Rodrigo Soto: “Me subo al escenario a responder preguntas”

El destacado actor y director es el protagonista de “Amledi el Tonto”, el Hamlet de Raúl Ruiz.

Amiedi el TontoAburrido. Así encontraba a Shakespeare cuando estudiaba teatro Rodrigo Soto, el rudo Hamlet de Raúl Ruiz. “Por decir que Shakespeare me aburría, me echaron de clases”, dice con voz grave. Tiene el cabello y la barba crecidos  y desordenados, parte de su caracterización como el protagonista de Amledi el Tonto, la peculiar mirada del director de cine para la leyenda del príncipe de Dinamarca.
Pese a eso, Soto, reconocido actor y director, confidencia que sintió nervios cuando se lo propusieron. “Es el papel soñado para un actor, creo yo, pero cuando leí el texto empecé a entenderlo desde el lugar que propone Raúl  Ruiz, y me gustó. Amledi es mucho más bruto, mucho más tosco, es privado, se hace el tonto para salvarse de la muerte, porque a los  tontos y a los locos en el reino no se les mata. Si él dijera todo, lo matarían al tiro”, cuenta.
Amledi es una conjunción del Hamlet de Shakespeare con mitos vikingos, chilote y hasta mapuches. El origen profundo es Amleth, personaje de la Gesta Danorum de Saxo Gramático, escrita en el siglo XII. La anécdota se acerca a la que conocemos, pero hay cambios. Todos los personajes son más burdos y poco sofisticados.
-¿Te pusiste nervioso con encarnar a Hamlet, por lo que rodea al personaje de Shakespeare?

Leer más...

Tamara Chávez: “Busco que el cuerpo sea un canal de transformación”

Mucha Sal Jovino“Mucha Sal Jovino” es la pieza coreográfica que la bailarina, junto a Rodrigo León Pino, presenta hasta el domingo en el Cité Jofré. Hombre y mujer, instinto y comunicación. Con entrada liberada.

 

Marietta Santi

 

En el Cité Jofré, la bailarina Tamara Chávez presenta hasta el 19 de diciembre, a las 21.15 horas, la pieza coreográfica “Mucha Sal Jovino" (Muchacha de Sal y Joven de vino).  Dirigida por ella, la coreografía es un dúo junto a Rodrigo León Pino que recorre la relación hombre y mujer desde el principio de los tiempos.

Hombre y mujer en escena. La seducción, la tensión, el diálogo.

Leer más...

El deporte como drama

María José Parga, actriz de Teatro de Chile, contesta algunas interrogantes relacionadas con “Multicancha”, la obra con que el grupo responsable de obras como “Cristo” o “Ernesto”, investiga en terrenos no convencionales cuando hablamos de puesta en escena.

Marietta Santi

MulticanchaEs un experimento arriesgado. Nueve actores en una cancha sudando a más no poder, en seis deportes inventados por ellos. Con casi nada de texto y mucha acción. Eso es Multicancha, la nueva pieza de Teatro de Chile, dirigido por Manuela Infante y en cartelera en Matucana 100.

María José Parga, jugadora-actriz, responde algunas dudas que surgen frente a este espectáculo. La última respuesta, eso sí, es de Manuela Infante, la directora.

Leer más...

Una ceremonia para iniciados y legos

Fausto 2“Fausto 2 (el tarot)” es, más que una obra de teatro, una experiencia. Su ideólogo e intérprete, Juan Carlos Montagna, habla en esta entrevista de su búsqueda y su visión de la representación.

Juan Carlos Montagna impresiona a primera vista. En escena, encarnando a Mephisto en “Fausto 2 (el Tarot)”, el actor, director y docente pone su cuerpo al servicio de una representación que va mucho más allá de una puesta de teatro físico. En lo suyo hay un uso de la energía, de lo inmaterial que conmueve al espectador. Su voz, los sonidos que emite en forma de mantras, su transpiración, impactan y sumergen en un estado especial. En una ceremonia teatral.

Chileno, pero con gran parte de su carrera desplegada en España, este hombre de 47 años une en esta pieza dos áreas en que ha investigado y sigue haciéndolo: el trabajo con las energías físicas y el trabajo con el arte de las energías adivinatorias.

En esta entrevista, Montagna desmenuza su trabajo y habla de su particular mirada a Fausto. Que en noviembre se completa con “Fausto (el oráculo)”.

Leer más...

José Luis Vidal: Coreógrafo chileno que triunfa en Inglaterra estrena en el GAM

José Luis Vidal-Reconocido en el medio dancístico londinense, Vidal presenta “Loop.3”, una especie de instalación humana, que explora en la fisicalidad y los estados de movimiento.

“Siento que mi trabajo se reconoce y valora en Chile, y eso es tremendamente gratificante. Es un orgullo y un  honor inaugurar este espacio para la danza”. José Luis Vidal está feliz, ya que luego de triunfar en Londres, hoy debuta en el Centro Gabriela Mistral con “Loop.3”, pieza que ya fue aplaudida en la capital inglesa.

Vidal (42), ya tiene un lugar en la danza londinense. La crítica especializada ha aplaudido su trabajo en el Robin Howard Dance Theatre at The Place, más conocido como The Place, y su valoración como creador aumenta día a día.

Leer más...

Gopal Ibarra y Rodrigo Soto unen talentos para hablar de Chile

Dios es un lujoLos actores-directores escribieron  “Dios es un lujo”, en cartelera en el Teatro del Puente, a cuatro manos. En la pieza, a través de una mirada a tres prostitutas, un travesti y una pastabasera, que deben compartir una noche  en “cana”, repasan nuestra idiosincrasia. Con sus ambigüedades y contradicciones.   
 
“Dios es un lujo”, es cartelera en el Teatro del Puente, es el resultado de la unión de dos talentos: Rodrigo Soto, inolvidable en su monólogo en “H.P (Hans Pozo), actor del Teatro La María, además de director;  y Gopal Ibarra, poseedor de un sello reconocible y de una manera de decir, como director y autor. De generaciones distintas, Rodrigo tiene 34 años y Gopal seis menos, se reunieron para dar cuerpo a una obra que recoge, en la temática y la forma, varios aspectos de su mirada sobre el quehacer teatral y de su opinión sobre la sociedad en que vivimos.  
¿Argumento? Tres prostitutas pasan una noche en “cana”. En el encierro se topan con un travesti y una pastabasera. La acción recoge lo que dicen y lo que no dicen, lo que callan y cómo lo callan. Una situación tan común, les sirve a Soto e Ibarra para hablar de cómo se ven y ven a los chilenos y sus conflictos.
-¿Cómo se juntaron y de dónde surge la motivación para escribir este texto a cuatro manos?
Rodrigo:
La idea parte un poco por mí. Escribí un par de líneas por ahí por el año 2002 y 2003.  No me considero para nada un dramaturgo, no le pego mucho al asunto, entonces  lo dejé ahí. Después de cuatro años  llamé a Gopal, porque me parece exquisita su irreverencia respecto de la patria y me gusta cómo trabaja la raza, el indio, el mapuche, el flaite también. Me resultaba sumamente interesante acercar lo que yo había escrito a su línea. Gopal aceptó y a principios de este año recién me mandó algo y lo mandamos al Teatro del Puente.
- ¿Qué te pasó con lo que leíste?  
 Gopal:
Me pasaron dos cosas. Encontré que tenía una visión muy cercana a mí y pensé que había  un material potente en términos políticos. Que podía ser algo irreverente, que podía servir para hablar de este país y de lo que somos como tercer mundo.  Además estaba el tema de la cárcel y las prostitutas, un lugar común pero que me pareció un desafío. Tenía miedo de caer en el sketch. Había que hacerlo de tal forma que tuviera una sensibilidad extrema, había que ahondar en los personajes, en su humanidad. Luego, cuando me reuní con Rodrigo, me llamó la atención lo que me dijo de lo simple del montaje que quería.  Ahí fue cuando me embalé completamente, ya que el lenguaje es lo mismo que estoy buscando yo, en términos actorales: una simpleza, un realismo… Rodrigo me hablaba siempre del realismo en escena, de que está un poco chato de tanta postmodernidad que no se entiende, y a mí también me pasa lo mismo.
Gopal Ibarra-La obra está protagonizada por tres prostitutas en la cárcel.  ¿Por qué ese referente?
Rodrigo:
   Porque cuando empecé a vomitar la obra me llamaba la atención el porqué una mujer podía trabajar de prostituta. Y hasta el día de hoy me hago la pregunta: ¿Hay gusto en el hecho de tener sexo con alguien que no conoces? Hay placer  o es simplemente necesidad? Jamás pagaría por sexo. Me encantaría poder hacerlo pero creo que no lo disfrutaría, sería fome.  Me cuestiono cómo una mujer puede llegar a vender su cuerpo, vivir con eso, y criar a su hijo. Todavía no tengo respuesta.
-¿De esa pregunta llegaste a la metáfora país?
-Rodrigo:
Sí, y a Dios también. Cuando yo era chico escuchaba siempre a mi mamá, y a mucha gente, decir “gracias a Dios”, “ay Dios mío”, “Dios nos va a ayudar”. Y me iba dando cuenta a medida que iba creciendo que las cosas no cambiaban mucho. Yo tengo fe, pero la fe no radica solamente en lo eclesiástico sino que radica en otras cosas. Entonces,  en a la escuela empecé a descubrir otro mundo y me doy cuenta de que Dios alcanza para algunos no más. Dios pasa a ser un lujo.
- Gopal: Y Dios también se distribuye de forma diferente arriba y abajo.
-Gopal ¿qué te dicen a ti estas prostitutas y la discusión que tienen sobre Dios, sobre su oficio?
-Gopal:
Creo que una de las cosas que me llamó la atención es que personajes tan bajos en la escala social hablen de temas que pueden ser muy filosóficos  y tan sustanciales. Me pareció que había una dialéctica. Cuando vi la obra en el estreno, me di cuenta de que el público lograba verse reflejado. Aunque  no esté en esa marginalidad tan profunda, sin embargo se siente atrapado en estos temas cotidianos.  No hay grandes discursos en la obra,  porque los personajes están en el diario vivir, en la situación cotidiana de una noche en una comisaría. Hay dos personajes contrarios: está La Flaca, que no cree en Dios: y La Chesca, que cree. Hay una dialéctica también ahí. También hay una analogía entre las tres prostitutas y lo que pasa en la política de este país: la izquierda  representada en La Flaca, la derecha en La Chesca, y la Concertación en la Rocío.  También hacemos una analogía entre ellas y un grupo, Los Prisioneros, el más importante políticamente de este país. Esas cosas crean lugares comunes, pero desde la cotidianidad de la palabra, no desde los grandes discursos. Eso es una de las cosas interesantes dentro de la puesta.
Rodrigo Soto-Rodrigo, ¿de qué te preocupaste al momento de empezar a ensayar? ¿A qué le hincaste el diente con las actrices?
Rodrigo:
   En la naturalidad de la situación, más que nada. Siempre les dije que era una situación que no tenía un gran conflicto dramático. Cuando se prende la luz al inicio de la obra, la situación ya comenzó hace dos horas. Se apaga la luz y sigue. Mostramos una situación específica y ellas tenían que apoderarse de esa situación, vivir el presente exacto. Para mí eso era lo más importante, que vivieran el presente exacto y le otorgaran la mayor humanidad posible a ese espacio vacío.
-No quisiste rejas, no quisiste nada que limitara la acción.
-Rodrigo:
En el momento dudé y pensé en intervenir un poco. Pero Gopal y Juan Pablo (Mirada, que interpreta al travesti) me dijeron que siguiera con el espacio vacío. Cuando uno va al teatro está tan preocupado de la forma, el escenario y la composición escénica, que nos estamos olvidando un poco de la humanidad.  Nos preocupamos mucho más del estilo, de la luz, de cómo va aquí, como te cuento sin palabras con esta sola imagen, y eso me tiene un poco cansado.  Además, no no me considero director. Abordé  la obra desde un  lugar sumamente actoral. Hice lo que me gustaría hacer como actor.
-Gopal, ¿interviniste, cómo?
-Gopal:
Sí. Iba a los ensayos, no a todos, pero cuando lo hacía ponía atención en la dirección de Rodrigo, a que se entendiera a cabalidad lo que estaban diciendo. Fue muy bueno que estuviera, porque fui puliendo el texto en la medida en que iba avanzando la puesta en escena. Obviamente el final costó mucho más, la pregunta era cómo terminamos. Nos planteamos muchas veces la pregunta. Para nosotros lo importante era defender la situación,  por eso decidimos terminar con una situación.
-Hay dos personajes límites: el travesti y la pastabasera. ¿Cómo entran en la metáfora de la obra?
-Rodrigo:
En el texto que le pasé a Gopal la pastera no hablaba. Gopal me manda el texto y le pone un monólogo. En el proceso descubrimos en qué momento debía ir ese texto: cuando las putas prenden el pito. El personaje del travesti está, yo creo,  por como es este país. Cuando estrenamos, un colega gay me dijo “tu obra es súper homofóbica”. Pero no es así, lo que pasa es que este país es homofóbico, por ende el ojo es homofóbico, porque así nos criaron, ése es el problema. La obra no es es machista, este país es machista.  Por eso el personaje del travesti choca con La Flaca.
-Gopal:
Siento que el travesti es irreverente. Y la obra no entrega un mensaje o una conclusión, sino que sólo retrata la homofobia.  La solución la tiene que buscar el espectador en su cabeza. Cuando el travesti dice, como Los Prisioneros,  “porque Dios así lo quiso, porque Dios también es hombre”, está siendo irónico igual que Jorge González lo fue en su momento. Es ir un poco más allá, es hablar del país desde otro lugar.  Hay darle una vuelta y pensar que lo que uno está haciendo es un ejercicio, lo que queremos hacer con la obra es golpear esta realidad. No enseñar desde un lugar moral. 
-Rodrigo: No queríamos al travesti de Almodóvar.  Ahí coincidimos plenamente con la propuesta de Juan Pablo Miranda como actor. El personaje está con un buzo, unas chalitas, una polerita, un gorrito, como que no está acabado.
-Y hay tantas lecturas posibles para el travesti. Nuestro país es un poco travestido ¿no?, muestra una cosa, pero somos otra. Hay una ambigüedad pero el travesti tiene poder, es fálico.
-Gopal:
Claro, es verdad, porque es una lectura que se hace después, que tiene que ver con la discusión de estas tres prostitutas. Luego llega un travesti que es como la consumación, como el resumen de lo que es este país, representa el simulacro, la mentira, el engaño. Siento que es eso, el querer aparentar lo que no se tiene, lo que no se es.  El travesti claramente el está llorando por dentro y tiene un nudo en la garganta, pero lo que más desea es ser una show woman, ser exitosa, salir en la televisión. Ésa es la idiosincrasia del chileno.
-Siento que de repente hay un engolosinamiento egótico con la imagen del actor, con todo lo que es post moderno o post dramático.
-Rodrigo:
Claro, por eso con esta obra quisimos hacer algo muy humano antes de de cualquier otra cosa, y provocar algo en el publico. Queremos que el público salga distinto a como entró. Es súper cliché, es cierto, es lo que queríamos. Pasa mucho que se hace teatro para el teatrista, lo que es muy cansador. 
 
Dios es un lujo“Dios es un lujo”
Teatro del Puente, Parque Forestal s/n
Autor: Rodrigo Soto y Gopal Ibarra
Director: Rodrigo Soto
Elenco: Aliocha de la Sotta, Viviana Basoalto, Cecilia Herrera, Juan Pablo    Miranda, Mónica Ríos.
Horarios:Viernes y sábado a las 22:00 hrs.
Precios : $5.000 general y $3.000 estudiantes.
Teléfono: 7324883