Mariana Muñoz: “Esta obra tiene un texto dramatúrgicamente amplio”

La directora de “Amores de Cantina”, Mariana Muñoz, presenta el último trabajo del dramaturgo nacional Juan Radrigán, en el Centro Cultural Gabriela Mistral. El montaje, escrito en verso, estará en cartelera hasta el 30 de octubre.

Amores de CantinaLa obra musical escrita en verso, junto a la música y baladas puestas en escena con una elogiada técnica y desplante por los ocho actores, María Izquierdo, Iván Álvarez de Araya, Claudia Cabezas, Luis Dubó, Ivo Herrera, Francisca Ossa, Ema Pinto y Claudio Riveros, dan a “Amores de Cantina” la atmósfera para relatar historias y episodios del mundo popular, contados a través de la cueca, tangos e incluso la cumbia.

El montaje, que habla sobre experiencias de amores truncos, líos de faldas y desilusiones que se dan a conocer en plenitud sólo con un vaso de vino en la mano, llega al GAM después de estar 12 años guardado.
Mariana Muñoz, la encargada de transformar la lectura dramatizada creada por el recientemente ganador del Premio de las Artes de la Representación, Juan Radrigán, en un montaje, contó a Santi.cl el trabajo previo de investigación y la experiencia obtenida tras estrenar la obra en el Festival Hispano de Teatro, de Miami.
-Mariana ¿Cuéntanos sobre “Amores de Cantina”?
-“Amores de Cantina” es una historia que ocurre en una especie de limbo, donde hay ocho personajes que transitan en distintos planos de la existencia. Uno de ellos, podríamos decir, ocupa un lugar externo de este limbo, que es el personaje de María Izquierdo, quien oficia como la reflexión de la obra. Otro personaje es un afuerino que viene desde el exterior y que pudiera pertenecer más al mundo de los vivos, si tuviéramos que hablar de planos de existencia, que es Claudio Riveros. Él está fuera del bar y entra a desatar el conflicto. Los otros personajes están en un plano de espera o hacia una trascendencia, hacia un status quo que nunca va a modificarse. Eso es a nivel conceptual, pero la obra es sobre un dueño de un bar que está casado con una mujer que está presente en la historia, pero que tiene un concepto bastante particular de la fidelidad. No quiere atarse a nadie y el rollo es que el marido la quiere solo para él. Ella destapa las pasiones de muchos hombres porque es una mujer abierta a la belleza y a muchos otros conceptos que se barajan dentro de la obra. Los demás ayudan a fortalecer el relato, que tiene que ver con tratar de dar su perspectiva del amor, ya que acá se habla de la posesión, de la no posesión, del amor frustrado, del amor como concepto general.

-¿Cómo se gestó el proyecto?
-Para empezar, he dirigido otras obras de Radrigán. Mi primer trabajo direccional fue “Isabel desterrada en Isabel”. Ahí conocí a Juan (1999) e hicimos buenas migas. Después seguí estudiando su dramaturgia. Hice un egreso en la universidad donde trabajamos sólo textos de él, que se llamaba “Juan”, una especie de homenaje a todas sus obras. Y luego vino “Pueblo”, que es una versión del “Pueblo del mal amor”. Esto lo realicé con algunos alumnos y con una compañía que se estableció tras haber egresado. En ese contexto, invitamos a Juan, quien vio la obra y me dijo “tengo un texto que quiero que dirijas”. Me contó que había escrito una obra musical en verso y que me la pasaría para ver si me interesaba. Después, la Flavia Radrigán (hija del autor) mandó el texto a la muestra de dramaturgia y quedó seleccionado, pero es una obra que Juan escribió hace 12 años atrás. Estaba empolvada, no había sido editada, ni montada, nada.  Tiempo después, para la muestra de dramaturgia, quedó en la selección de “Lectura dramatizada”. En ese momento, Juan me pidió que la dirigiera. La dirigí más o menos con el mismo concepto que hay detrás de lo que se ve en este montaje, que fuera una especie de tocata, pero que también fuera teatro, para que la propuesta transitara entre ambas cosas. Así, uno podría estar viendo una lectura dramatizada, un concierto y una obra de teatro a la vez.

-¿Qué aspectos trabajaste en el montaje?
-Quería potenciar absolutamente el texto. Que se escuchara. Que la historia no se dejara de contar por eso, en el sentido de que no hubiera una sobre-narración del texto, sino que, obviamente, hubiera un equilibrio entre escuchar el texto, contar la historia y cantar la historia. Como primera etapa le dije a los actores “vamos a cantar este texto de Radrigán”. Que es un paso más allá de contar. Y un poco haciéndole caso al texto, ya que se estructura por canciones, porque a veces existen montajes en que hasta aquí puede llegar a ser una canción y es una opción de dirección. O del mismo proceso creativo. Uno dice ésta es una canción, pero en esta obra no fue así.  El texto dice “Sofía canta”; “Quiero oír una canción”. Está escrito de antemano, tampoco es algo que hubiéramos propuesto nosotros. Yo quería hacer una interrelación entre esas tres cosas y, como te decía antes, el planteamiento es que uno estuviera presenciando una obra de teatro, pero que también fuera un concierto, una lectura dramatizada, y que el asistente pudiera cerrar los ojos y solamente a través del ejercicio de escuchar viviera la historia también. Otra cosa que me interesaba del texto es que habla del amor atravesado por la crítica del estado de las cosas. El montaje podría ser netamente un lío de faldas, pero atraviesa temas y fisuras del país. Son contenidos que contingentes. Eso me llamaba mucho la atención. Sobre todo el ejercicio que hicimos a principio de año con Juan, que fue vivir un poco el texto. Lo arreglamos un poco. Cambiamos cosas de un lado para otro.

-¿Cómo se conformo la selección de actores?

-Al ver la obra, la primera persona que se me ocurrió fue la Ema Pinto, ya que hace mucho tiempo que quería trabajar con ella. Es increíble como cantante y así se me empezaron a suceder los personajes, como en las primeras y segundas lecturas del texto. Hubo un par (de actores) que sólo los llamé porque quería trabajar con ellos y luego vi en qué personajes podrían calzar mejor. Fue súper rápido y con muchos de ellos fuimos compañeros de la escuela de teatro de la Universidad de Chile, en tanto que con los otros me he ido topando en el camino.

-¿Cuál fue la reacción de ellos ante la invitación? ¿De trabajar un texto de Juan?
-Yo los elegí porque tuvieran paila musical. Que les gustara por lo menos o que soñaran con cantar en una obra, que es lo mismo que me pasa a mí como actriz, que me encanta cantar. Construyo como actriz y como directora a partir de la música, entonces necesitaba gente así. Por ejemplo, le dije a la María (Izquierdo), “oye, ésta es una obra musical”. “Que buena”, me decía. A todos les gustaba interpretar instrumentos o cantar.

-¿Por qué aceptaste trabajar este texto?
-Soy seguidora de Juan y siempre me ha pasado que me encuentro, intuitivamente, con trabajos de él y me siento interpretada de alguna manera. Quizás es por pura sensibilidad o tal vez porque hay un lugar en los temas que trata que a mí me involucra sentimentalmente o porque coincido a nivel de opinión, en crítica de la vida, sociedad, política, etc.

-La puesta en escena no tiene grandes alardes, ni ambientación propia de una cantina, es muy simple ¿ Por qué esta opción?
-Mira, me parecía poco interesante hacer un ejercicio costumbrista del texto de Radrigán. Claro, si uno lee el texto hay una cantina, fijémonos en qué tipo de cantina, o generar realísticamente una cantina, pero a mi me pareció que el texto, que además es existencialista, tiene un ejercicio dramatúrgicamente amplio, sobre todo por el hecho de estar escrito en verso, requiere un poder de abstracción y también requiere simpleza. A mí me pasó eso,  en realidad fue mi propuesta, yo dije “este texto estará cargado de poesía, metáfora e imágenes”. No necesitamos re-decir esa poesía o metáfora, porque esta todo ahí y en la música. Si se ponía una ultra mega decoración, se iba a restar al poder del texto que, desde mi forma de ver, es lo más importante. Y es como lo que nos enseñaron en la escuela “lo que puede o no estar, no conforma la parte del todo”, claro, puede estar un bar, pero también puede no estarlo, y de no estarlo obligamos al público a hacer un ejercicio de imaginación más exigente y eso me interesa más. Fueron decisiones tomadas en el proceso y creo que por ahora mi búsqueda particular es desde la simpleza potenciar la construcción escénica. Igual, a ratos este ejercicio es súper riesgoso porque depende de la función, la teatralidad se pierde un poco, pero eso me parece muy interesante, porque la teatralidad sucede, se arma y se desarma todo el rato en la obra,  y creo que ese ejercicio es interesante.
-¿Qué impresiones tuviste de Juan tras el estreno?
-A Juan le gustó mucho. De hecho, él era el primero en decirme cuando hicimos la lectura “házla, pero no le pongas nada más”. Era como si la recargábamos iba a quedar un híbrido medio extraño. Estoy contenta con lo que hicimos y con las decisiones que tomamos, y estoy contenta en que sea riesgosa también, porque no correspondería a mi forma de pensar y de sentir.
-Un punto interesante es que el estreno coincidió  con la entrega del Premio Nacional de las Artes de la Representación a Juan Radrigán.
-Sí, eso es como una conjunción de astros, pero no lo buscamos, sucedió no más. Juan, después de recibir el premio, dijo a un medio que para él es súper buen premio, porque tiene que hacer menos clases para poder vivir y puede escribir más. Y es verdad, porque yo, ahora que lo conozco más, me doy cuenta de lo trabajólico que es y está todo el día enseñando y propagando su conocimiento y escribiendo también.

-Ustedes estrenaron “Amores de Cantina” en Miami, EEUU. ¿Qué tal la recepción?
-Miami fue increíble porque es un festival hispanoamericano de muchos años. Se creó en 1985, entonces ya tienen carrete en temas de armar festivales que son para la comunidad latina. Ahí se ve el teatro latino o de latinos residentes en Estados Unidos. Puede que hayan invitado a grupos de otros lados, pero en general es de habla hispana. Llegamos con la obra, siendo que los textos de Juan ya habían estado allí antes, pero resulta que el público que hay en ese lugar es muy de teatro de la cultura latina. Obviamente había mucho público chileno, también cubano y colombiano. A su vez estaban críticos, teóricos y doctores en teatro, entonces el diálogo fue muy rico. Ven, de alguna manera, el arte, la literatura, dramaturgia y teatro chileno en su contexto. Fue una muy buena experiencia.

-¿Cómo has sentido la recepción del público local?
-Ha sido muy sorprendente. Hay mucho interés por la obra. Tenemos más de la mitad de la sala llena. Los jueves es el día más bajo, pero igual tenemos sobre 180 personas en el público, lo cual es muy bueno en cualquier circunstancia. Los viernes, sábados y domingo está casi lleno siempre. Es súper interesante y bonito, porque se genera un espacio festivo, donde las personas, aparte de venir a ver una obra y reflexionar, vienen a pasarlo bien.

-¿Después de la residencia en GAM,  “Amores de Cantina” dónde se dirigirá?

-Estamos invitados a Colombia, pero algo aproblemados, ya que somos un grupo grande, 15 personas, y el festival nos invitó con ocho pasajes, más estadías, pagos etc. Y tuvimos que postular a una ventanilla abierta donde los resultados aún no son publicados. Estamos a punto de perder la invitación porque ellos se tienen que programar. También estamos invitados a Cádiz, España, el próximo año. Junto a eso, barajamos una invitación a Bélgica.

-¿Y otra temporada?
-En enero y la primera semana de febrero, el GAM hará un resumen de todo el año, estaremos ahí y el otro semestre vamos a tener una itinerancia, así que trabajaremos todo el año.

-¿Qué proyectos tienes ahora?
-Me llego un texto que se llama “Latino”, de la actriz Le-bert (premio Mejor Dramaturgia Festival Víctor Jara 2005), quien hizo un Magister en Dramaturgia en la Universidad de Columbia, en Nueva York. Éste trata sobre el concepto de “latino”, pasando por lo que significa ser un inmigrante en la cultura norteamericana y la supremacía norteamericana sobre la latinoamericana. Es un tema muy interesante que además a mí ya me venía dando vuelta por el tema de la inmigración acá en Chile. Es un grupo súper bueno, es una compañía que se llama Teatro del Carmen (“Orgía”, “Lejos”). Además, estoy trabajando un proyecto con otros amigos míos, que también es para  dirigir, que serían tres obras de Shakespeare. Y a mi me tocaría dirigir “Sueño de una noche de verano”.

Coordenadas.

“Amores de Cantina”


amores de cantinaHasta el 30 de octubre.

Centro Cultural Gabriela Mistral. Av Libertador Bernardo O´Higgins 227 (Metro UC)
Sala A2 (Edificio A. Primer nivel)
Jueves a sábado a las 21:00, domingo 20:00 Hrs.
$ 5.000 general. $3.000 Estudiantes y tercera edad.