César Sepúlveda: “Ninguno de nosotros da para más con este modelo”

la muerte y la doncellaEl intérprete de la obra “La muerte y la doncella” plantea las complejidades de su rol en el montaje escrito por el destacado dramaturgo Ariel Dorfman y dirigido, esta vez, por la actriz Moira Miller. La obra, que cuenta el rencuentro entre una torturada política con su agresor, estará hasta el 5 de noviembre en Sala Antonio Varas.

 

Eran los años 90’ y el escritor chileno Ariel Dorfman acababa de terminar y montar su obra “La Muerte y la doncella”. En este complejo período, político y cultural, de transición hacia la democracia en Chile, la pieza no fue recibida con buenas críticas. El montaje, que al año de su estreno original fue exhibido en el Royal Courte Theatre de Londres y luego llevada al cine por Roman Polanski, cuenta la historia de Paulina Salas (Antonia Zegers) una mujer que fue raptada y torturada por agentes de la dictadura. Años después ella se reencuentra con su torturador (Erto Pantoja), quien ayuda a su esposo (César Sepúlveda) cuando tiene un problema en la carretera. Esta instancia lleva a que Paulina rapte al hombre y comience un viaje sin retorno hacía su pasado más oculto y doloroso.

Para adentrarnos más en la historia, Santi.cl conversó con uno de sus protagonistas, el actor de teatro y televisión, César Sepúlveda.


- César ¿Qué fue lo que te llamo la atención o lo que te motivó para aceptar un rol en “La muerte y la doncella”?

- Hacer esta obra es un verdadero privilegio en todo sentido, partiendo por el grupo que se ha formado. No siempre tenemos la posibilidad de enfrentarnos a un discurso tan potente, con tantas referencias hacia la historia más terrible, la nuestra como nación. Es en estos lugares en donde comenzamos a medir nuestra conciencia como artistas, desde lo más profundo hasta lo más banal. Interpretar a Gerardo Escobar es darle vida a alguien que existió, que sintió el peso de la nación en su espalda y que también tiene que reconstruir en gran medida su relación de pareja, tal como uno reconstruye y deconstruye su propia vida.

 

-¿Cómo trabajaste el personaje?

-Esta es una obra de texto y, como tal, lo más importante era entender a cabalidad qué movía el discurso de Gerardo, desde qué lugar lo situaba para poder defenderlo con dientes y uñas. Si bien el personaje está pensado para un actor de mas de cuarenta, me dí cuenta de que la edad no era actuable en ningún caso, que la única manera de convertirme en un abogado era defender mi postura como si estuviera defendiendo mi propia vida. Fue extremadamente gratificante conocer a Jorge Correa Sutil, uno de los abogados designados por Patricio Aylwin para integrar el informe Rettig, porque en esa conversación me dí cuenta que iba por el camino correcto. Se lo agradeceré eternamente a mi directora Moira Miller, que tuvo el "descaro" de pactar esa reunión dos días antes del estreno, cuando también todo podía haberse ido al carajo. Pero no fue así, y termino siendo una de las mejores experiencias que he tenido como actor.

-Eres el intérprete más joven del montaje ¿Cómo sentiste el compartir escena con dos actores como Erto Pantoja y Antonia Zegers?

-Me siento agradecido de compartir el escenario con ellos, ya que confío que en cada función dejarán la vida en escena. Reconocidos y con gran generosidad son estos dos artistas que han puesto su historia y sus propios dolores al servicio de esta obra. Es bonito estar ahí, en ese teatro.


- ¿Que instancias, sucesos o características te remueven del texto?

-Los más conmovedor de esta obra es darle vida a textos que tú sabes que siempre existieron en la vida de algún chileno, o en alguna persona que haya vivido en una dictadura, pero siempre en tiempo pasado, con la distancia y frialdad que los años le dan a los hechos. Aquí se reconocen en un crudo presente, vuelven a uno y sobre todo al público, como un golpe en la cara sin previo aviso. La obra está muy bien construida, es por eso que cada personaje está en lo cierto, cada personaje tiene la verdad y también la contradicción. En ese sentido, creo que la obra más que hablar de la venganza, la tortura o las violaciones a los derechos humanos habla de la vida misma. De como a ratos caminamos a tientas por esa delgada línea que separa la virtud de la perversión. De cómo somos capaces de caer en ese lado oscuro intentando descubrir el secreto de la vida de la manera más brutal, algo que nunca nos será revelado.

-La temporada se alargó por la buena recepción del público ¿A qué crees que se debe eso?

-La obra es un clásico, es nuestra tragedia y desde esa perspectiva funciona como funcionaban las tragedias, casi con un fin educativo. El país esta viviendo momentos de cambio, la revolución nos es mas que adelantarse a un proceso que debería ocurrir de todas maneras porque el modelo no da para más, ni ninguno de nosotros da para más con este modelo. Es por eso que la obra comienza a ser, yo creo, una especie de recuerdo latente de lo que somos y hemos sido, para tomar una decisión y decidir en conciencia que  queremos ser. Es un referente transversal que nos conecta como país y del cual nos es muy difícil ser indiferentes. Entrando a la era de la conciencia, "La muerte y la doncella" es un buen ejercicio para comenzar a hacerse cargo de ese cambio.

-¿Qué planes tienes a futuro?

- Poner en marcha "Unisono", un proyecto de tienda de venta de instrumentos musicales vintage que se inaugura a fines de noviembre. Seguir haciendo teatro y televisión.

 

Coordenadas:

Temporada hasta el 5 de noviembre.

Sala Antonio Varas. Morande #25. Metro Moneda

Jueves, viernes y sábado 20:00 Hrs.

Entrada general $6.000 Estudiantes y Tercera edad $3.000