“Tenía Ganas de Volver a un Trabajo más Investigativo”

El director de la mediática obra “Ángel a Martillazos” habla sobre su último trabajo, “Déjate Perder”, montaje protagonizado por dos amantes que sólo saben mentirse para seguir juntos.

Una pareja pasa todo el día en la azotea de un edificio. En ese espacio reconocible tratan de potenciar una desgastada relación de pareja a través de juegos, risas y anécdotas de sus tiempos felices. Sin embargo, todo resulta ser en vano. La pieza, que tiene como base el escrito de Tennessee Williams “Háblame como la lluvia y déjame escuchar”, y que presenta un collage de escenas de Heiner Müller, Patrick Marber, del dramaturgo argentino Copi y del propio Krebs, estará en cartelera hasta el 1 de septiembre en la sala Jorge Díaz, de la Universidad Finis Terrae.

Francisco Krebs, reconocido director que dio vida a “Ángel a Martillazos”, estremecedor relato sobre el caso de la familia Rojo, en 2011, plantea en “Déjate Perder” cómo una pareja puede mentirse, actuarse y agredirse para que la relación no se termine. Para ello, los protagonistas van pasando por distintos momentos donde recrean escenas de los autores a través de estilos actorales que van desde el hiperrealismo al barroco, pasando por realismo cinematográfico y el teatro físico.

El montaje, protagonizado por Francisco Díaz y Loreto Lustig, marca el inicio de un movido período para Krebs, ya que se encuentra preparando una Intervención Instalativa, un cortometraje sobre un niño que maquilla muertos y en una obra basada en la vida Zalo Reyes, con la pluma de Luis Barrales y Pablo Paredes.

-Francisco ¿Cómo y por qué nace la idea de "Déjate Perder"?

-Nace de un texto en particular de Tennessee Williams,“Háblame como la lluvia y déjame escuchar”, donde me pareció muy interesante lo que el autor proponía. Debe ser de los textos menos realistas del escritor, había en el una poesía maravillosa mezclada con una realidad tan potente; la del aferrarse a una relación enferma y destructiva solo por miedo a la soledad. Desde ese momento pasaron dos años. En ese período trabajé con otras obras y este año, una vez terminado “Ángel a martillazos” (gran proyecto en términos de producción y visibilidad mediática) tenía ganas de trabajar algo más pequeño sin una gran producción, sin Fondart, sino que volver a un trabajo más investigativo, como los procesos que viví hace cuatro años junto a mi otra compañía: Teatro de la Dramaturgia Corporal. Y bueno, además de ver este texto en particular, nacieron las ganas de hacer un trabajo más investigativo al cual le vengo dando vueltas desde que terminé un Magíster en Artes en la Universidad Católica, que es ver las ciertas problemáticas presentes en el estado del arte escénico actual. Desde ahí surgen las distintas estrategias de escenificación que utilizamos, y esta constante necesidad de poner en tensión conceptos como representación, presentación, ficción, realidad, Actor/Performer, etc. 

-En la historia vemos la violencia que existe en las relaciones de pareja ¿Por qué quisiste representar eso a través del teatro físico?

-No solo se manifiesta en la escena del teatro físico: la violencia cruza toda la obra, está en los textos que se dicen los actores/personajes. Pero sobre todo está presente en lo que no se dice, en los silencios, en lo que se calla. Me parecen mucho más violentos esos silencios donde ambos saben que se está destruyendo a pedazos su relación, y reaccionan como si no se dieran cuenta. En relación al teatro físico, esa escena en particular donde la actriz pretende irse y el actor la retiene para que no lo haga y desde ahí construyen un diálogo sin palabras sustentado en el cuerpo, surge porque tengo una formación ligada en mis primeros años como actor muy cercana al teatro físico. Con mi otra compañía, Teatro de la Dramaturgia Corporal, dirigida por Amílcar Borges, no solo fuimos fundacionales allá por el año 1997 cuando este concepto de teatro físico estaba recién apareciendo en nuestro país, sino que investigamos mucho tiempo sobre el análisis del cuerpo del actor en la construcción y sustentación de la acción dramática. Entonces, como “Déjate Perder” entre otras cosas propone instalar en escena varios lenguajes actorales distintos, me parecía necesario incorporar una escena de teatro físico como una especie de homenaje, pero evidentemente desde un punto de vista irónico, una especie de burla a mí mismo. Como también lo son ciertos textos que hablan de “una instalación plástica conceptual en donde emplazo objetos/dispositivos…” como una clara burla a mi trabajo en el Arte Instalativo, como parte de mi formación posterior en el Magíster en Artes de la Católica.

-¿Cuál era tu intención hacia el espectador para señalar, al final de la obra, que todo se sale de control? (enojo y salida del espacio escénico de la actriz)

-Se pretende generar en el espectador la sensación de que tras una constante puesta en crisis de la ficción y la realidad, al escapar la actriz, está ocurriendo algo de verdad y real. Pero claramente es otra de las capas de ficción que propone el montaje. Es otro lenguaje más. Es otro juego irónico, un recurso bastante usado desde hace un tiempo en el teatro, es algo que ya pasa a ser casi un recurso cliché desde mi punto de vista.

-¿Por qué quisiste apoyarte en texto de renombrados escritores y utilizar piezas cinematográficas?

-Los textos fueron surgiendo como una necesidad dentro del proceso de investigación desde la escena, no estaban pensados de antes. Y como la obra habla acerca del actuarse, el mentirse el uno al otro, realicé un trabajo de búsqueda y recolección de distintos dramaturgos que abordaran esas temáticas y fuimos poco a poco adaptando e incorporando al trabajo estas distintas textualidades. En relación a las piezas cinematográficas, como “Closer” de Marber (Patrick), ese texto es una obra de teatro, después se hizo la adaptación al cine. Pero claramente en mi obra aparece como una cita a la película. La escena está trabajada con esa intención, por eso los actores tienen vestuarios iguales a los del filme y sus acciones, en el escenario, son las mismas que los de los actores en “Closer”. Está armado apropósito para subrayar, una vez más, que lo que estamos viendo es mentira. Todo es una gran ilusión, capa tras capa.

-¿Cuáles son tus próximo proyectos?

-Son tres y en áreas muy distintas. Estoy preparando, a partir de una inquietud que surgió grabando las imágenes de video que utilizamos en “Déjate Perder”, una Intervención Instalativa que se llamará “Azoteas” y que ocupará algunas azoteas de la capital. Estoy también en etapa de posproducción de un cortometraje, en stop-motion, que se llama “El Maquillador de Muertos”. Se trata de la historia de un niño que trabaja maquillando muertos. Es un proyecto bastante biográfico en cierto sentido porque el niño lo interpreta Martín Mieville Krebs, que es mi sobrino, y todas las imágenes fueron registradas en distintas locaciones dentro de la empresa funeraria de mi familia, en Puerto Montt. Y en teatro empezaré a dirigir una obra cuya dramaturgia estará a cargo de Luis Barrales y Pablo Paredes, que es sobre Zalo Reyes. La pieza incluirá canciones y banda en vivo. Es un homenaje, pero al mismo tiempo se presenta al denominado “gorrión de Conchalí” con sus éxitos, sus fracasos y sus enfermedades. Es una metáfora del país y una revisión de nuestra historia reciente. Es una reflexión sobre nuestra identidad nacional en constante construcción.

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COORDENADAS

  • “Déjate Perder”
  • Hasta el 1 de Septiembre.
  • Sala Jorge Díaz, Universidad Finis Terrae (Pedro de Valdivia 1509)
  • Jueves a Sábado a las 21:00 hrs.
  • Adultos $3000, estudiantes y jueves populares $2000
  • Reservas y consultas: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.