Teatro popular, que entretiene y hace pensar

“Historias Para ser Contadas”, que acaba de terminar una temporada gratuita en la Casa Delia del Carril, es una entrega más del prolífico director Mauricio Bustos (“Por Encargo del Olvido”, “Toda Esta Larga Noche”, y los espectáculos familiares “La Bella y la Bestia”, “Alicia en el País de las Maravillas”). Esta vez incursiona en el teatro popular, ése que nace de la combinación de comedia del arte, circo y juglaría que tan bien manejó Andrés Pérez Araya, con actores que cantan, tocan instrumentos, hacen reír y son encarnaciones de las expresiones populares.

Historias Para Ser Contadas
                    Historias para ser contadas

El grupo se llama Observatorio Popular, porque sus integrantes, cinco actores, son una troupe de comediantes que deambulan recopilando las historias que entregan al público. Esta vez, las historias que cuentan son una adaptación de la obra del dramaturgo argentino Osvaldo Dragún (1957), quien se caracterizó por rescatar el sentir popular y escribir textos críticos de la relación hombre-sociedad.

La puesta en escena está compuesta de un prólogo y cuatro historias: “Historia del mono que se convirtió en hombre” (de cómo la civilización transforma nuestros orígenes), “Historia de una carie, una mujer y dos hombres”(un pobre vendedor de cabritas que no puede vocear su mercadería por una carie que le inflama la cara), “Historia de cómo nuestro amigo Panchito González se sintió responsable por la epidemia de peste bubónica en África del Sur” (tragedia de un hombre que transa sus valores más esenciales y manda latas de carne de rata a África con la excusa de que lo hace “por su familia”) y, finalmente, “Historia del hombre que se convirtió en perro” (muestra a un obrero que sólo consigue trabajo como perro guardián de una fábrica, siendo humillado por sus patrones).  Todas ellas tienen en común una mirada crítica hacia sistema de libre mercado, que deshumaniza y vuelve al hombre parte de un engranaje donde no importan los sentimientos ni el sufrimiento individual, sino el funcionamiento macro del sistema. No importa a qué costo.
 
“Historias Para ser Contadas”                      “Historias Para ser Contadas”

La opción del teatro popular permite que estos cuentos, aunque muestren situaciones extremas y por ello absurdas, no se conviertan en panfletos sobre la opresión ni que su mensaje moralizante agobie al espectador. Lo lúdico de la puesta se complementa con lo ácido del contenido, en un acertado ejercicio de dirección.

En este montaje no hay más escenografía que la que proporciona el cuerpo del actor. Unas maletas se convierten en elementos tipo lego para los comediantes que se transforman, cambiando de rol, ante los ojos del público. Por eso, la coreografía y el uso del espacio de convierten en uno de los grandes plus, aunque en algunos momentos (escasos, eso sí)  sea redundante.

A nivel actoral, el grupo (Isadora Maccioni, Katia Araya, Pablo Teillier, Claudio Soto, Pablo Zabala) despliega una gran energía, que desborda el escenario y contagia a los asistentes. Claro que el desempeño masculino es superior al femenino, al mostrar mayores sutilezas en los diversos personajes que encarnan además de una presencia escénica más rotunda.

En todo caso, “Historias Para ser Contadas” se constituye en un espectáculo lúdico, entretenido y contundente en términos de contenido, una mezcla más que feliz para nuestros escenarios.

Historias para ser Contadas