“Parir”: Una joyita del teatro emergente

A “Parir” uno llega motivado por el boca a boca, y la experiencia que vive hace que esa publicidad continúe. Es que la pieza, escrita por Ronald Heim y dirigida por él mismo junto a Daniela Mahana, es un pequeño ejemplo de coherencia dramatúrgica ya que todos los códigos escénicos están en función al discurso central. No hay disonancias.
El acierto comienza con la simpleza y la falta de pretensiones abusivas. Cuatro personajes en torno a una mesa, caracterizados realistamente, sin excesos. Una madre y sus tres hijos, cuyas edades van entre los 17 y los 25 años, se reúnen en torno a ese tradicional signo de “familia” debido a un corte de luz en el barrio. Ese incidente los obliga a estar, a mirarse las caras, a verse.
A medida que transcurren los minutos, la madre (Daniela Fernández) comienza a repasar su vida con una mezcla de ironía y humor negro, al tiempo que interpela a sus hijos para que reconozcan sus dolores, frustraciones y miseria. Su conversación es cruda, hasta un poco hiriente, en especial para Viviana (Dominique Muñoz), la hija mayor que tuvo que dejar la universidad, trabaja en un callcenter y es la más distante de la madre.  Jano (Felipe Fariña) el hijo que estudia teatro se ve más conectado con su progenitora, aunque ésta le diga que nunca será Hamlet porque el casting que mejor le acomoda es el de chofer de micro. La menor, Marcela (María José Andrade), tiene sus propios problemas escolares.
Ambas hijas encarnan un discurso crítico a la realidad chilena. De clase media baja, sin posibilidades de movilidad social, deben conformarse. Una con estudiar en un mal liceo y no tener las herramientas básicas para estudiar y, la otra, con someterse a un trabajo enajenante olvidando sus aspiraciones. Jano está estudiando lo que quiere, pero tal vez su madre tenga razón y sus posibilidades como actor se vean condicionadas a su origen y su aspecto físico.
La madre es la típica mujer sola, esforzada, con un marido que se fue con otra y no responde ni con pensión alimenticia ni con amor. Una mujer que ha debido ser madre como mejor ha podido, con todo lo que eso significa, arrastrando y traspasando sus propias frustraciones a sus hijos.
El texto fluye con naturalidad  y todo el tiempo parece posible. No hay giros forzados, aún en el parlamento de la hija menor, en el momento en el que critica la disparidad del sistema educacional.
Un gran acierto es la dirección actoral, que consigue buenas interpretaciones en general, pero se anota una distinción con Daniela Fernández y su madre. Sin rellenos, canas ni arrugas postizas, la actriz crea a una mujer mayor de cuarenta años. Su actitud corporal y ciertos matices de la voz la convierten en una madre desenfadada, que esconde un secreto que se revelará sin estridencias al final de la obra.
¿Un detalle? Al centro de la mesa están las velas, pero desde el público parece una torta con luces. ¿Podría perfeccionarse ese elemento? Sería espectacular, para evitar distracciones y lograr que la puesta en escena estuviera redonda.
“Parir”
Teatro en Blanco.
Dramaturgia: Ronald Heim  / Corrección dramatúrgica: Daniela Mahana.
Dirección: Ronald Heim, Daniela Mahana.
Elenco: María José Andrade, Felipe Fariña, Daniela Fernández, Dominique  Muñoz.
Diseño Integral: Antonia Casanova.
Diseño Gráfico: Eduardo Cerón.
Música: Jaime Andrade.
Producción General: Teatro en Blanco.
Teatro Mori Bellavista. Constitución 183, Providencia
Hasta el  02 de mayo
sábados 22:30hrs y domingos 20:00hrs
$5.000 general $3.000 estudiantes y tercera edad.
reservas: 7776246  -  8137542   www.centromori.cl
ParirA “Parir” uno llega motivado por el boca a boca, y la experiencia que vive hace que esa publicidad continúe. Es que la pieza, escrita por Ronald Heim y dirigida por él mismo junto a Daniela Mahana, es un pequeño ejemplo de coherencia dramatúrgica ya que todos los códigos escénicos están en función al discurso central. No hay disonancias.
El acierto comienza con la simpleza y la falta de pretensiones abusivas. Cuatro personajes en torno a una mesa, caracterizados realistamente, sin excesos. Una madre y sus tres hijos, cuyas edades van entre los 17 y los 25 años, se reúnen en torno a ese tradicional signo de “familia” debido a un corte de luz en el barrio. Ese incidente los obliga a estar, a mirarse las caras, a verse.

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“Ojos que suenan”: Golpe al corazón

“Ojos que suenan”: Golpe al corazón“Ojos que Suenan” es el decidor nombre que la actriz Elena Muñoz le dio a la pieza teatral que escribió inspirada en su amistad con Alberto Vega, actor y director de la escuela de teatro de la Universidad Católica, que en 2006 cayó de su bicicleta y quedó inmovilizado. Locked in (encerrado en sí mismo) es el síndrome que lo mantiene dentro de un cuerpo que no responde. Y que sólo le permite mover los ojos.

Es difícil acercarse a “Ojos que Suenan” desde el intelecto, porque destila humanidad, amor, entrega, lazos, paciencia, incondicionalidad. Trasciende las formas para instalarse en un ámbito más profundo. Es un manifiesto a la AMISTAD VERDADERA, ésa incondicional, aguerrida, jugada, a la que no le importa que uno de los amigos no se comunique ni pueda manifestarse físicamente.  Los que rechazan a las personas que hablan mucho, ¿podrían asumir una relación con alguien que no lo hace? ¿con alguien que no se mueve?

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“Rotos de Amor”: Hombres sufrientes en clave clown

“Rotos de Amor”  es una pieza escrita por el argentino Rafael Bruzza, que muestra a cuatro machos heridos por el desamor. Por supuesto, los padecimientos de cada uno son risibles y extremos. Está el que no habla desde que murió su mujer hace 16 años (Bastián Bodenhöfer), el que no se atreve a acercarse a una mujer (Alejandro Trejo), el expulsado del lecho conyugal por roncar demasiado (Christian Zúñiga) y el que fuera reemplazado por no saber bailar tango (Mateo Iribarren).
Los cuatro son visitadores médicos y se acompañan en los más absurdos intentos por recuperar el amor, dar el paso decisivo o asumir una ya larga viudez.
Lo bueno parte con la opción del director, Mateo Iribarren, al darle un giro clawnesco a la puesta en escena. Es así como sitúa la acción en un escenario despojado, con los actores vestidos con guiños payasescos (chaquetas demasiado grandes, pantalones a la cintura) y algunos detalles del género (las pompas de jabón que usa Bodenhöfer, el penacho de Trejo con que simula flores, las pelucas, los instrumentos musicales que usan por momentos). También hay entre ellos un juego físico, una sutil coreografía que recuerda las rutinas circenses.
Esta forma de acercarse al texto lo potencia, le da una dimensión tragicómica que permite que los actores se muevan en un registro no convencional. Sus historias, extremas y lloronas, se convierten así en parte de un mundo ilusorio que funciona a la perfección.
El humor que vemos es negro y agridulce. Y los personajes pobres criaturas que padecen por amor que no dudan en teñirse el pelo, cantar serenatas o probar fórmulas químicas para matar el amor.
El elenco tiene una complicidad escénica que se traspasa fuera del escenario. Cada uno cumple muy bien su rol: Trejo como Berlanguita, traductor del mudo y el hombre que nunca se atreve a abordar a la mujer de sus sueños;  Bondenhöfer como El Mudo, que perdió el habla luego de la muerte de su mujer y que sólo se comunica con un lenguaje de señas y sonidos inventado por él; Iribarren como el canchero Rodríguez, que fuera desterrado del hogar por no saber bailar tango; y Zuñiga como el roncador impenitente.
Destaca Bodenhöfer, quien hace gala de gran dominio del lenguaje del cuerpo y crea una verdadera coreografía para cada momento. Su mudo es triste, física y emocionalmente, un verdadero mimo-clown que destila poesía.
¿Algún pero? Los carritos de plástico que forman la única escenografía. Se ven mal pintados. Un detalle, es cierto, pero que de pronto puede romper la magia de las escenas.
“Rotos de Amor”
Mori Parque Arauco
Autor: Rafael Bruzza
Director: Mateo Iribarren
Compañía: Tocco Producciones
Elenco: Bastián Bodenhofer, Alejandro Trejo, Mateo iribarren, Christian Zúñiga.
Horario: jueves, viernes y sábados 21.00 hrs., domingo 20.00 hrs.
Valores: jueves y domingo: $8.000 general y $6.000 estudiantes o tercera edad
Viernes y sábado $10.000 único valor.
Rotos de Amor“Rotos de Amor”  es una pieza escrita por el argentino Rafael Bruzza, que muestra a cuatro machos heridos por el desamor. Por supuesto, los padecimientos de cada uno son risibles y extremos. Está el que no habla desde que murió su mujer hace 16 años (Bastián Bodenhöfer), el que no se atreve a acercarse a una mujer (Alejandro Trejo), el expulsado del lecho conyugal por roncar demasiado (Christian Zúñiga) y el que fuera reemplazado por no saber bailar tango (Mateo Iribarren).
Los cuatro son visitadores médicos y se acompañan en los más absurdos intentos por recuperar el amor, dar el paso decisivo o asumir una ya larga viudez.
Lo bueno parte con la opción del director, Mateo Iribarren, al darle un giro clawnesco a la puesta en escena. Es así como sitúa la acción en un escenario despojado, con los actores vestidos con guiños payasescos (chaquetas demasiado grandes, pantalones a la cintura) y algunos detalles del género (las pompas de jabón que usa Bodenhöfer, el penacho de Trejo con que simula flores, las pelucas, los instrumentos musicales que usan por momentos). También hay entre ellos un juego físico, una sutil coreografía que recuerda las rutinas circenses.

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“La Muerte de Pandu”: imágenes de la India en Lastarria 90

“La Muerte de Pandu”, dirigida por Simón Silva y montada por su compañía, Dies Irae, es un proyecto complejo, ya que indaga en una cultura tan lejana para nosotros como la India. No sólo por tratarse de una adaptación de un trozo del Mahabharata, libro sagrado que reúne la gran epopeya mitológica de la India, sino porque compañía y director decidieron abordarla desde la cultura de ese país, usando para eso danzas y artes marciales propias, como el kalaripayattu.
¿El resultado? De dulce y de agraz. Pese a la acuciosa preparación del equipo (física y espiritual) el resultado no es del todo satisfactorio, ya que lo indio aparece impuesto aún al elenco. Es decir, no hay naturalidad en cómo la compañía asume ropas, gestos, danzas y artes marciales. La cultura de un lugar (entendida como el conjunto de costumbres y manifestaciones de un pueblo) se bebe desde la cuna, es difícil de asimilar en unos cuantos años de investigación. Y eso se nota, pese a la seriedad y rigurosidad del trabajo liderado por Silva.
A nivel de puesta en escena, la mayor dificultad es la falta de incorporación del lenguaje corporal a la estética total de la obra. Hay momentos de despliegue físico (algunos muy bellos, como cuando las actrices bailan con los ojos vendados) pero no consigue dar vida a un lenguaje donde cuerpo y palabra formen un todo.
Más allá de eso, actores y actrices manejan registros vocales diferentes. Unos cotidianos y otros impostados, lo que dificulta la fluidez de la palabra. En lo actoral destacan Paulina Escalona y Arellys Espinosa.
Pese a lo anterior, “La Muerte de Pandu” es una obra que interesa y entretiene. La música en vivo y la transformación actoral a la vista, así como la narración, que se levanta como una fábula universal, mantienen la atención del espectador.
“La Muerte de Pandu”
Autor(a):
Adaptación del Mahabharata: Simón Silva
Director(a): Simón Silva
Elenco: Paulina Escalona, Arellys Espinosa, Deissy Hidalgo, Alondra Cid, Aníbal Peña y Mariano Jiménez
Escenografía: Javier Alvarado
Vestuario:Carmen Gloria Cuello
Diseño: Macarena Escalona
Música: Martín Farías
Hasta el 14 de abril
Jueves a Domingo, 21:30 hrs.
General $3.000; Estudiantes y tercera edad $2.000; Jueves Populares $2.000
Reservas: (09) 91284809, (09) 98840890
“La Muerte de Pandu”“La Muerte de Pandu”, dirigida por Simón Silva y montada por su compañía, Dies Irae, es un proyecto complejo, ya que indaga en una cultura tan lejana para nosotros como la India. No sólo por tratarse de una adaptación de un trozo del Mahabharata, libro sagrado que reúne la gran epopeya mitológica de la India, sino porque compañía y director decidieron abordarla desde la cultura de ese país, usando para eso danzas y artes marciales propias, como el kalaripayattu.
¿El resultado? De dulce y de agraz. Pese a la acuciosa preparación del equipo (física y espiritual) el resultado no es del todo satisfactorio, ya que lo indio aparece impuesto aún al elenco. Es decir, no hay naturalidad en cómo la compañía asume ropas, gestos, danzas y artes marciales. La cultura de un lugar (entendida como el conjunto de costumbres y manifestaciones de un pueblo) se bebe desde la cuna, es difícil de asimilar en unos cuantos años de investigación. Y eso se nota, pese a la seriedad y rigurosidad del trabajo liderado por Silva.

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Imperdibles de la última Semana de Santiago a Mil

santiago a milQuedan sólo unos días  para que el Festival internacional Santiago a Mil termine su versión 2010, pero aún hay obras imprescindibles en cartelera. Después de leer ¡vaya corriendo a las boleterías de los teatros o al Crown Plaza!  Las entradas se agotan rápidamente.

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Luciano Cruz-Coke se luce en drama dirigido por Alejandro Castillo

“Móscas sobre el Mármol”, de Luis Alberto Heiremans (1928-1964), resulta vigente en la dirección de Alejandro Castillo. La trama retrata pulsiones humanas siempre atractivas de explorar: la relación edípica entre una madre dominante y el protagonista, hijo único, otra de insinuación homoerótica entre él y su amigo de la infancia. A eso se suma la decadencia de una clase social que, ya sin el dinero que la hacía brillar, se ha vuelto opaca y enferma.
La versión de Castillo sitúa la obra en la capilla Las Verónicas, Independencia, donde el mismo director la estrenara en 1994. Esta vez, reunió en el elenco a un actor que maneja muy bien el realismo psicológico, como Luciano Cruz-Coke, quien es Julián, el aristócrata  protagonista que representa la decadencia de su clase además de su fracaso afectivo; con Gloria Münchmayer, siempre potente en sus roles de madre y que aquí es una madre araña, dispuesta a devorar a su atormentado hijo; Francisco Pérez Bannen como Enrique, el amigo, que ha prosperado trabajando en las minas y que concentra el desbordado apego  de Julián; e Ingrid Isensee como Teresa, impávida esposa del protagonista, enamorada de Enrique, devota católica y del deber ser. Aldo Bernales, en una breve intervención, es el leal peón de los patrones.
La trama sucede cuando Julián invita a una fiesta en su casa de campo a Enrique, apenas sabe que éste ha vuelto a Santiago luego de una década en Calama. La idea es cazar fantasmas en la capilla de la casona, lugar menospreciado por los ateos dueños de casa.
La atmósfera que crea Castillo, con las luces y sombras de la capilla, y el rito de presenciar una tragedia en un lugar ajeno a una sala de teatro, envuelve al público como en las mejores películas del género, de los años 50. Apenas aparecen Enrique y Julián en escena, el espectador “siente” que se esconde un misterio. La excesiva locuacidad de Julián, que revela una patológica intensidad y un deseo de controlarlo todo; la conducta contenida de Enrique, como un espectador más; la referencias al pasado con que Julián hostiga al visitante; hacen que los hilos que unen a los personajes se tensen cada vez más.
Luego se sabe que Teresa y Enrique estuvieron, y están, enamorados. Pero que ella, por lealtad, dejó que él se alejara hasta el norte. Enrique vuelve a pedirle que se marchen y Julián vuelve a sorprenderlos. Desgarrado por la traición de ambos, pese a que ella no acepta, se precipita al suicidio.
En esta tragedia, Luciano Cruz-Coke se mueve cómodamente y dota a Julián de variados matices. Va desde la lucidez a la locura, desde la arrogancia al desamparo. Hace muy buena dupla con Gloria Münchmayer, y juntos tienen una escena muy decidora, cuando él llora y ella le dice que sólo se tienen el uno al otro y que el resto del mundo es un enemigo. Pérez-Bannen es un buen partner de  Cruz-Coke, aunque por momentos su inmovilidad corporal resulta extraña. Ingrid Insensee no consigue transmitir con su cuerpo, siempre está rígida, con los brazos caídos e inexpresivos. Está bien, puede ser que su personaje se “mueva” así, pero es necesario que las palabras viajen por el cuerpo y que éste tenga una intención.
Alejandro Castillo sólo confirma lo que tanto se repitió de él en 2009: su extrema habilidad para develar situaciones donde un grupo de personas ven su intimidad puesta en jaque. Maneja muy bien el tempo emocional de los sucesos, así como también las palabras, los silencios y los estados que los construyen. No necesita desbordes, ya que sabe encontrar sutilezas que hablan mucho más.
“Móscas  Sobre el Mármol”
Dirección: Alejandro Castillo.
Elenco: Gloria Münchmeyer, Luciano Cruz-Coke, Francisco Pérez-Bannen, Ingrid Isensee y Aldo Bernales.
7 al 10, 13 al 16, 21, 22 y 24, y 28 al 31 de enero.
Salida de bus a La Capilla 21: 30  horas desde Plaza Mulato Gil
moscas sobre el mármol“Móscas sobre el Mármol”, de Luis Alberto Heiremans (1928-1964), resulta vigente en la dirección de Alejandro Castillo. La trama retrata pulsiones humanas siempre atractivas de explorar: la relación edípica entre una madre dominante y el protagonista, hijo único, otra de insinuación homoerótica entre él y su amigo de la infancia. A eso se suma la decadencia de una clase social que, ya sin el dinero que la hacía brillar, se ha vuelto opaca y enferma.

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