Beatriz Alcalde Habla de su Estreno en la Sala Arrau

Beatriz Alcalde es la segunda coreógrafa (la otra es Isabel Torres) encargada de abrir esta temporada de los Encuentros Coreográficos en la Sala Arrau. La obra de Alcalde tiene singularidades que la hacen identificable y diferente a la de otros coreógrafos nacionales. La primera  es que su compañía tiene  24 intérpretes, un número grande para una compañía independiente. La segunda, la música que utiliza, que resultan muy  complejas al oído.  Por estas mismas  razones resulta atractivo conocer un poco más de ella.
-Tienes una compañía compuesta por 23 mujeres  y un hombre ¿A qué se debe esto?

-Porque existen  circunstancias sociales en relación al hombre en la danza. Es complicada la participación del hombre en la danza independiente y más si este cumple el rol de jefe de familia.
-¿Cómo se financian si cada año tienen una producción nueva?
-Nosotros nos autofinanciamos como compañía  a nivel de proyecto con aportes de cada uno de los integrantes, que utilizamos  para realización de vestuario y lo que sea necesario para cada producción.
-¿Cómo nace  esta compañía?
Coincide que esta compañía  es una derivación del conservatorio de la escuela de Evelyn Cordero que es mi madre, donde son solo niñas.  Luego, en una etapa profesional continúan bailando y se integran a la compañía que dirijo yo como Compañía I.D.E.A. Esta misma razón es que hace que seamos un grupo numeroso en damas.
-¿Y cómo desarrollas un trabajo con una compañía mayoritariamente femenina?
El hecho de ser muchas mujeres tiene algo positivo, porque yo me aprovecho de la energía femenina, de su contemporaneidad y lo que significa ser mujer hoy día.
-De igual forma ¡23 personas es un gran número para una compañía independiente!
-El vértice de nuestro trabajo es el ritmo, y éste tiene que ver con la comunicación entre las personas y las  relaciones humanas, desde  estos dos universos que se cruzan. Siempre doy como ejemplo que una nota musical sola no tiene ningún valor pero si existe otra nota comienza a tener sentido, y eso mismo pasa con las relaciones humanas.  Creo que la base de la danza  es la relación que se provoca entre los intérpretes, por lo mismo jamás hago solos.
-¿Qué buscas en tus trabajos?
-Yo creo que la danza aparte de ser gesto y danza, tiene que ver con las relaciones humanas, cómo me relaciono con los cuerpos. Hay que des tipificar lo que tradicionalmente se cree sobre los interpretes y desde ahí existe el aporte.
-¿Cómo te enfrentas a un nuevo proyecto coreográfico?
-Siento la obligación de realizar un proyecto todos los años y los veranos son la fuente de inspiración. Siempre un trabajo realizado es la base de una futura obra. Yo me obligo a analizar qué me dejó el trabajo anterior. Funciona como una cadena, cada eslabón está unido con el eslabón anterior y posterior. Por tanto, simplemente va evolucionando en el tiempo.
-¿Beatriz, cómo es tu relación con la música?
-Para mí lo más importante es la música, de ahí nace la danza, pero siempre intuitivamente. La estudio mucho desde la intuición. Investigo en lo que va surgiendo
 y también  desde la gestualidad que  va desarrollando la obra.
-¿Cuáles son tus obsesiones en la coreografía?
-Principalmente esa misma, dejar las  obsesiones.  Antes se decía que el artista recibía el don de Dios, el don divino. Yo no, justamente lo contrario, me obligo a trabajar, jamás me dejo llevar por la emocionalidad del momento, me obligo al trabajo de escritorio.
-Sobre la obra que presentarás en la Sala Arrau, ¿dónde nace ese nombre?
-Un día Francisca Silva, integrante de la compañía,  me dice, “Beatriz, esta obra tienes que hacer, Hay que caminar soñando de Luigi Nono”.  Bueno, en esto, tengo que reconocer un cierto grado de obsesión, anoto todas las músicas que me gustan y que pretendo hacer. Y ahora llegó el momento de esta obra.
-¿De qué trata la obra?
-La obra tiene que ver con el rito al  escuchar. Es la tragedia de la escucha. Primero se oye, luego llega la pausa y luego la reflexión. ¿Qué pasa con la reflexión? Cuando uno escucha reflexiona y provoca un cambio. Me pregunto, ¿qué pasa con el espectador? Sólo  ve o sólo escucha.  Siento que la reflexión se ha perdido. La gente esta más pendiente del teléfono, de lo que hará después del espectáculo.  Luigi Nono tiene una frase muy linda que es “Escuchar lo que no se puede oír”.