Festival de Dramaturgia Norteamericana Contemporánea: lo mejor y lo peor

Sin duda, lo mejor del Tercer Festival de Dramaturgia Norteamericana Contemporánea fue la versión de la compañía Geografía Teatral (“Natacha”, “Isabel Sandoval Modas”)  para la obra del ya ícono Sam Shepard  “A Lie of the Mind”, traducida como “Una Impostura del Recuerdo”. El joven director Tomás Espinosa logró captar la incomodidad de la historia de dos familia más que disfuncionales y hacerlas cercanas, pese a lo ajenas que pueden resultarnos por su profunda idiosincracia norteamericana del Oeste.
El trabajo de puesta en escena, en ningún momento complaciente, consiguió retratar personajes con dolorosos estigmas en ambos grupos familiares. Una encabezada por una madre viuda, con dos hijos que cargan con la muerte del padre, y la otra donde el marido parece estar sólo preocupado de la caza. Ambos núcleos se detestan, aunque el hijo de la primera está casado con la hija de la segunda, a la que cree haber matado luego de una golpiza. Violencia doméstica de todo tipo resuena en el ambiente. Falta de comunicación. Terquedad.
Espinosa guió muy bien a sus actores. Tres de ellos, Bárbara Vera, Trinidad Piriz e Iván Parra, interpretan dos personajes cada uno. Y lo más impactante es que se transforman ante los ojos del público, con un guiño cómplice que puede significar muchas cosas: desde que cualquiera puede convertirse en un ser detestable hasta simplemente evidenciar uno de los misterios teatrales, la encarnación.
La mejor actriz del festival también forma parte de esta pieza. Se trata de Paula Bravo, quien interpreta a Beth, la golpeada joven que queda disminuida física y mentalmente después del encontrarse con los puños de su marido. La actriz despliega un mundo frágil y dolorido en escena, que conmueve e impacta. Su voz, sus ojos, su cuerpo, dan cuenta de la realidad de esta mujer, quebrada antes de los golpes.
En segundo lugar, luego de “Una Impostura del Recuerdo”, está “Más Allá de la Terapia”, de Cristopher Durang, a cargo de Pierre Sauré y Teatro Sub. Esta delirante historia se centra en Bruce y Prudence, dos confundidos seres que buscan en la terapia el sentido a su vida. Él se declara bisexual y busca una mujer para tener hijos, pese a que vive con un hombre. Ella se acuesta con su terapeuta y contesta avisos en el diario de sujetos que buscan pareja. Ambos terapeutas parecen necesitar terapia, además.
El director le dio a esta delirante historia un toque de farsa desopilante, con bailes incluidos y escenas de fantasía, arriesgada opción porque requiere que el mecanismo teatral funcione como reloj. Pero le salió bien, y el elenco se lució en una cuerda de comedia desatada. Cristina Aburto y Cristián Gajardo, los terapeutas, para matarse de la risa.
Los otros dos textos, “Cuestión de Clemencia” (Dave Rabe) y “Bedtrick” (Matt Mosses), no fueron tan afortunados. El primero dio la partida al Festival, por lo que el equipo tuvo muy poco tiempo para profundizar en su propuesta. Pese al talento de Andrés Reyes, Eduardo Paxeco y Álex Zisis, que sostuvieron la escena con su desempeño, a la puesta en escena le faltó trabajo de punto de vista.
“Bedtrick”, la última en debutar, estuvo a cargo de Ronald Heim, aplaudido por su obra “Parir”. No era el mejor texto (un drama familiar de infidelidad que termina con tres mujeres que huyen) y a los actores, debutantes, les faltó soltura y aplomo.
Otra cosa buena. Las funciones en Lastarria 90 esutuvieron y están llenas ("Bedtrick" tiene funciones hasta el 4 de julio), así como también la Escuela de Espectadores, encabezada por el crítico Javier Ibacache.
Una Impostura del RecuerdoSin duda, lo mejor del Tercer Festival de Dramaturgia Norteamericana Contemporánea fue la versión de la compañía Geografía Teatral (“Natacha”, “Isabel Sandoval Modas”)  para la obra del ya ícono Sam Shepard  “A Lie of the Mind”, traducida como “Una Impostura del Recuerdo”. El joven director Tomás Espinosa logró captar la incomodidad de la historia de dos familia más que disfuncionales y hacerlas cercanas, pese a lo ajenas que pueden resultarnos por su profunda idiosincracia norteamericana del Oeste.

Leer más...

“El Coordinador”: Un éxito del pasado, imperdible del presente

Eran otros tiempos cuando se estrenó “El Coordinador”. Corría 1993 y la obra, escrita por Benjamín Galemiri, ganó el VII Festival de Teatro del Instituto Chileno Norteamericano. En escena estaban Mateo Iribarren, Alejandro Trejo, Max Corvalán y Patricia Rivadeneira, bajo la dirección de Alejandro Goic. Juntos formaban la compañía El Bufón Negro, que luego tuvo una destacada y aplaudida trayectoria.
En enero, para celebrar el Bicentenario y con la coproducción de Santiago a Mil, se remontó el montaje con el elenco original. Y fue un éxito. Por eso está de nuevo en cartelera, en una versión donde sólo cambia la actriz, ya que Rivadeneira está en Italia. Por ella se turnan Andrea Freund y Andrea Martínez.
En 2010, a 17 años de su debut, “El Coordinador” sigue vigente. La metáfora de la dictadura militar encarnada en Marlon (Mateo Iribarren), un dominante jefe de mantención que controla las vidas de los pobres que suben al ascensor donde se encuentra, hoy se traslada fácilmente a otras dictaduras: de la burocracia, del consumismo, del exceso de institucionalidad, de la competencia extrema. En fin,  tópicos hay muchos. Y la metáfora siempre funciona.
Iribarren despliega un sinnúmero de matices para crear al perverso y seductor Marlon, conquistando desde el comienzo al público. Su voz se pasea desde la dulzura a la burla extrema, pasando por la ironía y el cinismo. Él es quien maneja el reducido espacio, el ascensor, donde transcurre la acción.
Muy bien está Max Corvalán, como el ex funcionario de correos cesante y virgen que busca trabajo. Su corporalidad da cuenta de su inferioridad y su falta de emprendimiento. Alejandro Trejo está poco en escena pero consigue atrapar como el extraño sujeto, semitapado por un impermeable roto, que acosa a la única mujer, Brigitte, con un caleidoscopio con el que simula su pene.
Mención aparte merece Andrea Freund, quien interpretó a Brigitte el día que disfruté del montaje. La actriz realiza un aporte a la escena y a sus compañeros, gracias a un trabajo profundo que maneja la emoción justa para dar cuenta de esta traductora que no se maneja muy bien con el idioma, y que se siente curiosamente atraída por Marlon. Contenida y con fuerte presencia escénica, consigue tocar al público con su personaje.
La puesta en escena de Goic funciona con reloj, con el maestro Patricio Solovera al piano, en vivo, aportando el contrapunto musical que crea y refuerza atmósferas, y un asistente que colabora entregándole elementos a los actores además de intervenir en la acción (golpea con un martillo el ascensor, lo mueve).
El texto corresponde tal vez a la mejor etapa de Galemeri. En él se insinúan temas como el impulso sexual como motor de las acciones, la religión y la pluralidad de sentido de las estructuras verbales. Todavía no había llegado a la verborrea y reiteración de sus últimas creaciones.
Imperdible. Para disfrutar de una obra que no pasa de moda y de actores que son  apuesta segura.
"El Coordinador"
Dramaturgia: Benjamín Galemiri
Compañía: Bufón Negro
Elenco: Alejandro Trejo, Mateo Iribarren, Andrea Freund, Andrea Martínez, Max Corvalán.
Horario: jueves y viernes 21, sábado 20.30
Valor: $8.000 general. $5.000 estudiantes y Tercera Edad
el coordinadorEran otros tiempos cuando se estrenó “El Coordinador”. Corría 1993 y la obra, escrita por Benjamín Galemiri, ganó el VII Festival de Teatro del Instituto Chileno Norteamericano. En escena estaban Mateo Iribarren, Alejandro Trejo, Max Corvalán y Patricia Rivadeneira, bajo la dirección de Alejandro Goic. Juntos formaban la compañía El Bufón Negro, que luego tuvo una destacada y aplaudida trayectoria.

Leer más...

“La Casa de los Espíritus”: Agilidad y vértigo en una gran producción

la casa de los espíritusPor fin se estrenó la versión teatral de La Casa de los Espíritus, libro emblemático de Isabel Allende. La dirección de José Zayas, norteamericano de origen portorriqueño, y un elenco encabezado por Blanca Lewin y Francisco Melo, dan vida a una obra de dos horas y cuarto de duración, más un intermedio, cuyas entradas en el Teatro Mori Parque Arauco están agotadas.

El principal acierto es la maquinaria escénica, con dos cortinas transparentes que se abren y cierran y donde se proyectan las imágenes que ambientan la obra.  A eso se suma un dispositivo ágil y vertiginoso gracias a la dirección de Zayas, que hacen que los 135  minutos que dura se pasen volando. La entrada y salida de los numerosos personajes es precisa, así como también sus intervenciones y el tiempo de cada escena.

Leer más...

El poder del verbo

El poder del verboEn la sala Jorge Díaz, del teatro de la Universidad Finis Terrae, se está presentando desde la semana pasada la obra “Acreedores”, del sueco August Strindberg, bajo la dirección de Nicolás Fontaine. La pieza, escrita en 1888, es un drama cargado de ironía que hurga con acidez en la institución del matrimonio (Strinberg estuvo casado varias veces) y sus bemoles: celos, manipulaciones, mentiras, enfrentamiento de ideas y estrategias de dominación. Quién se come a quién, quién modela a quién, son las ideas de fondo. Algo que se ve en “Jugar con Fuego” y también en “La Señorita Julia”, otras piezas del mismo autor.  A esta contienda él la llamaba “lucha de cerebros”, que se extiende a lucha entre los sexos, entre lo caduco y lo nuevo, entre lo aristocrático y lo patán.La versión de Fontaine, que también actúa, es un montaje limpio que deja que el texto se luzca (con todo lo que eso significa, ya que decir bien un texto pasa tanto por lo técnico como por el ritmo emotivo que se le imprime a cada frase, por la intención) en medio de un espacio negro, con sólo un par de sillones, un cuadro y una escultura.

Leer más...

“Parir”: Una joyita del teatro emergente

A “Parir” uno llega motivado por el boca a boca, y la experiencia que vive hace que esa publicidad continúe. Es que la pieza, escrita por Ronald Heim y dirigida por él mismo junto a Daniela Mahana, es un pequeño ejemplo de coherencia dramatúrgica ya que todos los códigos escénicos están en función al discurso central. No hay disonancias.
El acierto comienza con la simpleza y la falta de pretensiones abusivas. Cuatro personajes en torno a una mesa, caracterizados realistamente, sin excesos. Una madre y sus tres hijos, cuyas edades van entre los 17 y los 25 años, se reúnen en torno a ese tradicional signo de “familia” debido a un corte de luz en el barrio. Ese incidente los obliga a estar, a mirarse las caras, a verse.
A medida que transcurren los minutos, la madre (Daniela Fernández) comienza a repasar su vida con una mezcla de ironía y humor negro, al tiempo que interpela a sus hijos para que reconozcan sus dolores, frustraciones y miseria. Su conversación es cruda, hasta un poco hiriente, en especial para Viviana (Dominique Muñoz), la hija mayor que tuvo que dejar la universidad, trabaja en un callcenter y es la más distante de la madre.  Jano (Felipe Fariña) el hijo que estudia teatro se ve más conectado con su progenitora, aunque ésta le diga que nunca será Hamlet porque el casting que mejor le acomoda es el de chofer de micro. La menor, Marcela (María José Andrade), tiene sus propios problemas escolares.
Ambas hijas encarnan un discurso crítico a la realidad chilena. De clase media baja, sin posibilidades de movilidad social, deben conformarse. Una con estudiar en un mal liceo y no tener las herramientas básicas para estudiar y, la otra, con someterse a un trabajo enajenante olvidando sus aspiraciones. Jano está estudiando lo que quiere, pero tal vez su madre tenga razón y sus posibilidades como actor se vean condicionadas a su origen y su aspecto físico.
La madre es la típica mujer sola, esforzada, con un marido que se fue con otra y no responde ni con pensión alimenticia ni con amor. Una mujer que ha debido ser madre como mejor ha podido, con todo lo que eso significa, arrastrando y traspasando sus propias frustraciones a sus hijos.
El texto fluye con naturalidad  y todo el tiempo parece posible. No hay giros forzados, aún en el parlamento de la hija menor, en el momento en el que critica la disparidad del sistema educacional.
Un gran acierto es la dirección actoral, que consigue buenas interpretaciones en general, pero se anota una distinción con Daniela Fernández y su madre. Sin rellenos, canas ni arrugas postizas, la actriz crea a una mujer mayor de cuarenta años. Su actitud corporal y ciertos matices de la voz la convierten en una madre desenfadada, que esconde un secreto que se revelará sin estridencias al final de la obra.
¿Un detalle? Al centro de la mesa están las velas, pero desde el público parece una torta con luces. ¿Podría perfeccionarse ese elemento? Sería espectacular, para evitar distracciones y lograr que la puesta en escena estuviera redonda.
“Parir”
Teatro en Blanco.
Dramaturgia: Ronald Heim  / Corrección dramatúrgica: Daniela Mahana.
Dirección: Ronald Heim, Daniela Mahana.
Elenco: María José Andrade, Felipe Fariña, Daniela Fernández, Dominique  Muñoz.
Diseño Integral: Antonia Casanova.
Diseño Gráfico: Eduardo Cerón.
Música: Jaime Andrade.
Producción General: Teatro en Blanco.
Teatro Mori Bellavista. Constitución 183, Providencia
Hasta el  02 de mayo
sábados 22:30hrs y domingos 20:00hrs
$5.000 general $3.000 estudiantes y tercera edad.
reservas: 7776246  -  8137542   www.centromori.cl
ParirA “Parir” uno llega motivado por el boca a boca, y la experiencia que vive hace que esa publicidad continúe. Es que la pieza, escrita por Ronald Heim y dirigida por él mismo junto a Daniela Mahana, es un pequeño ejemplo de coherencia dramatúrgica ya que todos los códigos escénicos están en función al discurso central. No hay disonancias.
El acierto comienza con la simpleza y la falta de pretensiones abusivas. Cuatro personajes en torno a una mesa, caracterizados realistamente, sin excesos. Una madre y sus tres hijos, cuyas edades van entre los 17 y los 25 años, se reúnen en torno a ese tradicional signo de “familia” debido a un corte de luz en el barrio. Ese incidente los obliga a estar, a mirarse las caras, a verse.

Leer más...

“Ojos que suenan”: Golpe al corazón

“Ojos que suenan”: Golpe al corazón“Ojos que Suenan” es el decidor nombre que la actriz Elena Muñoz le dio a la pieza teatral que escribió inspirada en su amistad con Alberto Vega, actor y director de la escuela de teatro de la Universidad Católica, que en 2006 cayó de su bicicleta y quedó inmovilizado. Locked in (encerrado en sí mismo) es el síndrome que lo mantiene dentro de un cuerpo que no responde. Y que sólo le permite mover los ojos.

Es difícil acercarse a “Ojos que Suenan” desde el intelecto, porque destila humanidad, amor, entrega, lazos, paciencia, incondicionalidad. Trasciende las formas para instalarse en un ámbito más profundo. Es un manifiesto a la AMISTAD VERDADERA, ésa incondicional, aguerrida, jugada, a la que no le importa que uno de los amigos no se comunique ni pueda manifestarse físicamente.  Los que rechazan a las personas que hablan mucho, ¿podrían asumir una relación con alguien que no lo hace? ¿con alguien que no se mueve?

Leer más...