Un potente texto para una puesta no acabada

Bajo Hielo”, del alemán Falk Richter (40), forma parte de un proyecto titulado El Sistema, que surge frente  los sucesos ocurridos el 11 de septiembre de 2001 y  la consiguiente invasión norteamericana a Afganistán, apoyada por el gobierno alemán.  Richter, el mismo autor de Electronic City (acá la vimos en la versión del grupo La Puerta y la dirección de Luis Ureta) propone en “Bajo Hielo” Bajo Hieloun texto seco, verborrágico y deshumanizado, en el que tres personajes hablan sobre el ser eficientes y funcionar. Ellos son asesores de empresas, empeñados en rendir al máximo y enseñar a otros a hacer lo mismo. El mayor, Pablo Nadie, interpretado por Daniel Muñoz, en largos monólogos da cuenta de su infancia y su sentimiento de abandono. Los otros, los más jóvenes,  Carlos Brillo de Sol (Néstor Cantillana) y Aurelio Espejito (Gonzalo Muñoz Lerner) en sus parlamentos destilan superioridad en el tema de cómo ser más eficientes para el sistema. Entre ambos no se da una verdadera conversación o diálogo como suele entenderse, más bien es como si se continuaran los textos  párrafo a párrafo uno a otro. Hablan en el idioma del consultor, salpicado de términos en inglés como “high speed jump started”, “drive”, “box-tool”, “exposure”, entre muchos otros, que le dan a sus palabras un temple arrogante.

La pieza muestra lo alienados que están los personajes, lo vacíos, lo solos, lo deshumanizados; sin vida privada, sin afectos, poniendo las palabras “rendir” y “eficiencia” antes que sentir o amor. Pablo Nadie, el mayor del trío, aniquilado y expulsado del sistema finalmente, es el único que transmite el dolor de, como su nombre lo grita, haber dejado de ser persona para convertirse en nadie.

El montaje, dirigido por Heidrun Breier, con dramaturgismo de Bajo HieloMauricio Barría (hay cambios en el orden de los textos y en quién los dice en relación al original), se instala en la sala del Goethe Institut. Sin mayor escenografía que las mismas sillas de la sala dispuestas de una manera inusual, dejando pasillos para que transiten los intérpretes, la directora sumerge al público, mayormente incómodo por su especial ubicación, en medio de la acción que no es otra que el trío actoral desplazándose de un lado a otro. Proyecciones indescifrables en las paredes enfrentadas en ambos lados de la sala, y el lanzamiento de cientos de bolitas de vidrio, que corren por el suelo, son los únicos elementos que apoyan el trabajo actoral.

La puesta en escena es discutible. Las proyecciones no colaboran en nada a contextualizar los textos y la disposición de las sillas tampoco. Se ve precario más que despojado, da la impresión de un trabajo en proceso, no acabdo. Lo que funciona es el trabajo actoral. Los tres intérpretes actúan el texto con propiedad e intención, sobresaliendo Néstor Cantillana por los matices de su estupenda voz. Daniel Muñoz da muy bien con el tono del asesor de más edad que ve que su tiempo ya pasó, y Gonzalo Muñoz Lerner se ve cómodo en su rol.

Faltó darle más sentido a la participación del niño Benjamín Velásquez, ya que el pequeño es una importante metáfora que dice relación con lo nuevo, lo inocente, y lo que hay que preservar.


“Bajo Hielo”

Autor: Falk Richter (Traducido por ilana Marx)Bajo Hielo

Dirección: Heidrun Maria Breier

Elenco: Daniel Muñoz, Néstor Cantillana, Gonzalo Muñoz y Benjamín Velásquez

Diseño: Maya Mora

Dramaturgista: Mauricio Barría

Composición: Pablo Aranda

Asistente Iluminación: Claudio Rojas

Filmación: Claudio Contreras

Diseño Gráfico: Mauro Balzarotti

Producción: Un Mundo Teatro/Goethe Institut

Asistente de Producción: Ximena Sáez

Jueves a sábado a las 21:00 horas.

Goethe-Institut, Esmeralda 650, Santiago Centro. Metro Bellas Artes

General: $5.000. Estudiantes & tercera edad: $3.000. Jueves populares: $2.000