“En un bosque”: La verdad cuestionada

-El joven director de teatro Javier Alvarado y la compañía Lafamiliateatro presentan “En un bosque”, montaje que relata la distintas versiones que se suscitan tras un crimen. 

-La pieza está basada en el cuento japonés “En el Bosque” de Ryunosuke Akutagawa, relato que sirvió de inspiración para la película “Rashomon”, de Akira Kurosawa. 

El cuerpo de un hombre es encontrado abandonado en un bosque. Inmediatamente comienzan las pericias para buscar al o a los culpables del macabro suceso. Ante la aparición de tres sospechosos, la trama que parece en un principio ser policial se torna confusa, delirante e incluso filosófica: Todos tienen distintas versiones del mismo hecho ¿Quién dice la

 verdad? Esta interrogante es la que profundiza “En un bosque”, obra en cartelera hasta el 22 de abril en Lastarria 90. 

Eduardo Luna (29), director de la compañía Lafamiliateatro, y Javier Alvarado(28), director del montaje, se conocieron en la universidad y llevan tres años trabajando juntos. “Egresamos el mismo año, Javier en diseño teatral y yo en actuación teatral”, cuenta Eduardo. Ambos profesionales señalan que en la obra más allá de que exista una puesta en escena sólida, quisieron trabajar con un elemento teatral muy potente: el sonido. Para ello invitaron a los actores Héctor Morales, Heidrun Breier, Norma Norma Ortiz, Catherine Mazoyer y Jorge Gajardo, quienes se unieron al elenco estable de Lafamiliateatro, formado por Rocío Rojas, Sebastián Silva, Christian Álvarez y Diego González. Los actores invitados aparecen como voces sobre el escenario.

 

-Eduardo ¿Qué pasa en “En un bosque”? 

-“En un bosque” es una adaptación del cuento “En el bosque”, del autor japonés Ryunosuke Akutagawa. Éste es el autor nipón que tiene más referencias occidentales en sus trabajos, y Javier hace tiempo estaba con la idea de trabajar a partir de sus textos. Es el mismo cuento con que Akira Kurosawa trabajó en “Rashomon”. A raíz de eso nos han preguntado mucho si la obra está basada en la película de Kurosawa, pero no, tiene que ver más con un cuento. Acá hay un crimen en un bosque. Los antecedentes concretos dicen que existe una pareja, un ladrón y el hombre de la pareja está muerto. Hay distintas versiones de los sucesos. Hay un tema que tiene que ver con la verdad ¿Cuál es la verdad? ¿Qué es verdad en el fondo? Akutagawa trabaja el cuento desde esa manera. Son distintas versiones y ninguna coincide. Es un texto que se ha analizado desde estudios de literatura hasta filosóficos. Todos tenemos distintas verdades, todos vemos los sucesos de manera distinta, entonces cómo es posible generar una sola historia. 

-En ese sentido, es bastante complejo resolver la historia, porque hay un asesinato y tiene que existir una versión del hecho para resolver el crimen

-Eduardo: Claro. Javier, en la adaptación que hizo, puso a dos policías buscando culpables. Toda la obra está compuesta por interrogatorios que están grabados, y lo que vemos en escena son versiones que no coinciden con ese relato. El espectador podría pensar “Ah, me están representando lo que estoy escuchando, pero tampoco coincide”. ¿Cuál es la verdad? Eso lo tiene que construir el espectador, ni siquiera los policías van a llegar a una verdad. Lo que se pretende más que nada es generar esa pregunta, sobre que todos tenemos una verdad, no hay una sola. La historia parte con el encuentro del cadáver. Es un bosque de Colihue y ahí se empieza toda esa contextualización con los policías que encontraron al ladrón.

-Javier ¿Qué aspectos sacaste o incorporaste en tu adaptación en base al texto original? 

-Lo primero que pensé fue “tengo que adaptar esto a un contexto local para acercarlo al espectador”. Y revisando noté que todo lo que calza en el cuento se podría trasladar al sur de Chile. Después fui revisando distintas traducciones que encontré de Akutagawa en español e inglés. También revisando el texto original en japonés, que era más difícil. Lo único distinto fue incorporar a estos policías, que no están en el relato original. Ellos están en una posición similar a la del espectador: ir revisando los distintos datos que se le van entregando. El orden de las escenas del cuento se cambiaron, para que la obra tuviera un desarrollo dramático más interesante. 

-¿Cómo se presenta la puesta en escena si estamos en un bosque y a la vez hay interrogatorios policiales? 

-Eduardo: Las referencias sobre todo tienen que ver con Bob Wilson y con el trabajo de Peter Brook, con el trabajo físico y con la limpieza del espacio. Hay un linóleo, un fondo de luz. Es una abstracción del bosque. Nosotros siempre hemos sostenido que el teatro es artificio y no puede asemejarse a la realidad, trabajamos sobre traducciones espaciales. No quiero ocupar la palabra “metáfora”, pero es parecido a metaforizar el espacio para otorgarle nuevas lecturas. La obra está ligada narrativamente por los testimonios y cruzada con los interrogatorios. Hay intervenciones constantes de los policías. Éstos son los espectadores en la historia. La obra tiene un énfasis con la dramaturgia corporal. Los actores tienen muy poco texto. Cada uno tiene uno pequeño: Dos o tres frases, y están construidas desde el sonido. Es una experiencia entre lo sonoro y lo visual. 

-En el tema sonoro, trabajaron con actores reconocidos ¿Por qué esa opción? 

-Eduardo: Eso viene por el tema narrativo, de cómo pasar el formato. Siempre pensamos, si queremos adaptar un cuento, tiene que haber lo esencial de lo narrativo, del género. De esa manera decidimos respetar a Akutagawa o respetar el material primigenio con el que trabajamos. Es más bien por un tema de formato que por opción. Poner énfasis en el sonido es porque hace tiempo la compañía está metida en el rollo sonoro, a partir de otro trabajo que saldrá este año con Mauricio Barría, “Variaciones sobre un instante inmóvil”. O en mi tesis de magíster que estoy trabajando sobre el tema sonoro. Pensamos el sonido como uno de los sentidos más análogos del hombre. Es el que te evoca un recuerdo u emoción con mayor facilidad. Estamos muy introducidos con eso. Esta es la primera prueba que tenemos con este elemento del teatro. 

-¿Cómo trabajaron con los actores para potenciar el texto, siendo que es muy poco? 

-Eduardo: Javier es el director general y él dice “esto es lo que quiero. Esto no es lo que quiero”. Él ha diseñado el trabajo en su totalidad, pero hay directores por área: hay una actriz de Lafamiliateatro que está especializada en voz. Ella dirigió vocalmente el trabajo que se hizo con Heidrun Breier, Jorge Gajardo y Héctor Morales. Está Emiliano Rojas, también es actor de la compañía, y trabajó la dramaturgia corporal. A mí me correspondía el tema de la composición del espacio. Javier ve el diseño integral y el diseño de la dirección. Ha sido bien segmentado. Para los actores fue muy difícil trabajar la pieza en un principio, ya que estaban en un límite entre la actuación y la no actuación. Entre un límite de un trabajo corporal específico y el narrativo. Les costo asimilar. Y para nosotros también significó descubrir cómo se actuaba la obra. Trabajamos mucho con antropología teatral y desde ahí partió la labor. Para todos ha sido una experiencia de aprender cosas nuevas. Para Lafamiliateatro esto es otra manera de hacer teatro, en base a lo que estábamos haciendo. Y eso es lo enriquecedor de traspasar la dirección. Hasta ahora yo había dirigido todos los montajes, pero pasar la dirección para mí fue muy bueno. Es como una renovación de contenidos, de ideas, y eso es lo que queremos seguir haciendo. 

-¿Por qué llamaron a participar a actores como Héctor Morales, Heidrun Breier, Catherine Mazoyer, Norma Ortiz y Jorge Gajardo? 

- Eduardo: Porque eran actores conocidos nuestros. Con Heidrun trabajamos hace un tiempo. Con Catherine nos conocemos desde la escuela. Con Héctor trabajé en “Prat”. Jorge Gajardo es el marido de mi jefa donde hago clases (risas). Y nos conocíamos bien. Además, son actores que han trabajado con sus voces. Héctor, que trabaja haciendo incluso doblaje de dibujos animados, conoce bien el trabajo de configurar un mundo a través de su voz. Eso un actor joven no lo trae incorporado. Nos enseñan en la escuela a no leer el texto interpretándolo, porque va a ensuciar la interpretación en escena. Entonces uno está acostumbrado a no mentir cuando lee un texto. En tanto que ellos no, no le temen a construir con su voz. Eso es lo que ocurrió. Para nosotros todo este proceso ha sido revelador porque uno cierra los ojos y las voces de los actores construyen un mundo. 

-¿El vestuario es contemporáneo? 

- Javier: Sí, es contemporáneo. Lo único que le dije que la vestuarista fue que esto sucedía al sur de Chile y que la ropa no fuera oscura porque la escenografía ya es negra. Fue mejor dejarlo contemporáneo porque cuando estaba empezando el proyecto pensé en adecuarlo a una época, pero después resolví que si se hacía de esa manera se ensuciaría históricamente. Mejor dejarlo en que esta historia está basada en un cuento antiguo donde no hace falta. A lo más hay una diferencia en la pareja que aparece en la obra, que son de clase alta.

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COORDENADAS

  • “En un bosque”
  • Lastarria 90. Sala 1.
  • Temporada 29 de marzo al 22 de abril.
  • Jueves a domingo 21:00 hrs.
  • $5.000 general. $2.500 estudiantes
  • Jueves 2x1.
  • Viernes Santo función a beneficio.