Francisco Medina: “Caemos en el Divertimento para que la Gente Olvide sus Problemas”

Con estas palabras el actor de "El Taller" se refiere al rol de los creadores en la sociedad actual, y apluaude el atrevimiento de la obra, en cartelera en el GAM.

Rubén es un hombre al que le encanta la música disco. Cada vez que asiste a los talleres de creación literaria que realiza la escritora Mariana Callejas, lo hace vestido con pantalones pata de elefante, zapatos mocasín, y camisa acorde a la moda de los años 70. En “El Taller”, pieza que marca el inicio de los martes de teatro en el GAM, Rubén es interpretado por el actor Francisco Medina. El montaje, lúdica mirada de la dramaturga Nona Fernández sobre las fiestas y sórdidas actividades que realizaba Callejas en 1976, es dirigida por Marcelo Leonart y

estará en cartelera hasta el 28 de agosto.

“El Taller” parte cuando cuatro alumnos más la profesora, participan en la creación de un cuento en base a la vida de Grigori Yefímovich Rasputín. El ambiente se torna tenso cuando llega Mauricio, un misterioso hombre alto, de barba muy larga, algo tartamudo y con mirada profunda, que manifiesta que también desea participar. Él quiere hablar de otra cosa, quiere escribir un cuento sobre los atentados a Carlos Prats y Orlando Letelier.

La escritora y reconocida guionista Nona Fernández (“Los Archivos del Cardenal”, “El Laberinto de Alicia”), junto al director Marcelo Leonart, son los encargados de dar vida a los sucesos que ocurrían en la casa de Mariana Callejas. Desde planes de ataques terroristas hasta la experimentación con ratones de gas sarín, son algunos de los hechos más recordados y que ahora son tratados con humor negro, sarcasmo y en código de farsa en la obra “El Taller”.

La obra es llevada a escena por la compañía La Fusa, compuesta por Francisca Márquez, Carmina Riego, Francisco Medina, Juan Pablo Fuentes, Nancy Gómez y por la propia Nona Fernández.

Medina, aplaudido en el musical “Cabaret” y ahora asistente de dirección de “El Otro”, precisa que “la obra es una metáfora que sigue hasta el día de hoy: una eterna fiesta y celebraciones que hacemos los chilenos por cualquier cosa, siendo que por debajo subyace una realidad nacional que no se está queriendo ver”.

- Francisco ¿Cuál fue tu primera impresión al saber que se montaría una obra basada en el taller literario de Mariana Callejas?

- Recibí el texto mientras estaba en el extranjero. Por mi edad tenía conciencia de Michael Townley, pero no tenía en mi mente a Mariana Callejas como personaje político de este país, tampoco conocía el contexto del taller literario. Una vez que investigamos con el grupo y leí el texto, me pareció muy importante contar esto 40 años después, porque es una parte de la historia política que no se había relatado y que muchos no sabían.

-¿Quién es Rubén grande y Rubén chico?

-Este doble personaje representa a Carlos Iturra, el amigo más fiel que tuvo la ex agente. La opinión de él comienza a aparecer a medida que transcurre la obra, la cual está muy bien escrita y donde se nota la clara visión de lo que quiere decir el director, Marcelo Leonard. Con ese material trabajé y lo interesante es que este personaje fue uno de los pocos que no le dio la espalda a Callejas cuando se destapó la olla sobre su responsabilidad en los atentados. Había que tomar esa situación. De hecho, mi personaje fue el encargado de escribir los discursos a Pinochet. Toda esta información se extremó en el escrito de Nona Fernández para entrar en esta farsa actoral y hacer esta comedia tremendamente negra.

- Es bastante complejo tu papel, ya que comienza siendo apreciado y querido por los demás talleristas, pero luego lo echan al descubrirse que es homosexual.

- El personaje tiene bastantes vuelcos narrativos: parte en las fiestas que se hacían en la casa de Mariana en Lo Curro, luego entrega su opinión política del momento con un sarcasmo terrible. En la segunda parte se ve expulsado por sus partners literarios al descubrirse su tendencia sexual. Lo divertido de eso es que claramente se nota que es gay, pero nadie se da cuenta, lo que es parte de lo que quiere decir la obra: estaba la zorra en el país y parecía que nadie se daba cuenta. Hasta el día de hoy hay gente que no quiere ver o saber más sobre lo que pasó en la dictadura militar. Cuando Rubén llega en el tercer acto con la información de que Mariana Callejas participó en los atentados al General Prats y al canciller Orlando Letelier, es aceptado nuevamente por el grupo.

-En el proceso creativo de “El Taller” ¿Encontraron algún nuevo antecedente que no se manejara?

- No tanto. Casi todo estaba en la web. Sin embargo, dicen que en este taller hubo una pelea entre Nicanor Parra y uno de los italianos que vivían en la residencia. Esto es porque Michael Townley acogía a hombres ligados al fascismo italiano que colaboraban en las fechorías del régimen militar. Entonces había mucha gente deambulando: cubanos (anticastristas), gringos, etc. Ahora, si lees el libro “Caída en desgracia” de Carlos Iturra, comprenderás el mundo en el cual está basado el montaje, ya que en este texto aparecen poemas de Mariana Callejas. Por ende alguien tenía que colocar la lupa en la información y hacer un buenísimo trabajo como el realizado por Nona Fernández para esta pieza.

-Del lugar donde Callejas realizaba el taller ¿Qué cosas te impactaron?

-Todo: Que Mariana viajase por el mundo y que nadie se diera cuenta. Que el mundo cultural más importante de la época frecuentara sus fiestas tomando whiskey, bailando y conversando sobre política internacional, siendo que dos metros más abajo de la casa se estuvieran armando bombas y falsificando carnets de identidad. También que el doctor Eugenio Berríos experimentara con gas sarín con ratones, o que en una de las tantas noches de juerga se haya torturado al funcionario español de Naciones Unidas, Carmelo Soria, todas esas cosas me molestan. Pero más que todo fue la posición del mundo intelectual local de la época. Me refiero que los encargados más videntes de retratar una sociedad, los artistas, estaban pasándola bien.

-¿Qué pasaba con el mundo artístico?

-Esta casa de Lo Curro era como un templo del Olimpo, donde quienes la frecuentaban (artistas en su mayoría) miraban y analizaban la realidad nacional como si todos los de abajo fueran delincuentes. Siento que el rol de los artistas es al revés, ya que ellos deben opinar desde el saber y no desde una posición externa y superior porque sino el arte se transforma en un entretenimiento y en un arte decorativo (cosa que pasa mucho últimamente), que no tiene opinión. Un arte sin opinión no tiene sentido, se transforma en una fábrica de salchichas.

-En estos tiempos tan convulsionados en términos de movilización social, desde tu fuerte que es el teatro ¿Cómo crees que este se ha planteado?

-Hay mucho material y la gente se está atreviendo a contar las historias importantes. Uno va a ver “La Mala Clase” y está el discurso al respecto, ves “El Otro” y está el amor en un sistema que pareciera que no lo abarca. Siento que hay una experimentación mayor, pero no en todas partes. Tengo la suerte de estar en un contexto donde la gente está opinando, me parece genial, puede ser mucho más. Puede ser que las películas chilenas, una o dos hablen de diferentes cosas, pero insisto, caemos mucho en la entretención, en el divertimento para que la gente olvide sus problemas y la labor del arte no es olvidar los problemas, sino que solucionarlos o ponerlos en conflicto.

- Tu carrera es amplia. Has estado en grandes producciones en televisión y tu trabajo en “Cabaret” obtuvo buena crítica ¿Qué otras áreas o temas te gustaría abordar?

-El cine creo que me falta. He tenido la suerte de hacer teatro, danza, musicales, teleseries, pero el cine me gusta por la proyección que tiene. Creo que es fundamental, para un actor, hacer algo en el séptimo arte.

-¿Dirigir o actuar?

- Me encantaría actuar para entender un poco el lenguaje. Y dirigir creo que siempre es una buena posibilidad para un artista que tiene algo que decir

Francisco Medina no sólo está actuando en “El Taller” sino que es asistente de dirección en la obra “El Otro”, montaje a cargo de su compañía Teatro Niño Proletario”, que termina una corta temporada este fin de semana.

-Cuéntanos de “El Otro”.

- El objetivo de la compañía Teatro Niño Proletario ha sido siempre poner el ojo en los lugares donde el ciudadano común y corriente no quiere ver, o que no se atreve a ver, que son los lugares marginales. En ese lugar se quiere buscar la belleza. El trabajo en la obra “El Otro” es hablar del amor en lugares donde se piensa que no podría existir, que en este caso es un residuo de hospital psiquiátrico de Putaendo. En esta situación, creo que es tremendamente valiente y político hablar del amor. Uno está rodeado de información, de comercio que te dice “di cuánto quieres a tu padre para el día del papá, a tu mamá, o a tu niño, pues dilo con un televisor”, etc. Lo mismo sucede con las relaciones cuando te dicen “no, no te conviene él porque es muy alto, porque es muy chico, muy feo, muy pobre, es chileno, es peruano”. Uno le va poniendo barreras al amor y al parecer esta realidad del psiquiátrico de Putaendo enseña todo lo contrario: el amor es el sol, es hacerse un pan con mantequilla y eso es lo esencial, complementarse con otro, eso es lo bonito.

-¿Que se viene ahora?

- Nos vamos de viaje con “El Olivo” a un festival en Colombia y a 3 festivales en Brasil. Estoy grabando una teleserie nocturna con Vicente Sabatini, llamada “La Sexóloga” y también me encuentro con proyectos musicales.

 Bailando

 

COORDENADAS

  • “El Taller”
  • GAM.
  • Temporada hasta el 28 de agosto.
  • Todos los martes 20:00 hrs
  • Sala N 2
  • Entrada General $5.000. Estudiantes y tercera edad $3.000.