Páramo: una opción disonante

Páramo, la reciente entrega del grupo de Teatro La Puerta, se ubica en la misma línea que Plaga: ambas son reescrituras de un texto anterior,  con una puesta en escena que da gran relevancia a la máquina escenográfica (a cargo de Cristián Reyes, que trabajó con Teatro Cinema). Esta vez, la estructura donde se desarrolla la acción y el video están más integrados al total que en Plaga, donde había una sobre-presencia de la técnica, pero el resultado es similar. La dirección no consigue dar con una puesta en escena apropiada para lo que se está contando y cómo se está contando, aunque los actores (Roxana Naranjo, María Paz Grand Jean, Sergio Piña, entre otros) son reconocidamente talentosos. Hay un divorcio entre la escenografía, los videos y el mundo de los actores.
PáramoPáramo, la reciente entrega del grupo de Teatro La Puerta, se ubica en la misma línea que Plaga: ambas son reescrituras de un texto anterior,  con una puesta en escena que da gran relevancia a la máquina escenográfica (a cargo de Cristián Reyes, que trabajó con Teatro Cinema). Esta vez, la estructura donde se desarrolla la acción y el video están más integrados al total que en Plaga, donde había una sobre-presencia de la técnica, pero el resultado es similar. La dirección no consigue dar con una puesta en escena apropiada para lo que se está contando y cómo se está contando, aunque los actores (Roxana Naranjo, María Paz Grand Jean, Sergio Piña, entre otros) son reconocidamente talentosos. Hay un divorcio entre la escenografía, los videos y el mundo de los actores.

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Juan Radrigán y Alfredo Castro no pasan de moda

La reposición en Santiago a Mil  de Hechos Consumados, de Juan Radrigán, dirigida por Alfredo Castro, sorprendió con una frescura impensada para una obra que debutó en 1981 y fue revisitada por el director de Trilogía de la Sangre en el 2000. La pieza toca temas claves en la dramaturgia de Radrigán: la marginalidad, el enemigo sin rostro (el poder, la violencia, el abuso) y el servilismo a la clase dominante.
El elenco de la puesta 2010 lo encabezan, como hace diez años, Amparo Noguera como Marta, una mujer rescatada del río donde ha sido arrojada, y José Soza como Emilio, el cesante que le salva la vida. A ellos se suman Rodrigo Pérez como Miguel, el guardia del terreno que pretende echarlos y que el 2000 fuera Pepe Herrera, y Felipe Ponce como el loco, papel que entonces hiciera un joven Benjamín Vicuña.
Marta y Emilio están en un terreno baldío, desde donde ven pasar una larga fila de personas sin rumbo aparente. El diseñador Rodrigo Vega sitúa la acción en un espacio anaranjado, formado por dos plataformas que convergen en un espacio por donde se desplazan imágenes simbólicas. La escenografía universaliza los hechos haciéndolos, además, atemporales, y descargándolos del período de la dictadura militar. La poética de Radrigán adquiere fuerza con la puesta de Castro, que permite escuchar el texto sin prejuicios y conectarlo con el presente. El director amplía la lectura a la clase media chilena, desclasada y aspiracional, obedeciendo los dictados del sistema.
Nuevamente Amparo Noguera y José Soza crean personajes entrañables, queribles en su desgracia y humanidad. La actriz destaca como Marta, mujer a la que dota de una mezcla de ternura y humor que desarman, frágil y fuerte a la vez. En tanto Soza es su partner perfecto, como un tipo algo huraño y desconfiado, que abre su corazón al optimismo de Marta. Ambos son un canto a la dignidad del ser humano, capaz de mantenerse intacta aún en los peores momentos.  IMPERDIBLE.
Puesta en escena: Alfredo Castro
Autor: Juan Radrigán
Estreno: 1981 – Sala Bulnes / 1999 – Teatro Nacional
Elenco: Amparo Noguera, José Soza, Rodrigo Pérez y Felipe Ponce.
Música: Miguel Miranda
Diseño: Rodrigo Vega
Diseño iluminación: Andrés Poirot
Asistente Reposición: Héctor Freire
Compañía: Teatro La Memoria
Duración: 1 hora 20 min
Lugar: Teatro La Memoria
Funciones: 7 al 18 (excepto 17) a las 21:00 horas.
Precios: $5000 General. $3000 Estudiantes y Tercera Edad
Co-producción Santiago a Mil Hechos Consumados, Teatro La Memoria, 21 horas, hasta el 21 de enero
Hechos ConsumadosLa reposición en Santiago a Mil  de Hechos Consumados, de Juan Radrigán, dirigida por Alfredo Castro, sorprendió con una frescura impensada para una obra que debutó en 1981 y fue revisitada por el director de Trilogía de la Sangre en el 2000. La pieza toca temas claves en la dramaturgia de Radrigán: la marginalidad, el enemigo sin rostro (el poder, la violencia, el abuso) y el servilismo a la clase dominante.

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Teatro La María resucita a Jorge Díaz

“Topografía de un Desnudo” es una pieza que el prolífico dramaturgo chileno Jorge Díaz (“El Cepillo de Dientes”, “Oficio de Tinieblas”) , escribió en 1965, inspirada en la matanza de mendigos ocurrida en el estado brasileño de Guanabara, en 1963, a manos de los llamados escuadrones de la muerte.
A nivel de texto, es una obra de avanzada para la época en que fue escrita, no sólo porque está protagonizada por uno de los muertos de la matanza, El Rufo (Marcelo Alonso), sino porque este muerto habla con los vivos, tiene saltos temporales y se mueve en diferentes tiempos, con el fin de despejar su asesinato y la de los otros.
Alexis Moreno consigue que la pieza tenga una inusitada vigencia, al trabajarla con el sello de su compañía: textos importantes, que resuenan en el espacio escénico, personajes de construcción austera, que se sostienen en el verbo. La única exepción es Marcelo Alonso, que crea El Rufo con un componente físico tan importante como la palabra. Alonso destila animalidad en la piel del mendigo encontrado muerto junto a su perro. Durante la obra se retuerce, transpira, sufre. Es humillado de variadas formas por el teniente que lo detiene (un sólido Daniel Antivilo), grita por su perro y se contrae de ira y dolor.
Un trabajo actoral que impresiona, muy bien secundado por Alexandra Von Hummel, Tamara Acosta, Daniel Antivilo, Rodrigo Soto, Manuel Peña, Moisés Angulo y Nicolás Fernandois, quienes interpretan a los personajes que rodean este puzzle policial: la mujer del muerto, una prostituta, el dueño del basural, un periodista, funcionarios del sistema. La representación no se esconde, pero se asume como una forma distinta de realidad, como una verdad en otro espacio.
Todo transcurre en una atmósfera de pesadilla, que resuena a sucio, a mendicidad, a extrema pobreza, con una violencia que palpita en todo momento y se cristaliza en imágenes fuertísimas.
La escenografía, muy simple, sugiere los bloques de edificio que se construyeron donde vivían los mendigos. En medio de esa pulcritud Moreno sitúa a El Rufo y los otros protagonistas de esta historia que, pese al paso del tiempo, sigue resonando. Fuerte.
Obra: “Topografía de un desnudo”
Autor: Jorge Díaz
Director: Alexis Moreno
Compañía: Teatro La María
Estreno: 1967 (con el Teatro de Ensayo de la Universidad Católica)
Elenco: Tamara Acosta, Alexandra Von Hummel, Moisés Angulo, Rodrigo Soto, Nicolás Fernandois, Marcelo Alonso, Manuel Peña y Daniel Antivilo
Diseño escenografía: Rodrigo Ruiz
Vestuario: Rocío Hernández
Iluminación: Ricardo Romero
8 al 10; 12 al 16; 18 y 19 de enero
21:00 hrs.
Agustín Siré
Duración: 1 hora 15 min
Precios: $5000 General. $3000 Estudiantes y Tercera Edad
Coproducción Santiago a Mil
Topografía de un desnudoTopografía de un Desnudo” es una pieza que el prolífico dramaturgo chileno Jorge Díaz (“El Cepillo de Dientes”, “Oficio de Tinieblas”) , escribió en 1965, inspirada en la matanza de mendigos ocurrida en el estado brasileño de Guanabara, en 1963, a manos de los llamados escuadrones de la muerte.
A nivel de texto, es una obra de avanzada para la época en que fue escrita, no sólo porque está protagonizada por uno de los muertos de la matanza, El Rufo (Marcelo Alonso), sino porque este muerto habla con los vivos, tiene saltos temporales y se mueve en diferentes tiempos, con el fin de despejar su asesinato y la de los otros.

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Teatro de Chile presenta obra lúcida y arriesgada

ErnestoTodos los que hemos visto sus montajes anteriores, esperábamos    que la versión para la obra Ernesto (escrita por Rafael Minvielle y estrenada en1842) de Teatro de Chile, no fuera una simple adaptación del texto. Y nadie resultó decepcionado.  El grupo, con la dirección de Manuela Infante, demostró nuevamente por qué es tan destacado dentro de su generación: sus jóvenes integrantes esta vez tomaron un texto del siglo XIX, lo analizaron, extrajeron las ideas que los seducían y crearon una nueva dramaturgia que recoge sólo una escena original de Ernesto, para construir una pieza donde ponen en jaque no sólo las convenciones del teatro sino también las del pensamiento.

En un escenario vacío, sin escenografía  ni utilería, Teatro de Chile extrema los recursos inherentes al actor (la palabra, uso del cuerpo), para proponer una reflexión sobre la representación (en la vida y en escena), la construcción de la realidad y la dicotomía emoción-pensamiento.

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Sottovoce: el traspié de Lalo Prieto

SottovoceLalo Prieto, nombre responsable de piezas tan inteligentes y asertivas como Nahuelqueo, un Hombre con Carácter, y City, definitivamente se desdibuja con Sottovoce, Sonata en Primavera, actualmente en cartelera en el Teatro Antonio Varas. Actor, director y guionista de cine y TV, Prieto ha recibido elogios, dentro y fuera de Chile, con los unipersonales mencionados. En ellos muestra un agudo ojo para diseccionar la realidad, gran creatividad para utilizar su propio cuerpo como fuente de recursos, y una visión cinematográfica de la narración.

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“Asamblea” o la radicalidad de la experiencia teatral

AsambleaEl teatro es esencialmente una experiencia. Irrepetible, ya que depende de muchos factores que afectan a actores y espectadores. Esto es lo fascinante en términos sensoriales: un grupo de personas representa emociones y sentimientos, y otro grupo las experimenta, las absorbe, desde su realidad puntual (si tiene frío o no, si tiene hambre, si está feliz) y permanente (edad, ideología, preferencias estéticas).

Lo anterior en el teatro tradicional, claro, donde los espectadores participan de la experiencia teatral en forma pasiva. Laura & Marta, colectivo teatral formado por Paula Aros Gho, Trinidad Piriz y ahora Carolina Araya, extreman el significado de la palabra “experiencia” en forma radical. Trabajan el teatro performático, en tiempo real, donde la participación activa del público es importantísima, ya que las actrices no sólo lo interpelan, sino que construyen su espectáculo a partir de las reacciones de aquél.

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