César Farah Habla de su "Medea"

Hasta el 4 de junio continúa en cartelera en Teatro Sidarte la obra "MEDEA", de la compañía La Diosa Guacha bajo la dirección de César Farah. Con la estructura de un monólogo, interpretado por Martina Sivori, surge la voz femenina y desgarrada de los dramas de género que siguen presentes en la sociedad desde hace 2500 años.
La historia es conocida pero Farah y su grupo la resignifica, para hacerla viva desde el hoy. Y, pese a que bebieron de innumerables versiones de Medea, de la literatura hasta el cine, no hay ninguna línea de este trabajo sacada de algún referente. De eso,

y de otras materias, conversa con Santi Teatro & Danza César Farah.
-¿Cómo y por qué te interesaste en Medea?
En realidad me interesa la tragedia como género, me interesa lo conmovedor y devastador de la tragedia, me interesa la tragedia como una serie de experiencias e instituciones y convenciones, como dice Raymond Williams que es. Ese cruce entre lo público y lo privado, lo ideológico, lo político, lo humano que se articula en la tragedia, nos gusta en La Diosa Guacha (nuestra compañía) porque la hace un género que ha permanecido y que permanecerá; en lo personal no creo que se trate de un género histórico, sino de una especie de institución cultural que perdura hasta hoy, muy, pero muy viva, después de todo, no es casual que el conflicto más poderoso que vivimos los seres humanos, el primero de todos, lleve el nombre de una tragedia (el complejo de Edipo, claro), así de real y concreta puede ser una tragedia en nuestra vida cotidiana, no se trata de seres superiores y distantes que hablan de un modo que los jóvenes no entienden, está muy cerca, está ahí, desde siempre, desde que somos infantes, Freud supo ver esto, los griegos también lo sabían.
-¿Por qué no utilizar los textos existentes?
-Hay tantas “Medea”, de hecho, leímos varias, en teatro, noveladas, en cine… bien, soy escritor, incluso antes que empezara a dirigir… era necesario reescribirla porque ninguna nos satisfizo por sí misma, por supuesto, pienso que hay varias de ellas que son mejores que la nuestra, empezando por la del mismo Eurípides, que me encanta, pero sabíamos como compañía que requeríamos construir nuestra propia Medea, nuestro discurso y nuestro modo de resignificar el texto, precisamente por lo que decía antes, la tragedia es viva, incluso, me parece que puede denominarse como una práctica social, que ha ido variando y reconstruyéndose durante todos estos siglos, era evidente que debíamos “hablar a Medea” desde nosotros como compañía, con nuestra voz, con nuestra visión, con lo que queríamos rescatar del mito, obviamente es una postura ideológica también, ideológica y política, es decir, estamos aquí, ahora, diciendo lo que necesitamos (con urgencia) decir. Por otra parte, es muy importante mencionar que hay una dramaturgia base que yo escribí, pero Martina Sivori, la actriz, propuso mucho texto junto con sus acciones, también hubo propuestas del asistente de dirección, Sebastián Chandía y harto de eso quedó en el trabajo final.
-¿Qué referentes textuales usaste en tu dramaturgia?
-Eurípides fue el primero, me gusta mucho esa versión de la tragedia, la más antigua y además, Eurípides es un autor que admiro, revisamos otras interpretaciones también, la de Séneca, la novela (maravillosa) de Christa Woolf, la de Jean Anouillh, la de Robert Graves, vimos películas también, las típicas creo yo, la de Lars von Trier, la de Pasolini, pero al final, el texto completo es nuevo, no hay ni una frase de otro texto… hubo harto referente teórico también, la tragedia es uno de los temas sobre los que dicto clases, de modo que era importante para nosotros en La Diosa Guacha, re pensar la idea de lo trágico y de Medea desde ese lugar también.
-¿Por qué un monólogo (desafío para cualquier intérprete)?
Teníamos el interés, como compañía, en desarrollar una propuesta escénica también, no solo se trataba de texto, queríamos desarrollar una mirada propia en torno a la tragedia, y era la de una voz que mima todas las voces… la idea llegó por casualidad, una vez, hace unos años, estaba viendo a Martina , la actriz, ensayando otra escena de otra obra, era una escena tradicional, dos personajes y eso, pero estaba ensayándola sola y hacía ambos personajes y decía los textos de los dos igual; me pareció una escena mucho, pero mucho más interesante que como era tradicionalmente, así comenzó la idea. La posibilidad del monólogo es que la atención se centra en un solo intérprete, el discurso, obligadamente, debe ser más preciso, aglutinar más las ideas y, claro, nos forzaba a buscar modos de relacionarnos con la escena con imaginación y usar diferentes tipos de recursos para sostener la puesta en escena.
-¿Cuál es la lectura actual que tú le das a esta tragedia?
-Medea es una tragedia que siempre ha hablado sobre el lugar de la mujer en la comunidad, sobre el racismo, las estructuras de clase, las tradiciones culturales que suponen la idea de civilización, pero que pueden ser más salvajes que una manada de animales hambrientos, es así el texto griego original y algunas de sus reescrituras también, Medea posee todas las marcas de lo marginal: es mujer, bruja, extranjera, todas características que la definen –en su época y lugar- como un ciudadano de tercera clase, como alguien relativamente indigno, ella es la negación del orden y la civilización, es lo desconocido, lo lunar, lo que no comprende la civilización y, por tanto, deviene en enemiga. Medea se articula como un lugar de habla de la mujer, pero también de los negados en general, el lugar de los que no están integrados a la sociedad, sino de quienes, por una u otra razón son díscolos a ella, pero también porque no serlo, significa traicionar su naturaleza, exigirle a esa clase de personas pertenecer al orden, es exigirles que abandonen o nieguen su identidad, evidentemente, eso es exigir un imposible, de eso habla Medea para nosotros en la Diosa Guacha.
-Como director ¿cuáles son los énfasis de tu puesta en escena?
-La acción del personaje. La acción del personaje y lo que eso significa: lo que mencionaba más arriba. Por otro lado, acción y personaje, están estrechamente cerca. En cierto sentido, el personaje es la acción, en la Poética incluso, Aristóteles dice que la tragedia es la imitación de la acción, no de personas, lo que no deja de ser una cosa interesante: no se traza de modo drástico la distinción entre un sujeto y sus acciones, del mismo modo que los parlamentos, también son acción, absolutamente. Entonces, el énfasis estaba en reunir todo esto, en construir una escena donde acciones, texto, diseño, funcionaran como la construcción de un discurso, la protagonista de “Medea” la tragedia, no es Medea el personaje, sino el discurso ideológico/político que allí emerge, un discurso que implica una ideología, una ética, incluso una estética, sostener eso fue nuestro énfasis… creo.
-¿Qué le pediste a la intérprete?
-Que sacáramos cosas. Martina es una actriz extraordinariamente propositiva y dúctil, sabía que podía contar con su talento actoral para que hiciera todo lo que hace en la obra, ir de un estado a otro y hacer tantos personajes, entonces ella llegaba con muchas propuestas a cada ensayo, realmente muchas, de manera que teníamos que decidir qué de todo se quedaría y que se iría. Trabajamos mucho en el texto, leyéndolo y pensando el sentido de las frases, la lógica interna de las acciones y de lo que sucedería en escena. Cada texto que ella dice está pensado, interpretado, nada se dice porque sí. Por otro lado, es necesario mencionar al asistente de dirección, Sebastián Chandía; su ayuda fue esencial, el también propuso muchas ideas, formas de aproximarnos al texto y al personaje, de organizar la escenificación. Fue un trabajo bastante colectivo, aparezco como dramaturgo y director, pero hay mucho de ese trabajo que hicieron los compañeros.
- ¿Por qué te interesa el teatro?
-Me interesa el teatro por muchas razones, porque es un arte en el que se pueden aglutinar varias disciplinas estéticas diferentes, porque es un lenguaje tremendamente expresivo y que posee la facultad de reunir gente, de establecer comunidad… bueno, cuando la gente va al teatro, claro. Me interesa el teatro porque, aun cuando ha perdido algo de eso, es naturalmente popular, es un tipo de arte que es de la comunidad y, si se ha borrado esta capacidad, es algo que debe rescatarse y quienes hacemos teatro debemos tenerlo en cuenta, lo mismo que el público, que también es responsable del proceso. Es una pregunta muy difícil, es cómo explicar una pulsión, no creo que tenga una respuesta satisfactoria para dar.