“La Fila”: Televisión y verdad

La FilaEn la sala de teatro Lastarria 90 se presenta “La Fila”, tercera obra de dirigida por Benjamín Berger. Con una escenografía sencilla y dos actores que representan variados personajes, el montaje consta de un texto complejo, conformado por escenas en que se entremezclan historias, voces y prendas de vestir, escogidas según necesidad de entre muchas que se hallan colgadas en el fondo del escenario. Va armándose así un espacio abstracto, que permite multiplicidad de referencias, multiplicidad de relatos.

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Empleo, conflicto y risas

Preparatoria“Preparatoria” es la obra de egreso 2010 de la carrera de teatro de la Universidad Finis Terrae. Es presentada al aire libre, en un patio abierto y amplio, donde se ubica el escenario frente a unas graderías móviles y sillas donde se sienta el púbico. Los actores se desplazan no sólo por este escenario, ocupan el lugar prácticamente en toda su extensión. Corren, bailan, trepan estructuras del lugar, hablan, dialogan, cantan y gritan. A veces lejos, otras cerca del público, unas con el público otras entre ellos. Así se genera un espacio común, un espacio donde la escena no está claramente delimitada respecto al espectador. Sucede la obra, en un espacio donde quedan incluidos elementos dramáticos (vestimenta, luces, escenografía) y no directamente dramáticos (estructuras del lugar ajenas a la escenografía, lugares no visibles, lugares desde donde no se escucha bien qué hablan los actores), siendo los espectadores y los actores partícipes de un mismo espacio, ambos elementos de la puesta en escena.

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“Registro”: Cuando la verdad te golpea en la cara

Registro

Cuando  entran a la sala chica del Sidarte, donde se presenta “Registro”, los espectadores se encuentran casi dentro de un living común y corriente. En él, tres personajes sentados miran al público mientras éste se acomoda en sus sillas. La cercanía espectador-actor se instala desde entonces en la obra, escrita por Eduardo Pavez y Rodrigo Muñoz-Medina, y dirigida por el primero. Un matrimonio, formado por Lorena Bosch y Muñoz-Medina, ella una política de ascendente carrera que trabaja para un candidato, que además es padre de él, vive un momento de gran estrés: su hijo estuvo desaparecido por media hora al término de la jornada escolar. Afortunadamente, un amable extraño (Diego Bustos) lo lleva al departamento sano y salvo. Roberto, así se llama el sujeto, es invitado a cenar por la agradecida madre.

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Cuerpos tibios

Cuerpos TibiosEn una sala de teatro pequeña, donde el escenario está situado muy cerca de los espectadores, los personajes, la nana puertas adentro y el niño de la casa (estudiante de secundaria) articulan un espacio escénico de lo privado. Que aunque no retrate de forma realista una casa y específicamente su baño, logra performáticamente (mediante el movimiento y el espacio que ese movimiento conforma) evocar aquello que caracteriza al espacio doméstico: espacios cerrados, donde se asume no hay ojos que juzguen lo que allí sucede y, en ese mismo sentido, donde aflora el secreto, lo que se oculta. Y es precisamente un secreto aquello que une a estos dos personajes, un secreto lleno de angustias, prohibiciones y contradicciones. El niño, que parece obsesionado con el baño de servicio que usa la empleada, es sorprendido por ella en una actitud extraña, buscando en el desagüe algo que se le ha perdido. Comienzan entonces a sumergirse en una historia confusa, que liga el pasado con un presente que se repite y un futuro que, a pesar de muchas aspiraciones de cambio, no augura algo diferente.

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La Marilyn Monroe de Carmen Barros: un gustito para todos

Mi Marilyn Monroe“Mi Marilyn Monroe”, obra  en cartelera en el Teatro de la Universidad Finis Terrae,  es un monólogo donde Alejandro Goic muestra su inteligencia como autor-director y Carmen Barros su talento como canta-actriz y, por supuesto, su enorme carisma, el mismo que hace que varias generaciones de chilenos la vean aún como la Carmela de San Rosendo. Goic posibilita que Carmen interprete a una Marilyn de 85 años -misma edad que la Monroe tendría hoy si no se hubiera suicidado en 1962- que se pasea por su vida de niña carenciada y sola, símbolo sexual, ícono de la belleza, devoradora de hombres y actriz seductora. Esta Carmen-Marilyn de cabellos blancos, que realiza una subasta de sus vestidos más incónicos, dialoga con el público y sus palabras se mezclan con extractos de entrevistas, conversaciones con Truman Capote y un texto de Oriana Fallaci dedicado a un niño que nunca nació. De fondo, imágenes en blanco y negro que muestran a la Monroe en diversas etapas, a sus amores y amigos, además del turbulento contexto histórico (Luther King, los Kennedy). 

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Teatro de Chile se arriesga de nuevo

Multicancha“Multicancha” es la última entrega de Teatro de Chile, la misma compañía que ha conseguido un espacio en el quehacer teatral chileno con obras como “Juana”, “Narciso”, “Cristo”, “Ernesto”  y “Arturo”, acertado e inteligente comentario a su primera obra, “Prat”. Ahora el grupo se lanza en una aventura más arriesgada, ya que extremó la experimentación. Esta vez, el objeto tensionado no son las convenciones de la representación, como en “Ernesto”, sino la simbiosis entre la realidad deporte y la ficción, con el cuerpo del actor como único soporte.

El texto es escaso  y la dramaturgia es principalmente espacial y corporal. En una cancha, nueve actores-deportistas ejecutan seis deportes inventados por el grupo: desde los posibles como los llamados hockins o bodyball, hasta los insostenibles como el multipool o el interball.  La progresión en ellos es teatral. Mientras los dos primeros son jugados “correctamente”, por decirlo de alguna forma, los que siguen son cada vez más coreografiados y supeditados a la dramaturgia. Empieza a surgir la tensión dramática. Hay sangre, un jugador que se arranca del campo, la enajenación, la parodia. La cancha pasa a ser la vida, donde hay que ganar pero donde a veces dan ganas de tirar la toalla.

La cancha se troca en un espacio poético y la verdad del sudor, del intérprete, se transforma en un signo para denotar el sudor que botamos en nuestra sociedad para sobrevivir. Los actores llevan micrófonos para que escuchemos no sólo sus jadeos y respiraciones, sino también para que sigamos sus comentarios, muchas veces la manifestación de su inconsciente. El público ve la enajenación del que no sabe por qué juega, del que sigue pese al dolor de otros o extrema sus fuerzas porque se siente exigido. Y claro, se entiende de qué hablamos.

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