¿Inteligencia o felicidad?

Por Anastassia Cordero, estudiante, 15 años

Hay cosas que uno nunca imagina apreciar juntas, el teatro y la ciencia, por ejemplo. “Algernón, la Angustia del Conocimiento”, interpretada por Moisés Angulo y dirigida por Nicolás Fernandois, es el resultado de la mezcla de ambas cosas. La obra se basa en “Flores para Algernón”, cuento de ciencia ficción del estadounidense Daniel Keyes. Es presentada en GAM por el colectivo de arte Matamala hasta el 3 de Abril.
Todo transcurre en un laboratorio donde se encuentra Charlie Gordon, trabajador con un coeficiente intelectual

muy bajo que será sometido por un grupo de científicos a un tratamiento para aumentar su inteligencia. El único compañero que tiene es Algernón, un ratón blanco de laboratorio, también parte del experimento. Charlie, a pesar de su nula inteligencia, es feliz.
Con el pasar de los días, su coeficiente intelectual va creciendo, incluso supera el de los científicos. Charlie se va dando cuenta de muchas cosas que antes no notaba, pasa de ser un ignorante que no sabía leer ni escribir, a ser un genio, un sabelotodo capaz de leer un libro en un segundo y hablar más de diez idiomas, pero también pasa de ser un tonto feliz a un súper dotado infeliz, y ¿Qué es más importante? ¿La inteligencia o la felicidad?
“Algernón” es una obra intensa, que llama la atención desde el primer momento. Todo es impactante, la escenografía, la trama y las sorpresas que trae en medio. Digo que tiene sorpresas, porque no todos los días uno va a ver una función de teatro en la cuál de pronto, entra un neurocientífico y realiza experimentos neurocientíficos en vivo.Este neurocientífico es Timothy Marzullo, encargado de dejar al público con la boca abierta al realizar sus llamativos experimentos.
“Algernón” es uno de esos montajes que no quieres que terminen, esos que encantan de principio a fin,  que te dan ganas de que en vez de una obra fuera una teleserie, para poder seguir viendo constantemente qué sucede con sus personajes.
Es increíble lo que puede lograr un neurocientífico, un actor y un ratón en escena.
Bueno, no por nada fue el montaje ganador del festival de teatro joven Las Condes.
En pocas palabras, una que obra que hay que ver.