FESTIVAL “ESCENA DOMÉSTICA” EN MEDIO DEL MOVIMIENTO SOCIAL

Escena domestica“Todo apartamento, está compuesto de una cantidad variable, pero limitada, de piezas; y cada pieza tiene una función particular”, esta cita de Georges Perec,  es parte de un texto que hace muchos años atrás me adjuntó como archivo un amigo arquitecto, teniendo una discusión sobre las leyes de los espacios por el chat de msn, cuando aún esa plataforma de ventanas de conversación era un ahorro sustancial en los minutos del celular. Este fin de semana que pasó, recordé este texto después de ir a ver o más bien, de compartir las tres “piezas” del Festival Escena doméstica – invierno, Festival que se realiza desde enero de este año, donde tuve la oportunidad de participar en su versión anterior otoñal con “Felipe Luck, I love u”. La característica particular de “escena doméstica” es convocar y curar tres creaciones para compartirlas con una audiencia en un espacio “real”: casa, departamento del propio artista o el propio festival gestiona uno para su presentación. La “escena” tiene varias etapas: inscripción por mail, punto de encuentro, caminata de todos los asistentes hasta el lugar donde se presentará la acción/pieza/obra/performance, como quieran llamarlo, y “vivir” la experiencia propuesta cada día por el artista. En su primera versión participó: Claudio Santana con “Performing nothing” -ésta es mi canción favorita”, Pepa Ubera con “I want to see how you see”, y Txalo Toloza con “Todos los grandes tienen problemas de piel”.

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“Interior”: Una experiencia atmosférica

Rodrigo Pérez es un director que ya ha explorado con el cuerpo en escena, traspasando la frontera de lo teatral. Así fue en “Cuerpo”, parte de la Trilogía de la Patria, y así lo subraya la incorporación de Claudia Vicuña, bailarina y coreógrafa, a sus trabajos.
Esta vez, Pérez escoge un texto de Maurice Maeterlinck (1862-1949), belga francés y parte de la corriente teatral simbolista. El texto es una obra corta en un acto, que divide sus personajes entre los que hablan y los que “no hablan”. La situación muestra a una familia que pasa una velada apasiblemente dentro de su casa, mientras afuera se sitúan unos campesinos que traen una funesta noticia: han encontrado muerta a una de sus hijas.
Hay un doble voyerismo. Los campesinos que miran al interior de la casa
y el público que mira, a ellos y a los otros, estableciéndose una perturbadora complicidad. Los espectadores forman también parte del exterior y también saben la tragedia que acecha.
El director ubica la casa de familia, sin paredes, en el rincón izquierdo del escenario visto desde el público. Afuera, los campesinos. Los de la casa, madre, padre e hija (Claudia Vicuña, Alfredo Castro y Susana Hidalgo), están atildadamente vestidos, los otros llevan ropas cotidianas.
No hay más elementos realistas, no hay bosque, no hay sauces, como se lee en el texto. Hay actores (Álvaro Morales, Francisca Márquez, Carolina Jullian, Guillermo Ugalde, Gabriel Cañas), espacio, una silla y palabras. Ellos mismos hacen ruidos, que de pronto parecen ecos, que no sólo ambientan los sonidos de un espeso jardín cercano a un bosque sino que también instalan una profundidad mayor en la sala.
Los de dentro trabajan el estado. Su manera de estar en ese espacio no es realista ya que extreman las acciones, las contienen, las dotan de mayor espesura. La madre mueve las manos, el padre camina lento, de pronto hay un baile entre los tres. Parece que siempre estuvieran construyendo una coreografía sin grandes gestos. Hay una tensión entre el padre y la hija, algo que  no está indicado por el dramaturgo pero que aporta un elemento perturbador que por momentos distrae de la tragedia principal.
Las tensiones son muchas: el adentro y el afuera, los de la casa y los del jardín, el escenario y el público, el cuerpo y el espacio, los que saben y los que no saben. Al final los límites se rompen, el adentro y el afuera se mezclan y explota la emoción.
“Interior” es un trabajo cuidadoso, delicado, que va deviniendo en sí mismo mientras sucede, que ofrece al espectador una experiencia sensorial más compleja que sentarse a ver cómo le cuentan una historia.
El espacio escénico muy bien diseñado y las actuaciones sensibles y generosas de los campesinos, contenidas y palpitante de los habitantes de la casa.
“INTERIOR”
Jueves, viernes y sábados desde el 04 de agosto al 01 de octubre del 2011. A las 21:00 hrs. T
Teatro La Memoria (Bellavista 05.
Compañía: Teatro La Provincia
Dirección: Rodrigo Pérez Muffeler
Autor: Maurice Maeterlinck
Elenco: Alfredo Castro, Francisca Márquez, Álvaro Morales, Claudia Vicuña, Carolina Jullian, Guillermo Ugalde, Gabriel Cañas, Susana Hidalgo.
Diseño Integral: Catalina Devia
Diseño
Gráfico: Carola Sánchez
InteriorRodrigo Pérez es un director que ya ha explorado con el cuerpo en escena, traspasando la frontera de lo teatral. Así fue en “Cuerpo”, parte de la Trilogía de la Patria, y así lo subraya la incorporación de Claudia Vicuña, bailarina y coreógrafa, a sus trabajos.
Esta vez, Pérez escoge un texto de Maurice Maeterlinck (1862-1949), belga francés y parte de la corriente teatral simbolista. El texto es una obra corta en un acto, que divide sus personajes entre los que hablan y los que “no hablan”. La situación muestra a una familia que pasa una velada apaciblemente dentro de su casa, mientras afuera se sitúan unos campesinos que traen una funesta noticia: han encontrado muerta a una de sus hijas.

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EL CUERPO EN LA ESCENA: “DILEI”, “INFINITO” E “INTERIOR”.

El cuerpo y todos sus puntos de fuga. Cuerpo social, afectivo, cultural, temporal, el cuerpo objetual o de consumo, poético o concreto, como residuo o soluble, caótico, invisible, presente o ausente, por ejemplo, está en constante desplazamiento, al igual que las ideas de cómo re-presentarlo, re-inventarlo a través de diferentes prácticas artísticas. Existen hoy diversas maneras de cómo posar o movilizar estas ideas en torno a él, de exponer y reflexionar en él y a través de él.  Los artistas escénicos han tomado incansablemente diferentes caminos de cómo abordarlo en estas últimas décadas y sus decisiones generan un efecto y performatividad diverso en la audiencia. A pesar del frío del invierno, hay público en las salas que va a ver estos trabajos que logran instalar en nuestra sociedad en construcción, una mirada reflexiva sobre lo que es componer con algo que al parecer no se agota como génesis creativa: el cuerpo, y por consecuencia, una temporalidad particular puesta en tensión con otros factores.
En nuestra cartelera nos encontramos con tres propuestas exhibidas de manera simultánea: “Dilei” de Alejandro Cáceres en el Edificio B del Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM),  “Infinito” de Francisco López en el Espacio Nimiku, e “Interior” de Rodrigo Pérez en el Teatro la Memoria.  Son tres enfoques muy distintos sobre este cuerpo, presentados en contextos institucionales disímiles, que recorren la danza como una experiencia hasta su mix con el teatro, o a la inversa. Dramaturgia hay en los tres trabajos, existe un evidente ordenamiento en las unidades (cuerpo-espacio-tiempo) que componen una temporalidad particular, un tiempo creado especialmente para cada una de las experiencias, más que sólo una ficción, aparece un orden conceptual, temático o desde un texto, de Maeterlinck, en el caso de “Interior”.
“Dilei” como versión fonética del efecto “Delay”, utilizado en la música, compone insistentemente a partir de este factor, se transforma en su estrategia de abordaje de un trabajo que como el mismo efecto aplicado a un sonido, genera ondas que se pliegan y generan capas simultaneas de residuos en el espacio, resultando una sonoridad multiplicada. Este trabajo es una experiencia sonora, en donde el cuerpo está articulado y sometido a la técnica (micrófonos-sensores) de los sonidos concretos del cuerpo; voz, golpes, roces, entre otros. La experiencia está ordenada según los experimentos realizados con este diálogo con el propio efecto que se genera entre el cuerpo y el sonido, en todas sus posibilidades.
La coreografía u orquestación  de esto factores se somete a enclaves o decisiones que nos recuerdan a sistemas de composición de la danza postmoderna propuesta en los 70’s en adelante por el movimiento generado en Judson Church de USA, o el uso y aplicación de lo aleatorio en los experimentos de la dupla Cunningham-Cage. Es relevante nombrar que no hay un tema subrayado, ni un discurso evidente en la performance, sino que la experiencia, cercana al trance al que nos lleva el sonido y el cuerpo que nos sumerge en una temporalidad,  nos permite reflexionar de manera más abstracta sobre el cuerpo como máquina, de las relaciones corporales, de los sistemas y variables de composición, o del uso espacial de vectores y su multiplicación en el espacio-tiempo, desde ahí la audiencia puede enlazar estas ideas con su propia experiencia cotidiana o imaginaria, para darle un contexto y un sentido a lo que se ve y escucha. Es un concierto, donde el cuerpo y el sonido se fusionan y distancian, se expanden y contraen, una experiencia sensorial. Es coherente que el espacio esté utilizado por los atriles y micrófonos que dialoguen con los intérpretes, con los ventanales que dan a la calle Alameda, que multiplican a su vez los cuerpos a través de los vidrios que sirven como espejos, como un Delay  holográfico. Es inevitable hacer un enlace con trabajos anteriores de los creadores, por un lado con “Karaoke” de Paulina Vielma, que participa en la pieza, y con la dupla Torreblanca-Cáceres en “Beige”, que tienen un eco, un “Delei”.
“Infinito” es el primer intento de abordar el movimiento y la danza tras varios montajes de teatro escritos por el propio López.  Para esto, el novel director se arriesga y crea esta pieza junto a tres bailarines. Su abordaje de composición es completamente temático, y como su propio nombre lo insinúa, la pieza se va expandiendo desde lo concreto a la fragmentación de las imágenes secuenciales y aisladas. La temática: tres personas/personajes que trabajan en una empresa se despliegan desde el espacio más simbólico y mental del cuerpo en movimiento o en estados afectivos, hasta llegar a lo concreto y algunas situaciones más teatrales, incluso de “estilo realista”.  La relación con las ideas exhibidas es bastante directa, se nos presenta como un recorrido de los deseos y frustraciones de tres personajes inmersos en la sociedad de consumo; el paseo a la playa, el deseo de un obrero por su compañero de trabajo, la lectura de los deseos afectivos escritos por los propios espectadores,  la hora del té en la soledad de la casa, la obsesión por el aseo y la humillación en el ámbito del trabajo del área de servicios.
Un mix de situaciones teatrales y de secuencias de movimiento, que hacen de este trabajo una lectura directa, sin rodeos, con un guión que presenta cuadro tras cuadro, una idea bastante explícita de lo que es una sociedad de frustraciones y de una corporalidad oprimida que busca liberarse, incluso la sonoridad y elementos visuales nos hacen referencia a un cine norteamericano o europeo más comercial, que subraya lo anterior.
“Interior” es tensión y contraste, una temporalidad en donde se alimentan, uno del otro, dos factores: escenografía referencial/espacio físico concreto –sala de teatro, coreografía muda/ coreografía de textos, corporalidad en gestos y movimiento/ textos ecualizados (susurros, voces, actuaciones y líneas sobreactuadas). Una progresión de la intensidad es la gran labor de todo el equipo en la composición de este tiempo particular, una tensión re-construída de un texto en una experiencia que tiene su efecto en el “reventón” del último quintil de la pieza: en la música, en el espacio, en la audiencia, en las acciones, en los objetos. La pieza utiliza sus recursos ya sea corporales o textuales de manera reconocible, in crescendo, pero además de esta tensión acumulativa se sitúa a la audiencia en un mismo espacio humano donde conviven dos “obras”, dos públicos o más (el real y el de los actores que miran).
La dirección que toma la historia nos hace cuestionarnos constantemente sobre lo visible/invisible y no sabemos si es resultado del propio autor del texto, del autor de la puesta en escena o de la autoría de los intérpretes o del autor del espacio, que nos hace preguntarnos por qué estamos viendo algo que quizás no debemos ver “una familia a la espera de algo”. Este factor o variable que envuelve todo accionar, es la tensión producto de uno de los logros de “Interior”; en mantener esta pregunta y sostenerla temporalmente. La experiencia también se arma desde un texto de “indicios” o pistas para armar un contexto que lo sostenga, se nota que hay un esfuerzo en dar sentido a textos simbólicos a través de imágenes concretas, “la punta de mi abrigo está mojada” y lo vemos como acción, por ejemplo. La lucha que se genera entre la corporalidad de la coreografía de los tres intérpretes del espacio “realista” con la “otra obra de teatro” que los mira y rodea (una suerte de pueblo mirando a la alcurnia), se enlaza incluso a una lucha entre la danza y el teatro, entre el cuerpo y la palabra, entre el movimiento y la quietud, una batalla interna. Es inevitable recordar la pieza del mismo director, “Cuerpo”, de una trilogía anterior, donde la tensión también estaba puesta en la construcción de sentido (y también su pérdida) del tiempo, y por consecuencia, del cuerpo.
Tres trabajos que nos invitan a hacernos preguntas, desde tres puntos de vista; ya sea más sensoriales, explícitos o complejos, pero no podemos negar que vaticina una cartelera cada vez más diversa en nuestra ciudad.
Coordenadas
“DILEI”
Creado y dirigido por Alejandro Cáceres.
Elenco o Intérpretes
Creación e interpretación: Paulina Vielma, María Inés Ibarra, Miguel Torreblanca, Magnus Rasmussen y Alejandro Cáceres.
Composición interactiva y espacialización en tiempo real: Félix Lazo.
Diseño de vestuario e iluminación: Tatiana Pimentel.
Sala B1 (edificio B, segundo nivel).
Temporada
6 al 28 de agosto de 2011
Jue. a sáb., 20 h. | Dom., 19 h $5000 y $3000.
“INFINITO”
director: Panchito Paco López
intérpretes: Álvaro González, Pamela Lagos y Sebastián Ruiz.
Espacio Arte Nimiku
Crescente Errázuriz 346 (estación del metro Irarrázaval) Ñuñoa.
Del 05 al 14 y del 26 al 28 de Agosto, viernes y sábados a las 20:30 hrs, domingos a las 20:00 hrs.
“INTERIOR”
Jueves, viernes y sábados desde el 04 de agosto al 01 de octubre del 2011. A las 21:00 hrs. T
Teatro La Memoria (Bellavista 05.
Compañía: Teatro La Provincia
Dirección: Rodrigo Pérez Muffeler
Autor: Maurice Maeterlinck
Elenco: Alfredo Castro, Francisca Márquez, Álvaro Morales, Claudia Vicuña, Carolina Jullian, Guillermo Ugalde, Gabriel Cañas, Susana Hidalgo.
Diseño Integral: Catalina Devia
Diseño
Gráfico: Carola Sánchez
Producción: Gestus, Gestión y Producción
Entrada general $6.000 estudiantes, 3ª edad y jueves populares $3.000 socios
Teatro la memoria bellavista 0503 (costado clínica sta. maría)
InteriorEl cuerpo y todos sus puntos de fuga. Cuerpo social, afectivo, cultural, temporal, el cuerpo objetual o de consumo, poético o concreto, como residuo o soluble, caótico, invisible, presente o ausente, por ejemplo, está en constante desplazamiento, al igual que las ideas de cómo re-presentarlo, re-inventarlo a través de diferentes prácticas artísticas. Existen hoy diversas maneras de cómo posar o movilizar estas ideas en torno a él, de exponer y reflexionar en él y a través de él.  Los artistas escénicos han tomado incansablemente diferentes caminos de cómo abordarlo en estas últimas décadas y sus decisiones generan un efecto y performatividad diverso en la audiencia. A pesar del frío del invierno, hay público en las salas que va a ver estos trabajos que logran instalar en nuestra sociedad en construcción, una mirada reflexiva sobre lo que es componer con algo que al parecer no se agota como génesis creativa: el cuerpo, y por consecuencia, una temporalidad particular puesta en tensión con otros factores.

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“Art”: La excelente apuesta del Teatro San Ginés

El Teatro San Ginés acaba de inaugurar la primera sala de un complejo futuro. Y lo hizo con un acierto teatral: una vital puesta en escena de “Art”, la aplaudida comedia de Yasmina Reza, la misma que hace más de una década protagonizaron Cristián Campos, Willy Semler y Alberto Vega.

ARTEsta vez, los amigos que ven en peligro su relación están representados por Andrés Velasco,  Nicolás Saavedra y Juan Pablo Sáez, bajo la dirección de Edgardo Bruna. Bastan unas líneas para darse cuenta que esta puesta en escena consigue sacarle brillo a los inteligentes diálogos escritos por Reza en 1994, que no  pierden vigencia ni frescura pese al paso del tiempo.

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“El Cántaro Roto”: Una puesta en escena desbordada

En Matucana 100 se está presentando la versión de Francisco Pérez Bannen para la obra “El Cántaro Roto”, escrita por escrita por el poeta, novelista y dramaturgo Heinrich von Kleis en el siglo XIX. Actualmente se celebra el bicentenario de su muerte, lo que ha provocado que su obra se remonte en el mundo.

Cántaro RotoLa puesta en escena de la compañía Mapamundi, a partir de una traducción del filósofo Pablo Oyarzún, ubica la acción en un pequeño pueblo, que podría ser chileno (por la manera de hablar “ahuasada” de algunos protagonistas) pero que también podría ubicarse en otro país.

Como tantos clásicos, la pieza toca temas tan universales como la ética, el aprovechamiento de los poderosos, la corrupción, la ingenuidad del pueblo. La anécdota cuenta cómo un juez rural, que administra justicia muy a su manera, ve  derrumbada su autoridad con la llegada de un representante de la capital.

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“La Señorita Julia” de Cristián Plana: Brillante y profunda puesta en escena

Señorita juliaUna mujer caprichosa, con una estabilidad emocional y mental que pende de un hilo. Así es la protagonista de “La Señorita Julia”, oscuro drama que el sueco August Strindberg escribió en 1888 y que toca temas como la lucha de los sexos y de las clases sociales, además del desgaste de la aristocracia dominante. La versión de Cristián Plana, la tercera desde el año 2000, es un montaje que rescata la esencia del texto de Strindberg y que es capaz de poner en escena todas sus lecturas y pulsiones a través de una puesta en escena que va más mucho allá del naturalismo que en apariencia propone.

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