Patricio Pimienta: “La obra permite abrir una reflexión acerca de cuáles son nuestras relaciones con el otro”

Violación de Lucrecia. ShakespeareEl director de la “Violación de Lucrecia. Shakespeare”, montaje que se presentará desde el 29 de abril hasta el 29 de mayo en el centro cultural Matucana 100, cuenta que es una adaptación del poema erótico “La Violación de Lucrecia”, publicado por William Shakespeare en 1594.

La obra, a juicio de Patricio Pimienta, está cargada de intensidad y presenta la historia de la casta Lucrecia, esposa de Colatino, quien es violada por Sexto Tarquino, hijo del rey. Luego de este vil acto, Lucrecia, avergonzada, dolida y manchada en su honor, se suicida, no sin antes rogar para que el infame crimen no quede impune.

La apuesta del integrante del exitoso programa de televisión “El Club de la Comedia”, junto a la compañía Arkitexto, Constructora de Soportes Dramáticos, conversó con www.santi.cl sobre este nuevo proyecto.

 

Patricio, de todos los poemas e historias del autor inglés, ¿Por qué elegiste este drama?

La motivación inicial nació, básicamente, desde la mirada de un lector. A mí me encantaba el texto, lo encontraba maravilloso, bonito, profundo. Me parecía muy interesante la historia que había detrás del texto, pensando en la posibilidad de  que se trataba de un hecho trágico, violento: un tipo que entra al aposento de una mujer y termina violándola, pero que a la larga tiene una connotación política, histórica y profunda, ya que a través de ese hecho son expulsados los reyes y se crea la república en Roma, porque esta historia, de alguna manera, tiene que ver con la fundación de Roma. Entonces ese hecho crudo, que fue capaz de originar un movimiento social, me parece que era interesante como tema. Y eso junto al texto, que yo encontraba que tenía una belleza poética muy profunda, muy interesante, muy cercana, fue lo que me llamo la atención.

 

Para Pimienta, las temáticas que se trabajan en “La Violación de Lucrecia. Shakespeare”, son contemporáneas, ya que es una historia que, a pesar de tener más de 400 años, tiene una vigencia súper potente, ya que siente que “no es casualidad, todo lo que pasó con los abusos de los curas. Todo ese tema, que nos involucra a todos como sociedad, siento que se hace súper latente en esta obra. La pieza trata al final de cuenta de un tipo que, sosteniéndose en su condición de poderoso, por ser hijo del rey, piensa que se siente con el derecho de abusar y a violar a una mujer, entonces tiene que ver con el abuso de poder. Tú estás en una situación de poder, puedes entender a los demás como seres más frágiles y es lo que hizo Karadima para mí. Agarrar a estos cabros chicos, en su condición de fragilidad y él, en su condición de poderoso, abusó. Me pareció que fuimos (compañía) descubriendo todo y es uno de los temas muy latentes y contemporáneos que tiene la obra”.

 

 

En ese sentido, en tu trabajo se rescata el concepto de “poder”. ¿Cómo lo plasmaste en tu montaje?

Claro, mira, cuando empiezo a montar, empiezo un trabajo de investigación, un trabajo de búsqueda, de roce creativo, entonces muchas cosas parten desde la intuición y de lo que queremos decir, y otras cosas se van descubriendo en el camino y en ese camino descubrimos la potencia que tenía la historia que quería contarnos Shakespeare, respecto a un patrón que tenía que ver, directamente, con lo que es el abuso de poder. Y eso fue lo que fuimos puntualizando en la obra.  La obra, es a ratos cruda, violenta, pero a ratos es muy poética, muy limpia, porque también tiene una connotación erótica ¿cachai? Que es como la contradicción que también siento que se le va a presentar al espectador, porque Tarquino, mal que mal, es un embaucador, pero también es un seductor. Es un tipo que tiene un doble filo, es empático, pero es capaz de hacer daño y en ese sentido me parecía interesante que eso se pusiera en escena. Muchas veces no nos damos cuenta dónde esta el enemigo, puede incluso estar al lado y no te das cuenta. En este caso, Lucrecia, la mujer violada, es la que hace pasar al enemigo a su casa, casi como una bienvenida: “Yo te abro mi casa, porque sé que tú vienes con buenas intenciones”, pero en el camino el  tipo (Tarquino) se pierde y se vuelve loco, y termina violándola, entonces, de alguna manera tengo la impresión que lo que nosotros fuimos descubriendo es que la obra permite abrir una reflexión acerca de cuáles son nuestra relaciones con el otro, de cómo nos relacionamos con los poderes, con el entorno, con nuestra familia. Hay muchos casos en que el “violador” está en tu misma familia. La obra abre esos espacios de reflexión y a mí me interesaba que también estuvieran presentes.

 

De vuelta con este autor. ¿Crees que hay una necesidad de reencontrarse con estos clásicos? Porque no solamente tú estas trabajando a Shakespeare, el dramaturgo Luis Barrales también lo hizo con “Shakespeare Falsificado”. ¿Qué piensas de eso?

Sí, me parece muy interesante. Yo, por ejemplo, hago clases también en la Universidad de Chile y estoy montando a Moliére (Jean-Baptiste Poquelin), entonces para el trabajo que uno hace, para la pega de uno como director, creo  que es súper importante y necesario mirar para atrás. Mirar para atrás con respeto, con inteligencia. Con una necesidad de volver a visitar a los clásicos y ver qué cosa te pueden entregar al trabajo que uno esta haciendo en la actualidad. Ahora, la visita que yo hago a Shakespeare, acompañado de este grupo humano maravilloso, lo que busca es traer al autor y exponerlo en el espectáculo con una mirada  contemporánea, cuidando el texto. A mí me interesaba mucho que la gente escuchara la voz de Shakespeare, es como que está la voz presente y en ese sentido hemos cuidado el texto. Nunca nos intereso “Chilenizarlo”, ni meter un lenguaje más nuestro. No, a mí me interesó la voz de Shakespeare, pero en una puesta en escena contemporánea, donde hay micrófono ydonde la iluminación, la escenografía cumplen un rol súper importante. Donde lo visual sea muy importante para potenciar ese lenguaje de Shakespeare.

 

Sobre lo que tú señalas, en términos de “cuidar el texto”, respetarlo, saco a la luz el suceso que aconteció hace unas semanas con el dramaturgo, Juan Radrigán, quien manifestó su descontento con la nueva versión de su obra, “El Toro por las Astas”, dirigida por Alejandro Goic. ¿Existe algún tipo de límite o barreras en que un director tiene que respetar cuando trabaja un texto que no le es propio?

Yo creo que están todas las alternativas abiertas. Como que me obsesioné o creí que este trabajo, que es un poema bastante largo y lo hemos tenido que editar por lo que este trabajo nos significó transformar el texto. O sea, poner un poco menos de texto en una situación, un poco más de texto en otra, pero la voz de Shakespeare está presente y eso es lo que me interesó siempre y desde que empecé con este montaje, yo quería que sonara así: “!! Desde la sitiada villa de Ardea, a toda prisa conducida por las pérfidas alas de un infame deseo ¡¡”, con esos textos yo sentía que eso, al escucharlo, es muy bonito para el oído, me entiendes? Pero, también creo que, uno, como director, tiene la libertad creativa para poder confrontar un texto.

Creo que el dramaturgo también debe tener el espacio para poder abrir ese espacio de confrontación, desde la mirada del director, sino, todos los textos se montarían al pie de la letra, ¿cachay?. Me parece interesante la discusión que se produjo acá entre dos personas que son muy respetuosas, cada una en su área: El señor, Juan Radrigán, nuestro gran dramaturgo que tenemos y un director como Goic, entonces, esa disonancia que ocurrió allí, me pareció súper interesante para crecer nuestra relación director-dramaturgo. Para crecer en lo que ponemos en escena. Para que también exista la discusión y exista la reflexión. Incluso, para reflexionar sobre cómo se monta un texto de un dramaturgo, ¿entiendes?. Me parece interesante. Yo, como director, cuando hice la obra de Juan Emar, tuve que hacer miles de cambios en pro de una mirada dramática, de lo que era la puesta en escena. Entonces, uno como director trata de ver lo que está pasando ahí, en el piso, y el dramaturgo, obviamente, defiende la letra. Pero me parece que es un roce interesante al final, creativo y le hace bien al teatro por todos lados.

 

 

“La Violación de Lucrecia. Shakespeare”

 

Autor: William Shakespeare

Elenco: Carla Echeverria. Hellen Cáceres. Eyal Meyer

Diseño Integral: Eduardo Jiménez

Realización: Juan Jeanneret. Carlos Rivera. Eduardo Jiménez

Diseño Vestuario: Francisca Correa

Composición Musical: Ismael Oddo

Producción: Claudia Reyes 

Prensa: Gonzalo Pizarro

Diseño Gráfico: Francisca Correa P.

Audiovisual: Ignacio Llaña

Soporte Digital: Álvaro Pardow

Dramaturgia: Javier Zoro- Pato Pimienta

Dirección General: Pato Pimienta

 

29 de abril al 29 de Mayo

Matucana 100. Metro estación Quinta Normal

Jueves a sábado 21:00 Hrs. Domingo 19:30

 

General $4.000. Jueves popular $2.000. Estudiantes y 3ª edad $2.500