Sergio Valenzuela estrena performance “Identidad”

Identidad-Sólo dos funciones, jueves 22 y viernes 23, tendrá esta actividad, que pretende reflexionar en torno a la identidad nacional y latinoamericana.

A partir de los acontecimientos sucedidos los últimos 10 años en Chile, Sergio Valenzuela Valdés presenta “Identidad”, performance que se realizará en el Salón de Conferencias del VIMA a las 19.30 horas, el jueves 22 y el viernes 23 de julio.

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“La Quintrala”: Para reírse de buena gana con buen teatro

La QuintralaEn 1999, un grupo de alumnos recién egresado de la escuela de Fernando González estrenaron “La Quintrala”, obra en verso de Domingo Antonio Izquierdo, quien murió a los 26 años en 1886. Con motivo del Bicentenario y con varios años más encima - en buena hora-  los mismos alumnos remontaron la pieza en el Teatro Alcalá. Rodrigo Pérez (director de “Las Brutas”, “Violeta al Centro de la Injusticia, entre muchas y aplaudidas obras)  los guió hace una década y ahora Paz Martínez asumió la dirección del remontaje, aunque Pérez dio los toques finales. 

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“El Hombre que Daba de Beber a las Mariposas”: La tecnología no basta

El Hombre que daba de beber a las MariposasPor fin se estrenó “El Hombre que Daba de Beber a las Mariposas”, nueva y esperada entrega de la compañía Teatro Cinema en su búsqueda por unir el lenguaje escénico con el audiovisual.

Esta vez, el grupo liderado por Juan Carlos Zagal asume un desafío extremo: trabajar filmaciones y animaciones en 3D y 2D, mezcladas con actores en vivo en escena, que deben actuar entre dos pantallas. La historia parte con un hombre viejo, Filipo, que en el último momento de su vida corre desesperado para cumplir con el ritual de dar de beber a las mariposas. En este viaje se encuentra en una plaza con Juan, un cineasta que tiene una novia en coma y que está haciendo una película épica con dos antiguos actores de teatro.

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Festival de Dramaturgia Norteamericana Contemporánea: lo mejor y lo peor

Sin duda, lo mejor del Tercer Festival de Dramaturgia Norteamericana Contemporánea fue la versión de la compañía Geografía Teatral (“Natacha”, “Isabel Sandoval Modas”)  para la obra del ya ícono Sam Shepard  “A Lie of the Mind”, traducida como “Una Impostura del Recuerdo”. El joven director Tomás Espinosa logró captar la incomodidad de la historia de dos familia más que disfuncionales y hacerlas cercanas, pese a lo ajenas que pueden resultarnos por su profunda idiosincracia norteamericana del Oeste.
El trabajo de puesta en escena, en ningún momento complaciente, consiguió retratar personajes con dolorosos estigmas en ambos grupos familiares. Una encabezada por una madre viuda, con dos hijos que cargan con la muerte del padre, y la otra donde el marido parece estar sólo preocupado de la caza. Ambos núcleos se detestan, aunque el hijo de la primera está casado con la hija de la segunda, a la que cree haber matado luego de una golpiza. Violencia doméstica de todo tipo resuena en el ambiente. Falta de comunicación. Terquedad.
Espinosa guió muy bien a sus actores. Tres de ellos, Bárbara Vera, Trinidad Piriz e Iván Parra, interpretan dos personajes cada uno. Y lo más impactante es que se transforman ante los ojos del público, con un guiño cómplice que puede significar muchas cosas: desde que cualquiera puede convertirse en un ser detestable hasta simplemente evidenciar uno de los misterios teatrales, la encarnación.
La mejor actriz del festival también forma parte de esta pieza. Se trata de Paula Bravo, quien interpreta a Beth, la golpeada joven que queda disminuida física y mentalmente después del encontrarse con los puños de su marido. La actriz despliega un mundo frágil y dolorido en escena, que conmueve e impacta. Su voz, sus ojos, su cuerpo, dan cuenta de la realidad de esta mujer, quebrada antes de los golpes.
En segundo lugar, luego de “Una Impostura del Recuerdo”, está “Más Allá de la Terapia”, de Cristopher Durang, a cargo de Pierre Sauré y Teatro Sub. Esta delirante historia se centra en Bruce y Prudence, dos confundidos seres que buscan en la terapia el sentido a su vida. Él se declara bisexual y busca una mujer para tener hijos, pese a que vive con un hombre. Ella se acuesta con su terapeuta y contesta avisos en el diario de sujetos que buscan pareja. Ambos terapeutas parecen necesitar terapia, además.
El director le dio a esta delirante historia un toque de farsa desopilante, con bailes incluidos y escenas de fantasía, arriesgada opción porque requiere que el mecanismo teatral funcione como reloj. Pero le salió bien, y el elenco se lució en una cuerda de comedia desatada. Cristina Aburto y Cristián Gajardo, los terapeutas, para matarse de la risa.
Los otros dos textos, “Cuestión de Clemencia” (Dave Rabe) y “Bedtrick” (Matt Mosses), no fueron tan afortunados. El primero dio la partida al Festival, por lo que el equipo tuvo muy poco tiempo para profundizar en su propuesta. Pese al talento de Andrés Reyes, Eduardo Paxeco y Álex Zisis, que sostuvieron la escena con su desempeño, a la puesta en escena le faltó trabajo de punto de vista.
“Bedtrick”, la última en debutar, estuvo a cargo de Ronald Heim, aplaudido por su obra “Parir”. No era el mejor texto (un drama familiar de infidelidad que termina con tres mujeres que huyen) y a los actores, debutantes, les faltó soltura y aplomo.
Otra cosa buena. Las funciones en Lastarria 90 esutuvieron y están llenas ("Bedtrick" tiene funciones hasta el 4 de julio), así como también la Escuela de Espectadores, encabezada por el crítico Javier Ibacache.
Una Impostura del RecuerdoSin duda, lo mejor del Tercer Festival de Dramaturgia Norteamericana Contemporánea fue la versión de la compañía Geografía Teatral (“Natacha”, “Isabel Sandoval Modas”)  para la obra del ya ícono Sam Shepard  “A Lie of the Mind”, traducida como “Una Impostura del Recuerdo”. El joven director Tomás Espinosa logró captar la incomodidad de la historia de dos familia más que disfuncionales y hacerlas cercanas, pese a lo ajenas que pueden resultarnos por su profunda idiosincracia norteamericana del Oeste.

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“El Coordinador”: Un éxito del pasado, imperdible del presente

Eran otros tiempos cuando se estrenó “El Coordinador”. Corría 1993 y la obra, escrita por Benjamín Galemiri, ganó el VII Festival de Teatro del Instituto Chileno Norteamericano. En escena estaban Mateo Iribarren, Alejandro Trejo, Max Corvalán y Patricia Rivadeneira, bajo la dirección de Alejandro Goic. Juntos formaban la compañía El Bufón Negro, que luego tuvo una destacada y aplaudida trayectoria.
En enero, para celebrar el Bicentenario y con la coproducción de Santiago a Mil, se remontó el montaje con el elenco original. Y fue un éxito. Por eso está de nuevo en cartelera, en una versión donde sólo cambia la actriz, ya que Rivadeneira está en Italia. Por ella se turnan Andrea Freund y Andrea Martínez.
En 2010, a 17 años de su debut, “El Coordinador” sigue vigente. La metáfora de la dictadura militar encarnada en Marlon (Mateo Iribarren), un dominante jefe de mantención que controla las vidas de los pobres que suben al ascensor donde se encuentra, hoy se traslada fácilmente a otras dictaduras: de la burocracia, del consumismo, del exceso de institucionalidad, de la competencia extrema. En fin,  tópicos hay muchos. Y la metáfora siempre funciona.
Iribarren despliega un sinnúmero de matices para crear al perverso y seductor Marlon, conquistando desde el comienzo al público. Su voz se pasea desde la dulzura a la burla extrema, pasando por la ironía y el cinismo. Él es quien maneja el reducido espacio, el ascensor, donde transcurre la acción.
Muy bien está Max Corvalán, como el ex funcionario de correos cesante y virgen que busca trabajo. Su corporalidad da cuenta de su inferioridad y su falta de emprendimiento. Alejandro Trejo está poco en escena pero consigue atrapar como el extraño sujeto, semitapado por un impermeable roto, que acosa a la única mujer, Brigitte, con un caleidoscopio con el que simula su pene.
Mención aparte merece Andrea Freund, quien interpretó a Brigitte el día que disfruté del montaje. La actriz realiza un aporte a la escena y a sus compañeros, gracias a un trabajo profundo que maneja la emoción justa para dar cuenta de esta traductora que no se maneja muy bien con el idioma, y que se siente curiosamente atraída por Marlon. Contenida y con fuerte presencia escénica, consigue tocar al público con su personaje.
La puesta en escena de Goic funciona con reloj, con el maestro Patricio Solovera al piano, en vivo, aportando el contrapunto musical que crea y refuerza atmósferas, y un asistente que colabora entregándole elementos a los actores además de intervenir en la acción (golpea con un martillo el ascensor, lo mueve).
El texto corresponde tal vez a la mejor etapa de Galemeri. En él se insinúan temas como el impulso sexual como motor de las acciones, la religión y la pluralidad de sentido de las estructuras verbales. Todavía no había llegado a la verborrea y reiteración de sus últimas creaciones.
Imperdible. Para disfrutar de una obra que no pasa de moda y de actores que son  apuesta segura.
"El Coordinador"
Dramaturgia: Benjamín Galemiri
Compañía: Bufón Negro
Elenco: Alejandro Trejo, Mateo Iribarren, Andrea Freund, Andrea Martínez, Max Corvalán.
Horario: jueves y viernes 21, sábado 20.30
Valor: $8.000 general. $5.000 estudiantes y Tercera Edad
el coordinadorEran otros tiempos cuando se estrenó “El Coordinador”. Corría 1993 y la obra, escrita por Benjamín Galemiri, ganó el VII Festival de Teatro del Instituto Chileno Norteamericano. En escena estaban Mateo Iribarren, Alejandro Trejo, Max Corvalán y Patricia Rivadeneira, bajo la dirección de Alejandro Goic. Juntos formaban la compañía El Bufón Negro, que luego tuvo una destacada y aplaudida trayectoria.

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“La Casa de los Espíritus”: Agilidad y vértigo en una gran producción

la casa de los espíritusPor fin se estrenó la versión teatral de La Casa de los Espíritus, libro emblemático de Isabel Allende. La dirección de José Zayas, norteamericano de origen portorriqueño, y un elenco encabezado por Blanca Lewin y Francisco Melo, dan vida a una obra de dos horas y cuarto de duración, más un intermedio, cuyas entradas en el Teatro Mori Parque Arauco están agotadas.

El principal acierto es la maquinaria escénica, con dos cortinas transparentes que se abren y cierran y donde se proyectan las imágenes que ambientan la obra.  A eso se suma un dispositivo ágil y vertiginoso gracias a la dirección de Zayas, que hacen que los 135  minutos que dura se pasen volando. La entrada y salida de los numerosos personajes es precisa, así como también sus intervenciones y el tiempo de cada escena.

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