“Grita” o las Huellas de un Pasado que no Calla

Hace nueve años, Nona Fernández, Ximena Carrera y Marcelo Leonart estrenaron “Grita”, pieza escrita y dirigida por Leonart que pone la mirada en la viuda de un torturador que se encuentra con una de sus víctimas. Este mes la reestrenaron en el GAM, con el mismo elenco pero en un Chile distinto.
El relato se centra en Tania, quien no ha podido recuperarse del suicidio de su marido, un ex torturador del régimen militar. Vive sola en un departamento donde nadie la visita, hasta que una noche salva a una  desconocida que a primera vista evidencia que ha sido maltratada. En ese punto Tania comenzará un viaje sin retorno que le hará reconocer que su esposo no era como ella pensaba, ya

que una de las personas que él más conoció está en el living de su casa.
Con esta obra, Leonart, Fernández y Carrera, que forman la compañía La Fusa decidieron crear la Trilogía Bestiario, que habla de la labor que realizaron los organismos opresores de la dictadura y que se completó con dos éxitos: “Medusa” (historia de las tres ex miristas informantes de la DINA) y “El Taller” (casa cuartel de Mariana Callejas en Lo Curro).
Marcelo Leonart, quien además de director y dramaturgo es guionista de televisión y escritor, comenta  qué lo motivó a contar historias de los que no se sabe nada: los torturadores, encubridores y agentes. Y de las huellas de Pinochet aún vigentes en la sociedad.
-Marcelo, ¿qué los motivó a crear la Trilogía Bestiario?
-La Trilogía Bestiario es una suerte de trilogía involuntaria. Son tres obras escritas en diferentes momentos, por distintos dramaturgos y dramaturgas, pero que tienen un nexo común muy fuerte. La primera en escribirse fue "Grita". Ahí actuaron Nona Fernández y Ximena Carrera, que también actuaron en "Medusa" y que son las autoras de las otras dos obras de la trilogía, "El Taller" y "Medusa", además de Sebastián Vila, que dirigió "Medusa". Además ha compartido con nosotros Carmina Riego, que actuó en "Medusa" y "El Taller". Como se ve, todo muy gozosamente promiscuo. Temáticamente, creemos que es un tema que nos convoca como generación y como grupo. Éramos niños y adolescentes en la dictadura. Para nosotros, vivir en medio de una pesadilla era un estado normal. La ficción, creemos, nos ayuda a exorcizar esos miedos que son los cimientos de lo que vivimos hoy. Son tres puntos de vista. Distintos, pero complementarios. Es una trilogía involuntaria, pero a la vez inevitable.
-La mayoría de las obras que hablan sobre de la dictadura militar chilena toman como punto de partida a las víctimas, ¿por qué la Trilogía Bestiario parte desde la otra vereda?
-No sé. Quizás sería un buen tema para un análisis. Pero pensemos en Shakespeare: en “Ricardo III”, en el protagonista de la obra escocesa. Hay un mundo ahí a indagar. La ficción, creemos, sirve para eso. La posición de la víctima es una posición horrible, pero que no deja espacio para las dudas. Aunque a veces se huela ese sentimiento, estas obras son obras que -como las bestias de la dictadura- no tienen piedad. De hecho, en estas obras las víctimas también aparecen como victimarias muchas veces, porque la condición de víctimas a veces hace aflorar lo peor de nosotros mismos. Para nosotros bucear en el imaginario de las bestias de la dictadura ha sido un ejercicio necesario porque es un mundo que no se ha contado. O que se ha contado poco. Por otro lado, Chile fue un poco así. Hubo gente que se levantó en contra de lo que estaba sucediendo. Mientras que otros, por conveniencia y cobardía, se quedaron callados. Esos también podrían ser monstruos, ¿o no? Hablar de las bestias es hablar del Chile actual. Si no lo hiciéramos, tal vez nada tendría sentido.
-En "Grita", ¿cómo fuiste armando el texto en 2004 y qué elementos agregaste o quitaste en esta versión 2013?
-"Grita" se construyó como una película de terror, como un cuento de capas que se van develando hasta el momento de la catarsis. Para mí, por deformación del escritor de ficción que soy, literario, cinematográfico, televisivo, es muy importante la estructura, el procedimiento. La obra dice que debe representarse con la dureza de un interrogatorio. Eso fue muy importante al momento de ejecutar la escritura. En la obra, todos los personajes se van interrogando, con suavidad y rudeza, con momentos de intimidad  y salvajismo: como en una sesión de tortura. A la hora de la puesta en escena, eso también primó. El texto está tal cual. La dirigí yo, pero respeté el texto en su forma original como, por ejemplo, respeté el texto íntegro de "El Taller" de Nona Fernández cuando dirigí su puesta en escena. El montaje es muy distinto al de 2004. Es el mismo equipo, pero somos otros. Le hemos dado otra mirada escénica a la misma historia. La versión de 2004 era una visión muy  "Grita". Ahí actuaron Nona Fernández y Ximena Carrera, que también actuaron en "Medusa" y que son las autoras de las otras dos obras de la trilogía, "El Taller" y "Medusa", además de Sebastián Vila, que dirigió "Medusa". Además ha compartido con nosotros Carmina Riego, que actuó en "Medusa" y "El Taller". Como se ve, todo muy gozosamente promiscuo. Temáticamente, creemos que es un tema que nos convoca como generación y como grupo. Éramos niños y adolescentes en la dictadura. Para nosotros, vivir en medio de una pesadilla era un estado normal. La ficción, creemos, nos ayuda a exorcizar esos miedos que son los cimientos de lo que vivimos hoy. Son tres puntos de vista. Distintos, pero complementarios. Es una trilogía involuntaria, pero a la vez inevitable.
-Desde aquel primer estreno, ¿cómo has visto que ha cambiado Chile en términos políticos hasta ahora?
-Pinochet estaba vivo, la UDI y Renovación Nacional lo defendían. La Constitución era intocable. Los movimientos sociales no encontraban espacio. Creo que efectivamente Chile ha cambiado. Incluso el teatro tiene una paleta más amplia para tocar los temas de la dictadura. Pero hasta el momento, todos estos ruidos de las marchas y las manifestaciones mantienen al país en el mismo status quo. Marchas más, marchas menos, la educación no ha cambiado. Los que mandan son los mismos. Y vivimos bajo la herencia de Pinochet y Jaimito Guzmán. El que debería estar deprimido soy yo, no Pablo Longueira, que ha vivido en el país que su mentor quiso.
-La escenografía en tus montajes es un elemento que siempre tiene relevancia, ¿nunca has pensado en contar una historia sin necesitar de ella?
-¡Lo hago todo el tiempo, en mis cuentos y novelas!.. No, hablando en serio: para mí el teatro es la materialidad. La de los cuerpos, la de la música, la de la escenografía física, la de la presencia notoria del público que participa con sus risas, su ruido y su silencio. Creo que lograr el momento, el instante teatral, es de alguna manera crear un artefacto con los actores, las escenógrafas con las que he trabajado, iluminadores, músicos. Es un trabajo adicional en estos tiempos en que resulta difícil encontrar una sala que te permita instalar "tu mundo" por un poco más de un mes. Eso sin contar lo difícil que resulta salir de gira, pero es lo que hay. A lo mejor algún día lo hago. Por otro lado, y esto también es en serio, la literatura da armas para que, a partir de las puras palabras, leamos y construyamos historias que nosotros mismos ponemos en escena en nuestra cabeza. Como dije alguna vez: “Hago teatro para narrar. Cuento historias para poner en escena”. La escenografía es un contenedor narrativo para la carne del actor y la palabra. El espacio que habitan.
-¿Qué viene después de trilogía Bestiario?
-Por mi parte, publico la novela "Lacra", por Tajamar Editores, en septiembre. Es una historia de actualidad, tres recorridos por Santiago y la historia de Chile en torno al tema del capital. Un prestamista del barrio Mapocho emprende rumbo a un mall del barrio alto. Quería escribir una historia sobre la contingencia y llegué hasta el tiempo de La Conquista, con citas a personajes como Carlos Larraín y Patricia Matte, y apariciones de Rodrigo Anfruns y Don Francisco. Ellos son también parte de nuestro imaginario de la dictadura.

 

 Coordenadas

“Grita”
Hasta el 28 de juliojueves a sábado 21 horas, domingo 20 horas.
 $5.000 (general) y $3.000 (estudiantes y tercera edad).
Sala N1 (edificio B, piso 2).

“Grita”
Hasta el 28 de juliojueves a sábado 21 horas, domingo 20 horas.
 $5.000 (general) y $3.000 (estudiantes y tercera edad).
Sala N1 (edificio B, piso 2).