Paulina Mellado y "La Bailarina"

La intención desde un inicio era entrevistar a Paulina Mellado una vez terminado su estreno, pero era imposible sacarla de su ir y venir. Afuera de la sala habían cerca de cincuenta personas esperando para acercarse a ella y felicitarla por su nuevo trabajo “La Bailarina”. Por esta razón debí regresar al día siguiente. La idea era detenerla apenas terminara el ensayo, rescatar ideas y pensamientos que nos hicieran conocer un poco más de la dimensión creadora de Paulina y su obra. Mellado se ve de una personalidad tranquila, pero al hablar llueven los términos e ideas que emanan de su cabeza, como si estuviera relatando algo que

está frente a sus ojos. Cientos de conceptos entrelazados como debo volver a ver la obra, porque en ella vive más magia que la que ya existía antes de esta nota.

 -¿Cómo nace la obra “La Bailarina”?

-La obra nace por una relación que se arma entre Gabriela Mistral y los procedimientos coreográficos que utiliza la compañía Pe Mellado. Somos una agrupación que trabaja desde el 2000, tenemos una manera de entrar en materia coreográfica en términos de búsqueda de material y lenguaje corporal que es muy propia, y nos interesa generar códigos entre los bailarines o intérpretes de la obra.

-¿Y cómo llegan a GAM?

-Nosotros, la Cía. Pe Mellado, queríamos bailar en el Centro GAM y dentro de la convocatoria para participar en el lugar era que debíamos tomar como tema a Gabriela Mistral. Ahora bien, uno lo podía tomar libremente y nos dimos cuenta que era un gran desafío. Ya que nosotros no trabajamos con coreografías temáticas, nunca hablamos del amor, ni de personajes o historias. Hablamos de cosas mas genéricas, como problemas que aparecen a partir del mismo proceso de trabajo. Me interesa ver al intérprete como creador-intérprete, con sus obsesiones, sus encuentros y desencuentros, tanto consigo mismo como con su entorno. Esas obsesiones y problemáticas que salen de la conversación consigo mismo.

-¿Pero qué busca Paulina Mellado en la creación coreográfica?

-Generar un gesto que tenga que ver con la obra, que hable de recursos, procedimientos. Más que plegar problemáticas, es jugar con el uso y ver cómo el mismo cuerpo genera movimiento. Yo digo que no sólo trabajamos con la subjetividad, también con la objetividad, bailamos con la idea del sujeto desplegado en el espacio dancístico, el cómo encuentra material coreográfico, en cómo reconoce su cuerpo, sus propios gestos y eso es solo posible en la medida que éste se relacione con otra cosa: ejemplo, otro intérprete, las limitaciones espaciales…En este caso también fue la poesía de Mistral, sus reiteraciones y las articulaciones fonéticas. Me interesa la interferencia de este poema en el cuerpo del interprete y cómo éste desarrolla dicho cruce.

-¿Estás conforme con la puesta en escena?

-Sí, me gusta mucho porque juegan varias cosas. Además también hay conceptos. Existe un desarrollo de lenguaje y el despliegue de éste en situaciones bien concretas, como un espacio limitado, un vestuario con todas sus restricciones y que de alguna manera sustentan y hablan de algo por sí solas.

-¿Qué dimensiones estás rescatando en Gabriela?

-Siempre en nuestras coreografías aparece la dimensión de género. Éstees como una sorpresa, como algo que genera mucha extrañeza. Por lo general, siempre es la dualidad hombre mujer. La mujer desventajada, la mujer barroca, ataviada, una dimensión misógina. En la obra “La Bailarina”, el género es Gabriela Mistral, no son sólo hombre y mujeres, todos unos y otros son Gabriela. En el poema “La Otra” habla de otra persona, pero al mismo tiempo también es la misma poetisa. Tengo la obsesión sobre la pregunta del ser. Para mi existe un ser con tanta complejidad, que éste se hace interesante investigar.