Lola Arias, la rockera del teatro argentino

-Es joven, guapa y audaz. Hace teatro, música y literatura y a Chile trae “Mi Vida Después”, una obra demasiado real.
Lola AriasA los diez años, Lola Arias escribió su primera obra de teatro con sólo dos personajes: ella y un huevo. En el estreno, sus padres se quedaron dormidos. “En la adolescencia escribí obras cuyos protagonistas eran peces, canté en una banda de blues, tomé clases de piano, de náutica, de danza contemporánea, de escritura, de natación, de teatro”, recuerda la autora, una guapa porteña de 34 años, actualmente radicada medio año en Alemania y medio en Buenos Aires, cuyos textos han sido traducidos al inglés, francés y alemán, y representados en varios festivales del mundo.

De grande estudió Letras y Dramaturgia, y remeció la escena argentina y la europea con su propuesta de teatro íntimo, que inunda de verdad el escenario. Ha puesto una guagua actuando con su madre, en “Striptease”, así como a una pareja de dos mujeres con su hija, en “Familienbande”. Es que a ella le gusta, como dice, “el teatro íntimo, portátil, impredecible, vivo. Uno donde los límites entre lo real y la ficción se borran, donde los espectadores y los actores corren un riesgo, donde tengo la sensación de que estoy asistiendo a algo irrepetible”.

Un golpe de realidad es precisamente “Mi Vida Después”, que se presentará del 14 al 17 de enero, en el GAM. En la pieza, siete intérpretes nacidos entre los años 1970 y 1980 muestran la relación con sus padres y con la dictadura militar. “Una foto mía a los 9 años vestida con la ropa de mi madre, trajo la idea de hacer una obra en que los hijos se ponen la ropa de los padres para reconstruir su vida, como si fueran dobles de riesgo dispuestos a revivir las escenas más difíciles”, cuenta Lola. “Los actores participaron activamente en el proceso de construcción de la obra, se convirtieron en investigadores de su propia historia familiar y en creadores del relato. Revolvieron cajones buscando fotos y cartas, hicieron preguntas que nunca antes habían hecho, contactaron compañeros de sus padres si estaban muertos, discutieron conmigo cada frase del texto. Sin ellos, Mi Vida Después no podría existir”.

Cada actor iba a verla con sus fotos y cartas. “Así conocí muchas historias increíbles de mi generación. Al final lo más importante fue que las historias muestren distintas perspectivas para reconstruir lo que pasó. Por eso era importante tener en la misma obra a Carla, hija de un guerrillero muerto en combate y a Vanina, hija de un oficial de inteligencia que robó un bebé. No para igualar las historias sino porque las dos permiten una reflexión más compleja sobre la relación de nuestra generación con ese pasado”, dice.

Lola es rockera, y la música es tan fundamental en “Mi Vida Después” como en todas sus obras.

-¿Cómo se liga, creativamente, la música a la escritura y al teatro que haces?

-La música es siempre muy importante en mi trabajo. Desde hace seis años trabajo con Ulises Conti haciendo la música de mis obras. Todo empezó cuando lo invité a hacer la música de “Poses para dormir”, y desde entonces trabaja conmigo en la música de todas mis obras. Con Ulises siempre trabajamos en componer una música que no sea incidental, ilustrativa sino que produzca un momento de realidad, de puro acontecimiento. Además, desde hace unos años armamos un proyecto que es sólo de música. Hicimos un disco llamado “El Amor es un Francotirador”, que se presentó en varios conciertos en Buenos Aires y en Europa, y ahora estamos componiendo canciones para otro disco.

-Cuéntame lo que estás haciendo ahora.

-Estoy viviendo parte del año en Berlín y parte en Buenos Aires, y tengo proyectos en Alemania y en Argentina. Hicimos el Festival Ciudades Paralelas, en Septiembre en Berlín y en noviembre en Buenos Aires. Es un proyecto curado por Stefan Kaegi y por mí, que  surge de la necesidad de salir de la claustrofobia del teatro para mirar la ciudad. El festival sucede en espacios funcionales que existen en todas las ciudades del mundo y que hacen nuestra vida posible: una estación, un hotel, una fábrica, un edificio, un tribunal, una biblioteca, un shopping…Convocamos a artistas de distintos países y luego elegimos los proyectos que nos parecieron más originales y diferentes entre sí. Las obras tienen muy distintos formatos: hay audio obras, excursiones, instalaciones, espectáculos. Son obras para uno, para dos, para quince o para todos los espectadores que entren en una estación de tren.

-¿Echas de menos Buenos Aires?

-Cuando estoy lejos extraño a mis amigos, el ruidos infernal de la ciudad, los perros y gatos que andan sueltos, el olor de la calle, los antros de la perdición, los polirubro que tienen locutorio-kiosco-librería-disco y están abiertos toda la noche, a mis padres, la sonrisa de los travestis cuando salgo a correr por los lagos contaminados de Palermo, los teatros en miniatura donde conoces a todo el público. No extraño para nada la violencia de los automovilistas, los tipos que te dicen barrabasadas en la calle porque llevas pollerita, el fascismo de las señoras con labios y tetas de plástico, el snobismo de los jóvenes decadentes