Cristián Marambio: “Nos Interesa que la Obra le Hable al Público”

El director de la compañía La Matraca habla sobre su último trabajo, Calderón”, pieza escrita por Pier Paolo Pasolini. El montaje, que repasa la dictadura de Franco y trata el abuso de poder, tiene como principal atractivo toneladas de maíz sobre el escenario.

Entre 1967 y 1973 el escritor, poeta y cineasta italiano Pier Paolo Pasolini escribió una de sus obras más recordadas, “Calderón”. La obra, inspirada en el texto “La Vida es sueño”, de Calderón de la Barca, es una aguda mirada hacia el poder, la dictadura de Franco en España y las revueltas históricas del convulsionado año 68´ en Europa. En esta versión, la compañía La Matraca dirigida por Cristián Marambio, traslada el texto hacia

la realidad latinoamericana, uniendo la dictadura de Pinochet, el abuso de poder y el maíz como un código de múltiples significados. La pieza estará en cartelera hasta este domingo en GAM.

Rosaura es una mujer que vive encerrada por la dictadura de Franco. En su prisión transita por distintos viajes oníricos, en los cuales pasa de ser prostituta y monja hasta una mujer de la aristocracia. Todo esto ocurre en un enorme escenario instalado en la sala principal del GAM, lleno de maíz, elemento que más se destaca en la puesta en escena. “El maíz está asociado al sol, a la abundancia en América Latina. Es nuestro arroz, pensando en los chinos”, adelanta Marambio, que tomó este grano para instalarlo además como un código que puede retratar la tortura y los sueños.

Para el director, tomar nuevamente un trabajo de Pasolini (ya lo había hecho con “Orgía” en 2011) le resultó un poco más complejo dada las características que posee el texto original: diseño, vestuario, lenguaje y temporalidad. Es por eso que en esta versión comparó la dictadura de Franco con la de Pinochet para hacerla más reconocible en términos de vestuario y tiempo. “Calderón” es protagonizada por Paula Calderón, Gonzalo Durán, Daniela Espinoza, Cristian Keim, Manuel Ortiz, Alex Quevedo y Ana Laura Racz.

- Cristián ¿qué te removió del texto?

-Es un texto que uno lo conoce por estudiar teatro. Es complejo, revolucionario para la época. Le encontré la belleza después, cuando eres más grande, como a la segunda o tercera lectura. Lo leí en los 90, en el momento en que Pasolini estaba de moda más que ahora, en una época donde se le citaba mucho, ya que funcionaba más como transgresión cultural. La homosexualidad, los tabúes, los incestos, esos eran los temas importantes, ahora siento que funciona más como por un lado político y cuando la leí el tema del poder me llamó. Es un tema tan candente, no sólo acá, sino que en todo el mundo. Hay crisis de legitimidad respecto al poder, a cómo se reparte el poder y se detenta, eso me hizo decir “hay que hacer esta obra”.

¿Y eso se da por la contingencia? ¿Por qué no hacerla antes de “Orgía”?

- En su momento fue “Orgía” por su radicalidad, los temas son los mismos, pero llevado a un plano de la intimidad, de lo privado, la elegimos porque esa es la obra más radical de Pasolini. Él, cuando la montó, le fue pésimo y nadie quería montarla. Sin embargo, después nos dimos cuenta que hay un material muy profundo que no se agota en un solo montaje, por eso quisimos hacer una trilogía, falta una más y ahí nos doctoramos con el capítulo Pasolini, creo. Pero fue darse cuenta que el tipo es inagotable.

-En el montaje hay dos elementos centrales: el abuso de poder y la escenografía compuesta de maíz. ¿Por qué expresarlo de esa forma?

-Esta es una obra que, si te fijas, su visualidad está dicha. Por ejemplo, viene el estásimo y dice “Bueno, en esta escena el autor imaginó adentro del cuadro de La Meninas….” Nosotros tomamos la opción de no pasar por ahí, porque siempre que se monta esta obra hay trajes barrocos, y trabaja como clásico y cae en lo mismo, nosotros decidimos no caer ahí y buscamos un elemento que fuera latinoamericano. Lo que quisimos hacer fue una obra desde acá (Latinoamérica), respetando todos los referentes que tiene porque los admiramos, pero mirándolos con distancia. La manera que encontramos de hacer eso fue saltarnos Las Meninas, la fotografía y un montón de referentes visuales que Pasolini pide que uno siga, puesto que los pone en el texto, y quisimos buscar un elemento que fuese muy de sueño y además que tuviese un componente ambivalente en cuanto a lo bonito y lo horroroso. Para ello, el escenógrafo Alfonso Machucha propuso el maíz y a todos nos pareció acertado. Por ejemplo, hubo un torturador alemán que le hacía clases a los torturadores de acá (dictadura de Pinochet) y él se enorgullecía de haber inventado una tortura que consistía en rellenar a los prisioneros con maíz. Eso deber ser una cosa atroz como tortura, pero al mismo tiempo el maíz está asociado al sol, a la abundancia en América Latina, es nuestro arroz, pensando en los chinos. Tiene que ver con eso y además con los sueños. Hay una materialidad extraída de lo cotidiano, exacerbada y para nosotros caminar sobre el maíz es signo de sueño. Tratamos de trabajar con múltiples códigos.

-El texto de Pasolini habla de la dictadura de Franco, en España. En esta pieza unes ese episodio con lo vivido con Pinochet ¿Por qué esa opción?

- Hablaban de lo mismo. Franco es a España lo mismo que Pinochet es a Chile, en términos que representan el mismo sector ideológico, con los mismos métodos. Hay una unión entre el poder económico y el poder militar, algo muy en boga ahora, pero no queríamos hacer una obra tan europea por lo que ese referente fue parte de la misma operación del maíz. Modificamos algunas cosas, nombres de lugares, pero las relaciones son las mismas. Por ejemplo, la alusión que tiene en el maíz en la pieza puede corresponder a esa acción que realizaban las mujeres de la clase alta en la Unidad Popular, cuando tiraban maíz a los cuarteles militares pidiendo el golpe, ese gesto que utilizaron era para tratarlos de gallinas. Ahí también hay un elemento con nuestra historia que no está explicado. En el arte no hay que explicar las cosas. El arte funciona con saltos, no en la causalidad, eso es comunicación. También está el gesto en la pieza con el rey que grita y le tira maíz al público, es como la vieja tirando el maíz a los cuarteles. A nosotros nos interesa que la obra le hable al público presente.

-En el trabajo actoral ¿cómo fueron apareciendo los personajes, por afinidad, edad, trayectoria? Te lo consulto porque la actriz principal es muy joven.

- Fue más complejo, como grupo nos definimos como una compañía donde todos los integrantes deben tener la responsabilidad de desarrollarse, eso implica riesgos. Es decir “ok, ustedes son los actores con más experiencia, pero apostaremos por otra cosa ahora”. En ese sentido, Daniela Espinoza hace de Rosaura, si fuera por experiencia ese rol tendría que haberlo hecho la Ana Racz (“El año en que Nací”). Nuestra idea es que el colectivo sea un espacio de crecimiento. Esta es una obra muy difícil, “Orgía” era difícil, pero “Calderon” es aún más. “Orgia” nadaba en una mar de palabras muy abstractas, esto tiene un nivel más concreto, pero hay que encontrar el tono preciso sino se vuelve frágil, ridícula. No basta con que un actor le preste ropa al rol, esto es más complejo. Creo que ha sido uno de los trabajos más difíciles que me ha tocado, igual me encantó el resultado.

-El texto escrito por Pasolini entre 1967 y 1973 tiene como eje el tema del poder ¿qué te perturba de él?

calderon2-Una de las cosas que me maravilla del texto es que plantea esquemas distintos del poder. Pasolini siempre pone a los conservadores y revolucionarios del mismo lado. En la obra el revolucionario dice `Yo también soy burgués´, y el otro le dice `Perfecto, entonces podemos hablar. Estamos de igual a igual´. Sin embargo, después pelean y se mandan a la mierda, etc. Pero se consideran iguales sólo si es que son de cierto nivel. En otro plato de la balanza están los marginados de los marginados, esos que no tienen ni siquiera ideología para tener algún tipo de lucha, ese modelo me parece agudo. Pienso que sería fantástico que tuviésemos unos Pasolini ahora. Creo que “Calderón” habla de otra manera de lo mismo, del poder. El poder funciona como contrafuego del poder no más. Ese es el tema. Me han llegado comentarios que alegan que la obra es desesperanzadora, el final sobre todo cuando ella recuerda, porque dejan que recuerde ese sueño que viene recordando. Es un recuerdo horroroso, ya que está en un centro de tortura, pero también sueña con la utopía: el pueblo se levanta y los rescata. Eso es lo que ella está soñando y finalmente está esta voz del poder que le dice “Bueno, de todos los sueños que podrías haber tenido, este es el único que no va a suceder nunca”. Y, claro, se podría decir que este es un final antirrevolucionario o que cierra las posibilidades. A mí me da rabia ese final por eso lo deje, porque no creo que uno se conforme y diga “a bueno, como lo dijo él, no hay ninguna posibilidad”. Además, es un personaje que ya está muy desnudo a esa hora, sabemos quién es, pide un golpe militar en un momento. Sabemos quienes son esas personas.

-Claro, él (figura que detenta el poder) sabe que ese sueño puede ser, pero no deja que se realice.

- Así es, ya que perdería todo. Esa mirada tan aguda, tan distinta sobre el mismo fenómeno es la que me parece valiosa para todos. A veces esas fuerzas políticas pecan de ser fachas dentro de su mismo rango, y si piensas distinto te echan por no ser “revolucionario”. Entonces tenemos que pensar todos igual, y uno aporta muy poco pensando igual. Finalmente creo que por eso hicimos esa obra.

-¿Cuál será la tercera parte de la trilogía?

- No sabemos. De las 6 obras que tiene el autor italiano estamos viendo cuál elegir, Hay una que me gusta sólo por el nombre (risas). No sé de qué se trata, pero su título me atrapó. Se llama “Bestia da stile”. Es bueno el nombre. Nuestro rollo con el autor es rescatarlo y por otro lado usarlo como contraparte artística. Cuando se quiere hacer algo de él, hay una exigencia muy grande. El teatro es un arte, pero no siempre uno logra rozar el arte cuando hace teatro. No digo que lo logremos, sino que creo que nos ayuda el tener un material tan contundente. Entrar en diálogo con este texto ayuda a empinarnos como teatristas. La especialidad es un tema para nosotros y lo estético también.

 

COORDENADAS

  • “Calderón”
  • Temporada hasta el 4 de noviembre.
  • Sala A1 Centro Cultural Gabriela Mistral.
  • Sábado 21:00. Domingo 20:00 hrs.
  • Entrada General $6.000
  • Estudiantes y tercera edad $3.000