Comentario de Alejandra Cosin

Alejandra Cosin
Periodista argentina
Colaboradora diario Clarín
El Emperador de la PerdidaInicié mi recorrido por el Festival Fabre bajando, unas horas antes de la inauguración, de un avión que me trajo de Buenos Aires. En realidad, meses antes Raúl Miranda me había
comentado del proyecto, y yo había decidido no perdérmelo. A través de Javier Ibacache pude contactarme con Marietta Santi y perseguirla para que me enviase la información. Y supe por Sergio Valenzuela que el proceso iba viento en popa. Encima, la obra invitada desde Argentina que yo ya había visto, me servía como excusa para insistir en el diario Clarín sobre la publicación de una nota -que al momento no ha sido publicada pero aún no pierdo las esperanzas-.
En fin, fue un trayecto largo, deseante, lleno de expectativas. El periodismo tiene algo de instintivo, estoy convencida: todo lo vivido en el evento me ha confirmado lo valioso de estar presente.

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Festival Fabre, el teatro como ausencia

Julio Pincheira Parra
Lic. Artes de la Representación
Actor, dramaturgo, autor escénico. Docente U Finis Terrae
Estábamos en deuda con nosotros y con una de las creaciones más portentosas del arte contemporáneo. Sí, porque la obra de Fabre trasciende el mundo de la escena o irrumpe en ella como la prolongación de una axiología donde la búsqueda estética está en el centro de su política poética. El Festival Fabre, organizado por Marietta Santi, nos permite esta interacción con el corpus textual del belga iconoclasta y enfant terrible del que habíamos tenido sólo algunas aproximaciones en nuestro insular teatro nacional. Una pulcra y acotada presentación de este autor, pero no por ello menos acertada, entrega Javier Ibacache en la introducción de la antología “La orgía de la Tolerancia”, de RIL editores: “En la actualidad, Me niego a entenderes reconocido a causa de sus performances, creaciones visuales, instalaciones, esculturas, piezas de danza y montajes de teatro con los que ha moldeado un discurso y una estética que lo ubican en la arena conceptual.”
En esta fiesta teatral, son cinco lecturas realizadas por diferentes autores escénicos que ratifican la fecunda polisemia de los textos y referencias del mundo de Jan Fabre.
“La historia de las lágrimas”, puesta en escena bajo la dirección de Raúl Miranda entrega con acierto la metáfora de la piedra angular de lo femenino que contiene y soporta lo masculino. Interesante resulta la manifestación del personaje de “La roca” a través de la multimedialidad explícita que sostiene el espacio escénico y que pende sobre la escena, pesada y precaria al mismo tiempo, como el signo evidente de la frágil hiperrealidad en la que habitamos (Baudrillard), y que Fabre constantemente interpela en su obra. Del mismo modo, es notable el trabajo actoral de Alejandro Sieveking, quien pone de manifiesto la transversalidad etárea que la sólida dramaturgia de Fabre alcanza, así como la construcción de una dramaturgia de la imagen contundente que una vez más proporciona Miranda.

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La Noche de Pepi Velasco

Cuatro Puntos Cardinales“Cuatro Puntos Cardinales”, en cartelera en el Teatro Nacional, pudo ser un buen proyecto. Digo pudo, porque la verdad es que lo mueven intenciones tan elogiosas como el intercambio y el diálogo artísticos, pero su materialización escénica es deficiente. A lo que se agrega que el día del estreno duró agotadores ciento ochenta minutos.

El programa parte correctamente con “El Día más Feliz de Nuestra Vida”, de la española Laura Ripio y dirigida por Raúl Osorio, que muestra a unas cuatrillizas la noche anterior a su primera comunión, durante el régimen franquista. Bien actuado por Camila Osorio, Marcela Solervicens, Catalina Bianchi y Priscilla Huaico, y con un toque de crueldad infantil impactante, es una introducción que promete aunque deja un saborcito añoso. Luego  viene lo mejor de la noche, “Solo para Paquita”, monólogo de Ernesto Caballero, protagonizado por Pepi Velasco y dirigido por Jesús Codina, español residente en Chile. La actriz consigue risas sin excesos ni chistes, sino con su sólido retrato para una mujer solterona y amargada, que mata por despecho. Se nota el fiato de Codina con Velasco, quienes trabajaron juntos en el monólogo “Sola”, con que la actriz entró en la dramaturgia. Las dos salidas posteriores, la última memorable, con la actriz despojada del personaje, se convirtieron en el punto alto de la noche.

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“Colo Colo 91”: Impecable ejercicio de realidad

Colo Colo 91“Colo Colo 91” es la última entrega de los hermanos Ibarra, Gopal y Visnu. De la dupla, el primero - también el mayor- es habitualmente el dramaturgo. El menor actúa o codirige. Esta vez, tanto la dramaturgia como la dirección responden a ambos. La pieza toma un hecho real (el triunfo de Colo Colo en la Copa Libertadores de América en 1991) y lo cruza con el encuentro de dos hermanas separadas geográficamente por mucho tiempo. Pero eso no es todo. La gracia es que a través de dos sucesos reales y cotidianos, los autores pueden despegar diversos temas: la vuelta a la democracia en Chile, las esperanzas del pueblo, el arribismo que empieza a tomar cuerpo, la política, la falta de posibilidades de un sector, en fin. La realidad también posibilita asociaciones metafóricas, como que Colo Colo es el equipo blanco-negro y las hermanas son una rubia y la otra morena. Las capas de lecturas son muchas y, lo más importante, conviven orgánicamente sin dificultar la llegada al espectador.

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“El Último Encuentro”: Un Ejemplo más Allá de la Escena

Se ha repetido hasta el cansancio, desde diversas voces, que en Chile no respetamos a los adultos mayores.  Las posibilidades de trabajo disminuyen con cada año que pasa, hasta considerar a un cincuentón como “pasado” para buscar una ocupación. Y qué decir de los mayores de 65 o los octogenarios. A ellos parece que sólo les destinamos paquetes turísticos rebajados y paseos antes de las 20 horas. La obra con que Carlos Pinto inauguró su multiespacio Ladrón de Bicicletas, en Dardignac 0163, es precisamente la muestra de que la vida de los mayores puede ser más que productiva: desde Buenos Aires llegó “El Último Encuentro”, adaptación teatral de Cristopher Hampton para la novela de Sandor Marai, protagonizada por actores mayores de 80 años. La pieza, que narra el encuentro de dos amigos de la infancia, de diversas clases sociales y sensibilidades, separados por un secreto, es un elogio a la palabra, a los miles de sentidos que puede tener una frase, dicha o silenciada. La acción es mínima: los dos hombres se enfrentan y hablan. Recuerdan, desentrañan. En esta versión, lo que es prácticamente un monólogo del dueño de casa, interpretado por un delicado y lleno de matices Duilio Marzio (89 años), se ve interrumpido por las intervenciones del ama de llaves, convertida en un personaje entrañable por Hilda Bernard (91). Así, la puesta es bastante más cálida y menos hierática que la que vimos hace algunos años interpretada por Héctor Noguera. Tal vez el visitante, acá Fernando Heredia (89), pudo tener una mayor participación ya que su presencia se ve menguada frente a sus colegas. La mano de la directora, Gabriela Izcovich, se nota en una puesta cálida y cuidada, que acerca la prosa de Marai al público. Una lección de teatro, claro está, fundada en la presencia del actor y su fuerza, pero más aún una lección de vida.
“El Último Encuentro”
Últimas funciones
Jueves a sábado a las 20.30 horas, domingo a las 20
$15.000 general
El último EncuentroSe ha repetido hasta el cansancio, desde diversas voces, que en Chile no respetamos a los adultos mayores.  Las posibilidades de trabajo disminuyen con cada año que pasa, hasta considerar a un cincuentón como “pasado” para buscar una ocupación. Y qué decir de los mayores de 65 o los octogenarios. A ellos parece que sólo les destinamos paquetes turísticos rebajados y paseos antes de las 20 horas. La obra con que Carlos Pinto inauguró su multiespacio Ladrón de Bicicletas, en Dardignac 0163, es precisamente la muestra de que la vida de los mayores puede ser más que productiva: desde Buenos Aires llegó “El Último Encuentro”, adaptación teatral de Cristopher Hampton para la novela de Sandor Marai, protagonizada por actores mayores de 80 años. La pieza, que narra el encuentro de dos amigos de la infancia, de diversas clases sociales y sensibilidades, separados por un secreto, es un elogio a la palabra, a los miles de sentidos que puede tener una frase, dicha o silenciada. La acción es mínima: los dos hombres se enfrentan y hablan. Recuerdan, desentrañan. En esta versión, lo que es prácticamente un monólogo del dueño de casa, interpretado por un delicado y lleno de matices Duilio Marzio (89 años), se ve interrumpido por las intervenciones del ama de llaves, convertida en un personaje entrañable por Hilda Bernard (91). Así, la puesta es bastante más cálida y menos hierática que la que vimos hace algunos años interpretada por Héctor Noguera. Tal vez el visitante, acá Fernando Heredia (89), pudo tener una mayor participación ya que su presencia se ve menguada frente a sus colegas. La mano de la directora, Gabriela Izcovich, se nota en una puesta cálida y cuidada, que acerca la prosa de Marai al público. Una lección de teatro, claro está, fundada en la presencia del actor y su fuerza, pero más aún una lección de vida.

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“Celebración” : Lúdica Mirada a la Otra historia

Celebración“Celebración” es una de las creaciones que surgen como reacción al Bicentenario y lo que nos espera para el 18 de septiembre que se aproxima. Esta vez, el grupo Teatro Público realizó una creación colectiva, junto con Cristián Aravena, en torno a una seguidilla de hechos silenciados en estos doscientos años y que han dado forma al llamado Movimiento Popular. El papel del pueblo en el desarrollo del país es revisado por la compañía desde una perspectiva que deja de manifiesto las injusticias vividas, y acalladas, por la historia oficial.

Lo más impresionante de este montaje es el juego escénico con que los actores crean diversas situaciones, ayudados de pizarras con ruedas, sillas, tiza, borradores, más algunos elementos escenográficos. Con esos simples elementos, más la voz y el despliegue interpretativo, Teatro Público repasa hechos reales o crea situaciones para transmitir su punto de vista. Entre las últimos destaca el juego de Metrópolis, momento donde a través de una situación cotidiana se explica el tema de la propiedad, su uso por el capitalismo y el nacimiento de los campamentos.

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