedades hasta sus juegos y sus usos cotidianos. Sin escenografía  más que algunas sillas, ni utilería más que escobas o pelotas, los actores  generan una acción que no da tregua y que tiene en sus cuerpos, como elementos que dibujan y componen  el espacio, su principal soporte. El segundo elemento sostenedor es la música, interpretada en vivo por  tres músicos  (un acordeón y dos guitarras), y el canto, responsabilidad de los músicos y de los mismos actores. ¿El resultado? Una obra que fluye sin baches y que encanta.

La anécdota es simple: un peón de fundo, Venancio (Gastón Salgado), se enamora de la hija del patrón, la niña Rosa (Maite Rodríguez). Entre juegos adolescentes surge el romance, que se detiene forzosamente  cuando ella debe partir a estudiar a la capital. Venancio entonces intima con Margarita (Pamela Alarcón), una compañera de juegos infantiles, pero no consigue olvidar a Rosa. Cuando ésta regresa, el amor se consuma.  Pero  surgen también los prejuicios que hacen que el patrón amenace con botar del fundo a Venancio y también a su padre, un leal trabajador. El final es como en la canción: Venancio decide raptarse a la niña Rosa y terminar así con los problemas.

Durante la hora y quince minutos que dura la obra aproximadamente, hay momentos muy logrados de teatro musical, como cuando Venancio reflexiona entre su gran amor Rosa, y la mujer que lo ama, Margarita, y todo el resto del elenco canta “Cómo quisiera decirte” , de Los Ángeles Negros. Una coreografía mínima y mucha intención poética brindan la atmósfera precisa.
Sólo hay dos escenas que escapan de la línea general: la del prostíbulo, que resulta larga y desordenada, y  cuando Rosa baila con su padre y se insinúa un posible abuso sexual. Lo último no tiene antecedentes y tampoco consecuencias, quedando como un cabo suelto en el relato general.
Los personajes protagónicos están muy bien elegidos (Margarita, Venancio, Rosa), ya que los actores cumplen no sólo con el cásting sino con el tono emocional requerido.
Hay que decir que los integrantes de este grupo provienen mayoritariamente de Talagante, y que muchos de ellos entraron a estudiar formalmente teatro después de actuar en el grupo. En la comuna han desarrollado la vertiente de investigación teatral, el área infantil y el uso de la disciplina escénica como herramienta social.


 “La Madre del Cordero”

Autor y Director : Carlos Huaico Gárate
Compañía: La Oruga
Sala Sidarte, Ernesto Pinto Lagarrigue N° 131, Barrio Bellavista
Teléfonos: 7771966 – 777 10 36
Horarios: Jueves a sábado 20:00 horas, domingo 18:00 horas.
Precios: General: $4.000.-/ estudiantes y tercera edad $2.000.-/ Jueves y domingos populares $2.000.-
HASTA EL 2 DE NOVIEMBRE