"Opening Night": Magnífico Juego de Realidades

No importa si admiras o no a John Cassavetes, o si te gusta o no el cine, un espectador sensible al buen teatro no puede quedar indiferente frente a “Opening Night” (función de estreno), versión teatral del belga Ivo Van Hove para la película homónima, estrenada en 1977.
La acción se sitúa en los últimos ensayos para el estreno de un montaje interpretado por una gran actriz, Martly Gordon, que tiene como eje la juventud perdida de su protagonista. En escena se mezcla la ficción del ensayo de la obra, con la cruda realidad. Martly, magistralmente interpretada por  Chris Nietvelt, una diva neurótica

y con pánico a envejecer, debe actuar con su ex marido a la vez que manipula a su director.
Los protagonistas actúan para dos frentes: hacia el público de la sala cuando se trata de la realidad, y hacia el que está sentado sobre el escenario cuando están actuando la obra. Lo que se traduce en capas y capas de verdad y representación.
Mientras todo esto sucede se filma un documental, por lo que siempre hay cámaras que transmiten diversos planos de las situaciones a pantallas, grandes y pequeñas, dispuestas hacia el público. Es decir, al teatro dentro del teatro se suma el ángulo del cine, que aporta la problemática de lo virtual.
La pieza retrata no sólo el grado de distorsión a que pueden llegar los seres que, como los actores, trabajan con su material interior diariamente. También es el fresco de situaciones comunes y corrientes como el miedo a las arrugas, la mala relación con las ex parejas, el difícil manejo del ego y los conflictos de poder que surgen en todos los trabajos.
El final, curiosamente, es con las pantallas apagadas y sin el artificio de lo teatral: simplemente la conversación entre Martly y su ex marido, luego de un difícil estreno. Este momento contiene una hermosa metáfora referida a la magia de la simplicidad, del ser real, lejos del artificio.
Durante la dos horas y media, que se pasan volando, hay que decirlo, se aprecia un timing que no para jamás. Las escenas fluyen sin contratiempo y todo funciona como reloj, aunque lo que más impresiona es el gran trabajo actoral de la compañía. Todos en una cuerda realista, sin histrionismos innecesarios, hacen reír y emocionan.

 

 

Coordenadas
Teatro Municipal de las Condes
8 de enero 20h
Todavía quedan entradas