Paulina Mellado y "El Cuerpo que Mancha"

Paulina Mellado, destacada coreógrafa chilena, se muestra emocionada y casi exultante a la hora de hablar del remontaje de su obra “El Cuerpo que Mancha”, como parte del programa Patrimonio Coreográfica del CNCA. La conversación sucede un par de semanas antes del estreno en el GAM, el miércoles pasado -5 de noviembre-, y sus palabras trasuntan cansancio, entusiasmo y emoción por reencontrarse, a los 50 años, con una pieza que creó hace 23.
“No es llegar y montar una obra de hace 20 años atrás,  hay un tema con los contextos históricos y biográficos”, parte diciendo

Paulina, quien decidió convocar al segundo elenco de la obra. En 1992, ella junto a Elizabeth Rodríguez, Macarena Arrigoriaga, Fedora Fonseca, Milvia Martínez y Carolina Cifras fundaron la compañía In Situ. Postularon “El Cuerpo que Mancha” a la primera convocatoria del Fondart y lo ganaron. Claro que después del estreno las dos primeras tomaron un camino distinto, incorporándose Verónica Canales. En la versión 2015, Macarena Pastor y Marcela Retamales, de la compañía Pe Mellado, entraron por Milvia Martínez, actualmente en Panamá, y Fedora Fonseca, en España.
-¿Cómo surge “El Cuerpo que Mancha”?
- Cuando empezamos a buscar material para la obra, nos topamos con “El Cuerpo que Mancha”, texto de Ronald Kay (marido de Pina Baush) de 1976 sobre Eugenio Dittborn, donde señala que el cuerpo habla por sus fluidos antes que la palabra; la sangre, las secreciones, son las huellas palpables de lo que le sucede a ese cuerpo. Cuando leo esto entiendo que existe un cuerpo en la danza, es muy significativo este momento. A pesar de que hago muchos fraseos de movimiento, lo que es muy tradicional, estoy empezando a entender que ese cuerpo tiene una fuerza real, un sentido, y que le pasan cosas cuando está bailando. Hay sensaciones y, sobretodo, me empecé a dar cuenta que cada una tenía una manera de moverse muy distinta por lo que era muy difícil que todas reprodujeran mi mismo sentido.
Paulina se detiene, mastica las palabras. Y continúa: “Me empiezo a cuestionar sobre el lenguaje, me pongo a investigar, le debo a  El Cuerpo que Mancha entender todo lo que ha sido mi proceso de búsqueda de sentido de por qué hago coreografía y por qué estoy en eso”.
-¿Y qué tal el proceso de remontaje?
-Ha sido muy intenso, pura emoción. Es la primera coreografía grupal que yo hago, el lenguaje es muy moderno, yo vengo del Centro Espiral. “El Cuerpo que Mancha” fue el inicio de todo, son fraseos que de alguna manera era irruptivos.  Cuando salgo del Espiral quiero hacer mis coreografías, cuando me meto en esta obra encuentro una identidad y digo “así quiero bailar”. Nos movíamos de manera brutal y torpe, muy neoclásico a veces, muy moderno en el ámbito de subvertir los conceptos básicos de la danza pero siempre dentro de lo bello y estético. Nos tirábamos al suelo y en esa época uno no se tiraba al suelo. Tampoco hacía fraseos donde se empleara una fuerza concreta.
-Era un período efervescente en términos de cultura.
-La cuestión cultural era muy pregnante y desarrollada. Está la trilogía de Alfredo Castro, Cada,  Leppe,  la Nelly Richard, mis hermanos (Justo Pastor y Marcelo), los años 90 fueron una época demasiado importante para nosotros, que estábamos en formación y en plena búsqueda de identidad. Se agradece este programa Patrimonio Coregráfico porque a mis 50 años se me devuelve este inicio, así fue y es coherent,e y eso es súper emocionante.
-¿Cómo ha sido el proceso?
-Va más allá de que quede bien la coreografía, hay un sentido político y biográfico, donde nosotros estamos diciendo: existimos desde hace rato, y existimos de esta manera y esta está dejando huellas, somos la historia de la danza independiente en Chile, con la Nury (Gutes), Luis Eduardo (Araneda), Nelson (Avilés), que están súper vigentes ahora. A los 50 años pasan muchas cosas, se murió mi mamá, se murió Leppe. Las rodillas no son las mismas, nos duelen los pies al bailar descalzas.
-¿Y en lo más profundo?
-Volver a bailar nos mete en ese lugar de placer, porque todas entramos en esto para bailar. Lo que más nos hacía sentido era el esfuerzo, ver hasta dónde podía llegar tu cuerpo en la danza y en el movimiento, ahí empezó la idea del movimiento particular de cada cuerpo. Estamos súper cansadas, emocionalmente no puedo más.

 

retrato Loreto Gibert, foto escena CIEC